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¿NACIONALISMO LATINOAMERICANO? por Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN


El término “nación” designa a un grupo humano que, en razón de su historia, valores y rasgos culturales comunes, posee la conciencia de una vinculación solidaria, capaz de sustentar un poder político propio. Esta noción abarca las generaciones pasadas y futuras, además de la actual.

En América Latina, aparte de los nacionalismos particulares, se ha formulado desde principios del siglo XIX, la identificación de una colectividad nacional de carácter continental que afirma su esencia hispánica y católica. En efecto, conciben al conjunto de la región como una comunidad histórica y cultural.

El primer nacionalismo político en América Latina es el de la emancipación, en el período inicial de las revoluciones y de la formación de los nuevos estados, cuando surgió estrechamente ligado a la ideología liberal. Los revolucionarios de la independencia se apoyaron en cierto indigenismo, apelaron a la movilización de masas para hacerle la guerra a los realistas y promovieron los elementos ideológicos fundacionales de una nueva nacionalidad americana. Esta concepción incluía la idea de la unión continental, proclamada por Bolívar al convocar el Congreso de Panamá de 1826, en el cual se llegó a esbozar un “Tratado de Unión, Liga y Confederación perpetua entre las repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y México” abierto a la adhesión de los demás países.

En América Latina han surgido distintas respuestas reaccionarias, moderadas o revolucionarias que reafirman la unidad y autonomía de la región. Por esto, el nacionalismo adquiere una caracterización ambigua o de límites imprecisos, ya que pueden calificarse así diferentes corrientes político-ideológicas, sean de derecha, izquierda o de centro.

El nacionalismo político latinoamericano ha estado presente en la Revolución Mexicana (1910), en los principios expuestos por Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA; en la Reforma Universitaria de Córdoba (1918); en las diversas formas que adquirió a lo largo del siglo XX el populismo latinoamericano; en la Revolución Cubana (1958), en la Sandinista (1979), en la revolución boliviana de 1952 y en las actuales formas neopopulistas que persisten en nuestros países.

En la realidad ese nacionalismo latinoamericano se diluye y no ha servido para impulsar los esquemas de integración que el mundo de hoy exige para avanzar en el camino de la prosperidad. El nacionalismo sin ciudadanos termina siendo una enfermedad del atraso que dificulta más de lo que soluciona. Ser nacionalista empieza también por ocuparnos de construir un mejor futuro. Sobrevivir en la tragedia es meritorio pero termina dando lugar a un conformismo paralizante. En los contextos de crisis y tribulación permanentes, desaparece el ciudadano y todo referente colectivo que vaya más allá de él. Al final llegamos a la actualidad, sin nación ni ciudadanos.






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