Mérida, Septiembre Martes 21, 2021, 03:27 pm

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La fiebre de la biblioteca por Jim Morantes

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JIM MORANTES



La adolescencia, es una etapa que sirve para arraigar hábitos positivos o negativos, afortunadamente la mía fue sencilla, los fines de semana, veía películas hasta tarde, máximo hasta la media noche, preparaba sándwiches gigantes, submarinos o comprábamos hamburguesas, perros calientes y refrescos (coca cola, bien fría) en casa de Alberto Alizo, quien para esa época brindaba con frecuencia, hoy en día se puede catalogar como bastante pichirre, no obstante, sigue siendo muy buen amigo y uno de los mejores marqueteros que aún apuestan e innovan en la ciudad.


Mi personalidad tranquila y soñador, me hacía ver como gruñón por lo observador, sin embargo, no perdía el sentido del humor y olvidaba los rostros con gran facilidad (aún me sucede), lo cual es contraproducente porque la gente piensa que no los saludo, pasando por maleducado, si los he visto pocas veces sinceramente no me acuerdo, ya que la retentiva visual inicial no está tan desarrollada como otras retentivas inversamente proporcionales.


En ese momento concentraba la atención en la ofidiología y simultáneamente  en la colección de latas, llaveros, cajas de fósforos, monedas y billetes (numismática), estampillas (filatelia).


El tiempo libre, lo dedicaba a comprar semanalmente las revistas de futbol, cocina, literatura, entre otras tantas, tuve tantas revistas y libros que me vi en la imperiosa necesidad de codificarlos, idea que me indicó mi tío Alberto Martínez, como él trabaja en el servicio bibliotecario de la universidad, específicamente en SERBIULA  del edificio Administrativo, me enseñó el mismo sistema de clasificación que utiliza la Universidad de Los Andes, instructivo que él me fotocopió a objeto de que aprendiera la metodología aplicada por la institución y así desde temprana edad, elaborara mi propia biblioteca privada.


A sugerencia de Alberto, lo primero que mande a hacer fue el sello húmedo, cuyo texto indica Biblioteca Jim Morantes, el cual va plasmado en varias partes internas del libro, en hojas específicas de manera constante para establecer el  patrón y otras aleatorias como buen símbolo distintivo, eso fue la primera tarea cumplida.


De igual forma, me orientó que ante tantas revistas era conveniente, sistematizarlas en orden cronológico y para la adecuada manipulación y conservación, convenía mandarlas a empastar (valga la cuña en la encuadernación Don Bosco), desconozco si todavía funciona dicha empresa.


Lo cierto del caso que la revista Mundo Médico (MD) que los visitadores médicos llevaban al consultorio de mi padre, pasaron a englobar mi colección y en efecto procedí a  empastar esa y muchas más con pasta dura, la mayoría en color rojo y con letras doradas para mantener coherencia óptica.


Después de estudiar el referido manual de categorización, comencé a clasificar los libros y las revistas por materia, área y tema, cada ejemplar hasta el punto de transcribir la sistematización en máquina de escribir por duplicado, luego le coloque papel contact transparente para la protección y pegaba cada etiqueta en el lomo y en la parte superior de la portada del libro y revista (aún muchos de mis libros tienen esa protocolo).


Realice fichas individuales de cada ejemplar, hice en cartón mi propio fichero de consulta externa y tal cual como en cualquier biblioteca pública, elabore fichas membretadas con la frase biblioteca Jim Morantes  y la enunciación de título, volumen, tomo, autor, año, cota en blanco por si algún familiar, amigo o compañero de clases, solicitaba un libro en préstamo, éste tenía que dejarme copia de su cédula de identidad, la cual se la entregaba cuando me devolvía el libro, contraviniendo  aquella frase popular que los libros que se prestan se dan como perdidos; todo eso era gracias a las ideas que infundía Alberto en mi personalidad.


Esta fiebre me duró hasta que comencé a estudiar derecho en la ULA, allí la pasión fue desplazada por otros entretenimientos, ese tipo de formación, es parte de mi personalidad que le agradezco a mi amado tío Alberto.


Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter, Instagram y YouTube   @JIMMORANTES


 






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