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“En el año de San José” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona



Con motivo de cumplirse el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal, por parte del Papa Pío IX, en la fiesta de la Inmaculada de 1870 el Papa Francisco aprobó, con su Carta Apostólica «Patris corde», su año jubilar. Su objetivo es muy claro: “Que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución”.


 


Muchos papas también han escrito sobre San José, confiriéndole títulos como “Patrono de la Iglesia Católica”, “Patrono de los trabajadores” y “Custodio del Redentor”, sin dejar de mencionar su protagonismo en la fundación de pueblos y ciudades, recordemos que fue el primer patrono de nuestra ciudad con el nombre de “San José de la Sierra”; al igual que nuestro inolvidable colegio San José, nuestro San José de Acequias, entre otras tantas comunidades religiosas que lo tienen como su modelo de espiritualidad y fiel custodio.


 


El Santo Padre ofrece en este documento algunas reflexiones personales sobre la “figura extraordinaria” de San José, “tan cercana a nuestra condición humana”, a quien llama “intercesor, apoyo y guía” del cristiano.


 


Quisiera destacar algunas de las dimensiones que resalta el Santo Padre sobre la figura del padre adoptivo de Jesús:


 


“Padre amado”. Francisco subraya que su grandeza le viene por el hecho de ser el esposo de María y el padre de Jesús. Dado este su papel protagónico en la historia de la salvación, la Iglesia le ha guardado siempre una especial devoción.


 


También es “Padre de la ternura”. José se dejó amar por Dios y por eso puedo actuar incluso a través de sus miedos de su fragilidad, de su debilidad. Enseñando, de este modo, a Jesús el rostro de la ternura del Padre que en medio de las tormentas de la vida nos invita a no tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una “mirada más amplia”.


 


Otra de sus grandes virtudes es la de ser “Padre de la obediencia”, buscando siempre el querer de Dios, antes que el propio. Dios le reveló sus designios por medio de sueños, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad”. En cuadros bíblicos que nos hablan de sumisión y total renuncia de su propia voluntad por hacer que se cumpla la de Dios, como su angustia por el embarazo incomprensible de María”. Su huida a Egipto para salvar a la Sagrada Familia de la maldad de Herodes, “José esperó con obediente confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país”. En toda su vida oculta el Niño supo crecer en obediencia aprendiendo de José a hacer la voluntad del Padre.


 


“Padre en la acogida”. José acogió a María sin poner condiciones previas, afirma el Pontífice. “Confió en las palabras del ángel”. Hoy más que nunca, estamos llamados a dejar a un lado nuestros razonamientos para dar paso a lo que acontece y como José, por más misterioso que le parezca, acoger, asumir la responsabilidad y ser capaces de reconciliarnos con nuestra propia historia. “La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil”.


 


“La valentía creativa”, es otro de los rasgos que explica Francisco, como aquella virtud que surge especialmente cuando encontramos dificultades, cuando nos enfrentamos a un problema y nos permite correr riesgo, reinventarnos, hacer las cosas de otra manera. Seguramente esto sucedió en Egipto, haciendo nuevas las cosas y buscando estabilidad de hogar y laboral: “como todas las demás familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre”- indica el Papa Francisco.


 


Otro aspecto de San José que tradicionalmente se ha destacado es “su relación con el trabajo”. De oficio carpintero, su Hijo pudo aprender a trabajar honestamente para asegurar el sustento del hogar. En el padre trabajador “Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”.


 


Por último, el Papa refiere la figura de José como Padre en la sombra”, nunca es el protagonista, nos enseña a vivir como el número dos, a dejarnos ser instrumentos en sus manos.  A “la sombra del Padre celestial en la tierra: Lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos”.


 


Nuestra Arquidiócesis de Mérida se unió a esta iniciativa de la Iglesia Universal con la apertura de la Sociedad de San José, este pasado 19 de marzo en la eucaristía patronal de Catedral, con la participación de artesanos, carpinteros, padres de familia y hombres de bien que tienen como tarea hacer que en cada parroquia se anime y profundice su espiritualidad y acción caritativa en tiempos que exigen mayor compromiso de solidaridad.


 


Que el custodio de la familia acompañe las iniciativas en favor de la “Iglesia doméstica” verdadera escuela de valores y de nueva sociedad.


 


Mérida 21 de marzo de 2021.






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