Odoardo Vezzani, ejemplo de tenacidad y sacrificio por José Miguel Monagas
Odoardo Vezzani, ejemplo de tenacidad y sacrificio por José Miguel Monagas
En la tarea de construir el país, la presencia italiana en nuestro territorio ha dejado una marca profunda. La historia de la inmigración italiana en Venezuela tiene dos grandes momentos. El primero se registra alrededor de 1860 y coincide con el período del Resurgimiento italiano.
La otra oleada importante, es aquella que se da de manera organizada y sistemática a partir de 1946, luego de terminada la segunda Guerra Mundial, y que concluye como tal, alrededor de 1957. En aquel momento, la Italia empobrecida y desolada contó con una generosa alternativa venezolana que ofrecía trabajo y bienestar a aquellos que estuviesen dispuestos a buscar futuro en este joven país que estaba haciéndose.
Es admirable el valor, la entereza y el optimismo que trajeron para hacerse un destino en Venezuela que los recibió con los brazos abiertos. Esta gente que se vino con la idea de triunfar, de integrarse, y no voltear para atrás, logró en su gran mayoría lo que se propuso. Y no deja de ser paradójico el hecho de que quizás ya no signifiquen mucho en su país de origen mientras que, sin su aporte, este país estaría incompleto.
En esta oleada, llegó Odoardo Vezzani Nasciutti, nativo de Parma al norte de la Emilia Romana, quien el 7 de junio de 1956 (el mismo día que cumplía 23 años), sobre el barco “Castell Verde” partió de Génova rumbo a La Guaira. Quince días duró la travesía en aguas oceánicas y con su maleta cargada de sueños, constituye de palabra con sus compañeros de viaje, Guglielmo Dondi, Brunelo Anghinolfi y Luigi Soliani una empresa, la que años más tarde establecen legalmente con el nombre de DAVS (iniciales de los apellidos Dondi, Anghinolfi, Vezzani y Soliani).
Ya en Caracas y con los conocimientos adquiridos en la Escuela Técnica en su natal Parma, se emplea en la construcción del Hotel Humboldt y trabaja con materiales provenientes de Italia, en la fabricación y colocación de las ventanas de aluminio, pernoctó en la propia obra y a la que cada quince días personalmente, inspeccionaba nada más y nada menos que el Presidente Marcos Pérez Jiménez.
De Caracas, parte a Ciudad Guayana a laborar en la planta Siderúrgica de Matanzas, entonces uno de los complejos productores de acero con tecnologías de reducción directa más grandes de su tipo en el mundo. Ya con tres años de residencia en Venezuela, Vezzzani, se reúne de nuevo con Dondi, Anghinolfi y Soliani y con algún dinero que con mucho sacrificio habían ahorrado, deciden adquirir un camión Fiat N3, el que iría a conducir Dondi, haciendo fletes por esos caminos y destinos del país.
Así llegan todos a Caja Seca, en donde conocen al Ingeniero Strazziota propietario de Industria Láctea Torondoy, quien los invita a emprender en El Vigía, porque ve en ellos personas hacedoras que se esfuerzan y donde encuentran dificultades se inspiran para lograr un cambio positivo en sus vidas.
No es menos cierto, que alguna voz allí se dejó escuchar para exclamar: “esos musiües se van a caer de cabeza en El Vigía”. Construida la carretera Panamericana y el puente sobre sobre el río Chama, obras que darían un impulso económico a lo comenzaba a dejar de ser una aldea, Odoardo Vezzani y sus socios, logran alquilar un pequeño local para establecerse de manera definitiva en El Vigía y de allí comenzar a conquistar clientes en toda la zona del sur del lago de Maracaibo, a los que visitaba personalmente a asistirlos con alimentos y medicinas para animales.
En esta etapa de su vida, recibió todo el apoyo de empresarios como Oscar Römer y Eugenio Mendoza Gerente General y Presidente de Protinal respectivamente. Con esta empresa, la relación no se limitó a ser solo distribuidores en la zona, también Vezzani y sus socios se constituyeron en proveedores de maíz, para lo cual la confianza llegó a ser de tal magnitud, que DAVS recibió extraordinario apoyo financiero por parte de Protinal y pocos años después, en 1963 lograron alcanzar en ventas, la suma de 57 millones de bolívares.
El negocio creció y DAVS comenzó a abrirse a otros rubros y a multiplicarse en la región, para ser en el corto y mediano plazo, el mayor expendio de materiales de construcción y de maquinaria agrícola en toda la zona, a finales de la década del 60 y durante la del 70, DAVS llegó a ser el más grande distribuidor de hierro de todo el occidente del país.
Alcanzado el éxito empresarial, la sociedad nacida en el viaje a Venezuela comienza a disolverse, dos de los socios regresan a Italia, Vezzani va a San Cristóbal a continuar su actividad comercial, hasta que en 1985 y siempre viendo al futuro, 2 decide invertir en la industria del turismo.
Lo que fuera una vieja hacienda de caña de azúcar llamada Belén y convertida su casona en posada por las familias Salas y Tellería, de allí su nombre Belensate, es adquirida en 1986 por Odoardo Vezzani, quien decide impulsar su ampliación y mejoras para transformarlo en un hermoso lugar donde se mezcla lo colonial y lo moderno.
Aquí tal vez, nuestro amigo Odoardo quiso revivir a su natal Parma, ducado de arte y gastronomía, pues convirtió a Belensate en esa única experiencia de sentirse rodeado de hermosas obras de arte,2 acompañado de grandes artistas, quizá es el hotel con la mayor colección de arte en el occidente del país.
No podemos dejar pasar por alto la dedicación y el esfuerzo que colocó junto al Rector Magnífico Pedro Rincón Gutiérrez y otros no menos meritorios hombres del deporte, a la fundación del glorioso ULA Mérida Futbol Club, digno representante entonces en el concierto futbolístico suramericano.
Fué Odoardo Vezzani emprendedor, trabajador infatigable, un indiscutible creador de riqueza material y social; un ejemplo de tenacidad y sacrificio, todos los días nos mostraba un gran ejemplo: su entusiasmo y dedicación al servicio de una sociedad que desea un mejor país.
*Señor Odoardo, descanse en paz, Usted supo cumplir su misión!*