Mérida, Abril Lunes 13, 2026, 08:09 pm
@aricard53712558
La estratagema planteada
para llevar adelante conversaciones por parte del diputado y presidente
encargado Juan Guaidó, con la cúpula del poder en Venezuela, está de inicio,
más que mal hecha o mal planteada, muy mal intencionada.
Que el diputado Juán Guaidó
(JG) se convirtiera en una figura definida como presidente encargado,
obviamente no sorprendió a la mayoría de los venezolanos, por una simple razón:
así tenía que ser. Esto era el primer resultado práctico de una alianza
política de los sectores de oposición que poseen la mayor cantidad de diputados
en la Asamblea Nacional. O por lo menos eso era lo visible y nadie lo ponía en
dudas. Se generó la esperanza.
La designación de JG como
presidente encargado, no respondió a una trayectoria política o militar
sobresaliente, o por sus descollantes triunfos parlamentarios en discusiones
fuertes y de altura, o tal vez por sus aportes científicos durante su ejercicio
profesional o por su envidiable biblioteca producto del cúmulo de sus
publicaciones. La verdadera razón se ignora. Lo que se quiere decir, es que el
presidente encargado fue colocado ahí para seguir y cumplir con una ruta, un
plan trazado, y fue él el elegido, así como pudo haber sido otro, para cumplir
con la misión.
Luego, como es costumbre
en Venezuela, las personas que poseen el poder, de cualquier nivel y
naturaleza, comienzan a actuar por si solos; con sus propios lineamientos y
criterios y, preferiblemente sin ningún tipo de control. Esto sería poco
objetable si los resultados no estuviesen a la vista, en lo actual y lo
histórico; pero aún menos conveniente, si tomamos en cuenta la trayectoria del
aludido, citada en el párrafo anterior.
Cuando la cúpula criminal
del gobierno usurpador planteó el diálogo, premisa para demostrar su debilidad y
arrinconamiento, el presidente encargado debía negarse, pues uno de sus
compromisos fue no aceptar maniobras apaciguadores que no condujeran a la
salida del régimen y sus mafias, quedando abierta sólo la posibilidad de una
negociación para determinar los términos del desalojo del poder.
Por razones desconocidas,
el presidente encargado decidió emprender un camino muy tortuoso, difícil de
entender y de una vez muy poco efectivo, aceptando unas negociaciones en nombre
de la oposición y de espaldas a los venezolanos. La primera parte del acuerdo
consiste en apaciguar los ánimos y las iniciativas de oposición que sean
fuertes, estructuradas y con objetivos claros. Por su parte del estado criminal
realiza una retirada táctica de todo tipo de vocero, funcionario de segunda y
tercera categoría, voceros de base y hasta de los grupos de choque de la misma
población. Se comenzaron a mimetizar, a reciclar en otros cargos y sobre todo a
tomar posición hasta de reconocimiento de la situación “difícil” existente en el
país. Al mismo tiempo se genera un planteamiento del régimen, de dar en
concesión una “mina” a ciertas instituciones, provocando como resultado lo que
algunos califican como “normalización”, para brindar una aparente abundancia
que conlleve a la aceptación.
De la negociación. El
aporte que en esta etapa le correspondía al presidente encargado, era en
primera instancia adelantar el nombramiento por parte de la Asamblea Nacional
de una directiva del “nuevo” Consejo Nacional Electoral, para iniciar un
proceso de elecciones, que ni estaban previstas, ni era el primer paso de la
ruta planteada. Adicionalmente, lo que causa mayor confusión y coloca la
actuación de JG en una posición contradictoria; es el caso de la convocatoria a
marchas nacionales, según: para sacar a la tiranía y terminar con la
usurpación.
Sí, efectivamente, aunque
estas actuaciones distan mucho de una estrategia nacional para terminar con la
dictadura, no lo es para los propios intereses del presidente encargado y su
partido (nada nuevo en Venezuela). La convocatoria entonces, a marchas
nacionales se ubica o establece en el marco de una acción de proselitismo
político, de propaganda electoral, una simple campaña electoral para la
negociada elección presidencial.
Todo lo anteriormente
descrito puede significar lo opuesto a lo deseado; por lo tanto, valdría la
pena indagar en algunas hipótesis: 1) Los asistentes a las marchas apoyarán, en
alta proporción, al presidente encargado en una eventual elección, 2) El
madurismo se replegará y cederá el gobierno a causa de las presiones
internacionales, el embargo económico y la cercanía de tiempos más complicados
e insostenibles económicamente; luego germinará en situaciones más apropiadas
para ellos, 3) Comenzaremos nuevamente un ciclo de supuesta renovación, pero
con un estado podrido y vicios del pasado, como el populismo, el espíritu de
distribuir la riqueza y la concepción marxista, 4) Se logrará sacar a los
usurpadores a todo nivel y trascender de inmediato a la edificación de la
república Liberal, con la conducción de la única organización en el país,
preparada para ello.
En conclusión, urge la
claridad de objetivo, que conduce la coherencia, la honestidad, el pragmatismo,
la fuerza, el arrojo y el compromiso. El tiempo de la debilidad y la dilación,
ya pasó. ¿Cuál será la hipótesis que se imponga? Dependerá de los venezolanos.