Mérida, Septiembre Domingo 26, 2021, 02:55 pm

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Monofonía de una repetición eterna por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



@perezlopresti


Para muchos, la subida al Chomajoma es una de las partes más duras de la travesía por la Sierra Nevada de Mérida. Luego de hacer cumbre en el Humboldt se hace necesario cruzarlo para llegar al Pico Bolívar y muchos ya están cansados del trayecto recorrido.


Personalmente siento que el Chomajoma no tiene mucha dificultad, ni técnica ni física, porque en ese lugar no hay opciones y se sube o se sube. No hay enigma alguno, porque lo contrario es devolverse hasta La Verde, luego a La Coromoto y bajar hasta La Mucuy para terminar en la ciudad de Mérida, lo cual significa darse por vencido y abortar la escalada.


En eso de conseguir dilemas donde no los hay, parece que a muchos se les va parte de la vida. Tal vez si algo enseña la montaña, además de recordarnos lo profundamente humanos y vulnerables que podemos ser es también a medir fortalezas y tomar decisiones que pueden costar vidas. Tratándose de una distracción, el montañismo tiene su dosis de seriedad, de profunda seriedad.


Seriedad de altura: Subir y bajar cerros requiere de gran preparación física. No es menor la preparación emocional. Más cuando algunos hemos desafiado el sentido común y gozamos al retar la montaña con nuestra soledad como compañía. Eso de asomar decisiones va de la mano con tomar posturas, mostrarse como se es y asumir las consecuencias de estar vivos y que otros se enteren de nuestro tránsito por el planeta. Pasar desapercibidos puede ser el arte de quienes carecen de atributos o los necesitan ocultar por tenerlos en demasía solo para no opacar a otros.


Parece que las dos cosas van de la mano y cierta discrecionalidad aplica. En ese subir y bajar cerros conocí gente muy sencilla, que es capaz de disfrutar de la contemplación y hacer de un instante una eternidad de recuerdos. Eso ha sido la montaña en mi vida y lo he asumido con el aplomo de quien no se plantea la idea del reposo como un fin, sino de entender la vida como una aventura que lleva a otra en una espiral infinita de ir y venir en torno a los mismos lugares y estampas que están ahí, esperándonos para ser descubiertos y a la vez descubrir cosas de nosotros mismos, como la capacidad de desarrollar el sentido común y el respeto por la solemnidad de la belleza.






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