Profit 2017

Por el sur de Mérida por Ramón Sosa Pérez

Por el sur de Mérida por Ramón Sosa Pérez

Cuando tantos toman como destino el litoral, la Gran Sabana o el centro del país en el ciclo vacacional, optamos por la travesía sureña para conocer palmo a palmo la geografía interiorana merideña; apoyarnos en sus saberes ancestrales, rastrear sus rasgos de identidad y absorber la calidez de la cultura local. Eso nos fija en el modo de vida que ayer y hoy, aunque en menor grado, define nuestros pueblos para reafirmarlos en rostros de tipicidad. Al resguardo de esas muestras fuimos persiguiendo huellas que curiosamente anticipan su fuga a la dispersión. Marcha a su último trance la pisada de una rica oralidad que fue orgullo de nuestro origen y que tantos investigadores de fama continental como el Instituto Caro y Cuervo, la tuvieron en podio de distinción. En El Morro hicimos parada en la aldea Mocosós para escuchar a Don Ángel Dugarte, un labriego de vertical conducta que se hizo Ministro del Altar a merced de una bonhomía singular y devocional entrega misionera. En medio de la Celebración de La Palabra, que preside con humildad franciscana, nos va relatando la historia de la Virgen de Los Ratones en su lar nutricio y luego la entronización de la Virgen del Agua como patrona del caserío, a quien rinden observancia cristiana por haberles salvado de la cruel sequía que amenazaba sus plantíos. Más adelante nos entretuvimos en Hato Viejo, estancia de nuestros días aurorales, para solazarnos en remembranza de tiempos idos que hoy sus moradores se regocijan en el verdor de su labranza. El ascenso a pie sobre un otero que descubre la novedad en la cría de bucerros con la entrada de búfalas de alto rendimiento suma la esperanza de mejor destino en clima de alta montaña. El atajo venturoso nos llevó por “la pica” como el lugareño llama al tramo entre Aricagua y Acequias en caseríos de simpáticas denominaciones: Mucután, Mucusurú, Mucuchache y Mucutete, valiosas en la siembra de papa, cebolla y apio. A la vera del camino, cándidas miradas de niños que recién concluyeron su escuela básica o en casos al 3er grado, sin esperanzas de proseguir, sencillamente porque la Venezuela rentista no se acuerda de ellos. En la multiescuela de Mucusurú hay 1 solo docente para 6 grados, solo comparable a Centroamérica donde la penuria obliga al Estado a sostener esta modalidad. Viene luego La Cuesta de El Molino, suerte de despeñadero cincelado por los piqueros de la recua, habilitado para el paso de camperos que se aventuran por la zona. La aldea San Pedro es un tapiz milenario de lozanía inefable con su bonita capilla de simplicidad cristiana donde tantas veces predicó con cualidad de penitente Tiburcio Dugarte, quien falleció un par de semanas luego de nuestro viaje y hoy sepultado en su tabernáculo. Concluyó así la travesía surandina, descendiendo por la viejo ronda de La Loma de Mucurutey

Noticias relacionadas

Comentarios desactivados