Mérida, Septiembre Martes 21, 2021, 03:47 pm

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Apatía cuarentenal por Giovanni Cegarra

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GIOVANNI CEGARRA



Los contagios comunitarios por coronavirus, aumenta en el Estado Mérida cada día, por demás preocupante la situación, ante la apatía colectiva de los habitantes de esta urbe, pecando en generalizar, que aún no han entendido, que esta pandemia no es un juego, que, por encima de todo, se debe cumplir, al pie de la letra, la normativa de bioseguridad vigente en todo el territorio nacional.


 


La apatía cuarentenal, es visible en todos lados. Medio mundo anda por la ciudad, como si nada, como un día normal, el tapaboca lo llevan de adorno, aquellos que lo portan, porque otros ni lo tienen; el alejamiento presencial ni pendiente, en las colas para acceder a una entidad bancaria, abasto, hipermercado, tomar una buseta, un Trolebús, etc., todos arrimados, como pingüinos cubriéndose del gélido frío y perdonen la comparación, en fin, el contagio es inminente.


 


Ni se diga lo que se observa en las unidades de transporte público colectivo, pareciera que los buseteros tienen corona en la cuarentena radical y flexible, pues transportan pasajeros sin cumplir la normativa de bioseguridad por lo del coronavirus, visible de manera especial, en las que cubren la ruta Ejido-Mérida y viceversa, cargan pasajeros de pie, algunos sin tapaboca, solo se esmeran, perdón, se desesperan, en cobrar su pasaje y de paso, no toman pasajeros en las paradas donde observan, ciudadanos de la tercera edad, de lo que soy fiel testigo.


 


Así estamos en Mérida, ciudad capital andina, que ha liderado en los últimos días, la estadística de contagio comunitario, con un considerable número de fallecidos, hasta donde se sabe, resulta ya casi, todo un riesgo, aunque no quieran creerlo, salir a la calle, toda vez, que en ellas deambulan adultos, jóvenes, niños, ancianos, sin el elemental tapaboca, sin el alejamiento social colectivo, burlándose de las autoridades competentes, en sus propias narices y en sus efectos, exponiéndose a contagiarse y contagiar a su entorno vecinal familiar, en su irresponsable apatía cuarentenal sanitaria.  






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