Mérida, Abril Domingo 12, 2026, 06:18 pm
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Intentar ser reflexivo y evitar este tipo de pensamiento es lo contrario a ser neutro. Es la visión más libre y admirable de todas, pues representa la posición valiente del que se atreve a pensar. Lo importante es entender que la vida (salvo contadas excepciones) no es dicotómica. Las cosas no suelen ser blanco-negro. Por ejemplo: Los modelos políticos y económicos exitosos en el planeta son modelos mixtos, en los cuales lo tangible es la combinación de estrategias que puedan ser llevadas a la práctica para el beneficio colectivo, redundando en beneficio individual. Pero entender que algo no es negro ni blanco, necesita que la persona piense, por consiguiente, que sea mínimamente inteligente, y eso es raro en la raza humana. Aunque la humanidad ha trajinado lo suficiente, lo real es que se sigue pensando la existencia como antípoda perenne. Es desafortunado que una sociedad se comporte sobre la base de que sólo pueden existir dos vías en la vida, mientras existen multiplicidad de modelos de sociedades que son exitosas, en las cuales hay paz social y prosperidad ciudadana.
En nuestra época se ha hipertrofiado la percepción colectiva de que sólo existen dos maneras de entender al mundo. Lo más grave es que dicha estrategia ha sido planificada y puesta en práctica por grupos con aparatos propagandísticos que fungen como moldeadores de mentes y conciencias para sus objetivos. Un modelo mixto es aquel con apego a la realidad, que no comulga con la polarización y asume la posibilidad de combinar diferentes estrategias y puntos de vista. Pero, insistimos, se necesita un mínimo de capacidad de pensamiento para entender que implementando lo mejor de las diferentes posturas ante el mundo, es que podemos aspirar a la perfectibilidad de nuestras sociedades. De allí que los matices y la multiplicidad de colores son la esencia de la vida. El pensamiento dicotómico nos hace lastimosamente imbéciles y aunque no vivimos actualmente en las cavernas y estamos rodeados de concreto, existen elementos de racionalidad mínima propios de lo humano, que necesariamente deben escalar sus propios espacios en la extravagante dinámica del siglo XXI. Lo contrario es permanecer condenados a ser tozudamente torpes y trágicamente menguados. La educación, o sea, la reflexión reiterada y cuestionadora, puede propender a desmontar el pensamiento dicotómico y mostrarse como una solución para minimizar las posiciones fanáticas e intolerantes.