Mérida, Mayo Lunes 23, 2022, 03:34 am

Inicio

Opinión



Desde mi Parroquia

"A mi mayoría de edad sacerdotal" por Padre Edduar Molina Escalona

Diario Frontera, Frontera Digital,  Padre Edduar Molina Escalona, Opinión, ,"A mi mayoría de edad sacerdotal" por Padre Edduar Molina Escalona
"A mi mayoría de edad sacerdotal" por Padre Edduar Molina Escalona


El primer domingo de Adviento de 2002 fui ordenado sacerdote.


 Era un día dos de diciembre, junto a cuatro hermanos del presbiterio merideño de manos de nuestro Arzobispo Metropolitano S.E.R. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo a quien agradezco su confianza y perenne escuela de ejemplos y valores sacerdotales.


 Un día inolvidable a nuestra memoria agradecida con Aquel que “hace maravillas en nosotros”. Han transcurridos dieciocho años de caminar en alegrías y tristezas, luchas y esperanzas, siguiendo las huellas del que nos amó primero. Pudiera decir “mi mayoría de edad sacerdotal”, en medio de una pandemia mundial y una crisis sin precedentes en la historia nacional, que nos permite interrogarnos sobre nuestra presencia y papel protagónico en el gran anhelo de esta nueva humanidad: “Construir todos un mundo más humano, más fraterno y más cristiano”.


 Mis primeros pasos de “cura de pueblo” me correspondió darlos en Santa Catalina del Chama, con la ilusión del joven que inicia su primera obra, con una Parroquia en fundación, con su compleja realidad social, su gran potencial humano, sus manifestaciones religiosas como los “Indios Coromotanos#, se convirtió para mí en toda una escuela de aprendizaje y crecimiento. Descubrí que detrás de esos seres mal llamados “malandros”, hay una humanidad excepcional, que no han tenido la dicha de una familia, de una formación como la mayoría de nosotros pero que claman por ser “tomados en cuenta”. De allí nacieron iniciativas como la formación para el trabajo, por medio de talleres de trabajo manual, que ayudaron a muchos a reinsertarse en una sociedad que está urgida de ciudadanos con gran valor de laboriosidad y conciencia colectiva.


 Bien lo expresa el Papa Francisco en la Laudato Sii "ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo" (128).


 Después de casi siete años de siembra fecunda en la cuenca del Chama, me envió el Sr. Cardenal a estudiar en Madrid, un nuevo mundo se abrió a mi horizonte: La vieja Europa, con su sabia experiencia, patrimonio cultural y religioso, aunado a la riqueza de convivir con sacerdotes de varios países del mundo en el Colegio Mayor de la Universidad Pontificia de Comillas; me enseñaron la grandeza de la humanidad, de cuanto nos falta por aprender y conocer, así como a valorar con más convicción lo propio, nuestra identidad venezolana. Sin dejar de mencionar mi paso por la Universidad pública Carlos III de Madrid, viviendo de cerca la experiencia del diálogo entre la ciencia y la fe, el pasar como sacerdote siendo uno más del grupo y tratando de poner en práctica aquella frase que tanto escuché en el Seminario: “La mejor homilía del sacerdote es su vida”. Sí, una vida de amor, entrega, humildad y de escucha de la Palabra, de testimonio del amor.


 Después de cinco años en el querido Madrid, regresé a mi país con una maleta de formación y aprendizajes, de experiencias y vida. Mi destino fue el cuatricentenario poblado de Bailadores, con su gran cosecha de valores de familia, trabajo, tradiciones y gente noble que forjaron en mí el “cura de pueblo”. De aldea en aldea viví de cerca eso de “ponerse en camino”, “salir al encuentro”, “ir a las periferias de la existencia humana”, líneas pastorales de la Iglesia de Francisco para los nuevos tiempos.


 El paso corto por el cuidado pastoral de nuestra hermosa Basílica Menor Iglesia catedral de la Inmaculada Concepción de Mérida, me abrió la posibilidad de descubrir la belleza de su arte, con el proyecto innovador de “las visitas guiadas”, en equipo con los estudiantes de la escuela de Arquitectura de nuestra Universidad de los Andes. Me ayudaron a comprender la importancia de cuidar nuestros bienes culturales y crear conciencia de su valor en las nuevas generaciones.


 El Papa emérito Benedicto XVI en una de sus audiencias expresó: “El arte es como una puerta abierta al infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano… descubrir la belleza artística como ayuda al rezo y al diálogo con Dios (…)”. La visita de los lugares de arte no sólo contribuye a el enriquecimiento cultural, sino que también puede convertirse en un momento de gracia, en un estímulo para el diálogo con el Señor.


 Por último, agradecer al Señor mi paso por esta querida Parroquia de Santiago de la Punta, “un pueblo en medio de la ciudad”, con identidad propia. Hacerme uno más de sus vasallos de la Candelaria, o de su genial “Pasión Viviente”, verdadera encarnación del Evangelio en la cultura de este pueblo y enseñándome a valorar la fe de los sencillos, siempre tan alegre y generosa para todos. Además de reinventarnos en tiempos de pandemia con las misas y la evangelización por los medios y redes sociales “lugar de encuentro y misión”.


 Sin dejar de agradecer otros servicios que me han hecho crecer y aprender como director las Obras Misionales Pontificias, responsable de la Pastoral Penitenciaria en favor de los privados de libertad, el oficio de cronista de mi terruño sur merideño, profesor del Seminario y Vicario de la Pastoral de nuestra Arquidiócesis. Llenan mi corazón de himnos de gratitud, a esta Iglesia de rostros concretos como los niños, los mejores maestros, los jóvenes y sus ilusiones, los esposos y la riqueza de esa “otra gran vocación de familia”. Los mayores y su sabiduría, me siguen alentando en mi entrega y compromiso. El sacerdote es sacramento y prolongación de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Siempre me impresionaron aquella frase “Sacerdos, alter Chritus” (El sacerdote es otro Cristo) o la que afirma que “el sacerdote actúa en la persona de Jesucristo”. Reconozco, que, tras 18 años, sé mejor que nadie lo lejos que están mi vida y mi ministerio de hacer realidad en mi estas frases, aun cuando me consuela la confianza y la certeza de que Él es fiel y grande y que Él suple lo mucho que falta en mí, como el Apóstol puedo hoy decir: “Doy gracias a Cristo Jesús que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio”.


Mérida 6 de diciembre de 2020.



Cartel




Contenido Relacionado