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“Cuaresma tiempo de cambiar” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona



En tiempos de crisis de valores humanos y cristianos el Papa Francisco ha querido, en su mensaje de este año, centrar su atención en las tres virtudes teologales, bajo el lema “Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad”, nos invita a recorrer el itinerario cuaresmal encarnando “una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”.


 


Para los Padres de la Iglesia, como San Gregorio de Nisa, la virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien: “El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios”. Por tanto, nada mejor que hablar a los cristianos de buena voluntad de la tarea permanente: Renovarnos, cambiar de estilos de vida, desde la práctica de la virtud que nos hace semejantes a Dios.


 


En una sociedad en la que cada día pareciera se cumple la sentencia del filósofo inglés Thomas Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre, vivir una vida virtuosa pareciera cosa de los abuelos, o de otros tiempos, cuando nos estamos devorando en la cultura de la muerte, de la indolencia, tal como lo señalan nuestros obispos venezolanos en su reciente exhortación: “Ante la gravísima situación social del país”, cuando señalan: “El mundo vive momentos de turbulencia, desconcierto y desasosiego debido a la actual emergencia de salud (…). Además de denunciar la crisis nacional: “El actual modelo económico nos ha empobrecido a todos, especialmente a los más débiles. Y, por otro lado, vemos a un grupo minoritario de venezolanos que se va enriqueciendo en detrimento de la mayoría de la población (…)”. (11/01/21)


 


Partiendo de la cita evangélica “Miren, estamos subiendo a Jerusalén (…)” (Mt 20, 18), con el que Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, y les revela el sentido profundo de su misión, se convierte en una invitación abierta a todos nosotros para subir a nuestra propia Jerusalén con nuestra propia cruz y sufrimientos de cada día, animados por la luz de la fe, alentados por una esperanza cierta y cimentados en un amor que se encarna en la construcción de un mundo nuevo de justicia y de paz.


 


 El Papa nos alienta a renovar la fe, la esperanza y caridad, llamadas virtudes teologales y que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Infusas en el hombre con la gracia santificante, nos hacen capaces de vivir en relación con lo sobrenatural cristiano y animan la acción moral del creyente vivificando las virtudes humanas, tal como lo describe Santo Tomás de Aquino.


Tres son los puntos claves del mensaje de cuaresma de Francisco:


 


Primero) La fe nos llama a acoger la Verdad y ser testigos. “En este tiempo de Cuaresma, recibir y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que esa verdad nos cuestione, nos ayude a discernir y escoger el camino de ser testigos de su Amor. Una fe encarnada en este mundo deshumanizado nos permitirá asumir plenamente nuestra humanidad que se hace camino abierto a todos y que lleva a la plenitud de la Vida”.


 


Segundo) La esperanza como “agua viva” que nos permite seguir nuestro camino. Dice el Papa: En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación”. Tener pequeños pero significativos gestos de consuelo y fortaleza en la debilidad, quizá pueda ser una buena forma de reconfortar y dar alegría a tanta gente que humilla, entristece, irrita desprecian a sus semejantes.


 


En tercer lugar) La caridad, la expresión más alta de nuestra fe y esperanza. Vivir una Cuaresma de verdadero amor cristiano, cercanos al acompañar a tantas familias que sufren la angustia de la pandemia, a la situación del país con tanta angustia y ante un futuro tan incierto, nada mejor que poner en práctica la caridad que nos lleva a ver al necesitado como nuestro hermano, recordando la palabra que Dios dirige a su Siervo: “No temas, que te he redimido” (Is 43,1).


 


 Que nuestros gestos ayuden al otro a sentir que Dios lo ama como a un hijo. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida.


 


Quiera Dios que nuestra fe vaya en coherencia con el obrar en la caridad y animados siempre en la esperanza del que todo lo puede y “hace nuevas todas las cosas” (Ap. 21,5)


 


Mérida, 21 de febrero de 2021.



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