Mérida, Mayo Lunes 16, 2022, 04:51 am

Inicio

Opinión



DESDE MI PARROQUIA

“A 62 años del Movimiento de Cursillo de Cristiandad” por Padre Edduar Molina Escalona

Diario Frontera, Frontera Digital,  Padre Edduar Molina Escalona, Opinión, ,“A 62 años del Movimiento de Cursillo de Cristiandad” por Padre Edduar Molina Escalona
Padre Edduar Molina Escalona


Nuestra Parroquia Santiago Apóstol de la Punta abrió sus puertas para unirse a la celebración jubilar del 62 aniversario de fecunda acción misionera, en nuestra Patria, del Movimiento de Cursillo de Cristiandad (MCC).


Todo un verdadero carisma inspirado por el Espíritu Santo en la persona del Padre Cesáreo Gil, en favor de nuestros laicos, ofreciendo la gracia de una profunda experiencia de fe, conversión y apostolado. Mediante el método que los caracteriza, conocido anteriormente como la PEA (Piedad, estudio y acción), abre las puertas de una espiritualidad encarnada en los ambientes de la sociedad y como respuesta también a la apremiante necesidad de conversión personal y fermentación evangélica en la cotidianidad de los bautizados.


Para comprender la importancia de este movimiento laical, debemos remontarnos a los tiempos de los Papas Pio XI y Pio XII, quienes dieron una verdadera animación a nuestros católicos para que fueran presencia de lo cristiano en el mundo socio-político, logrando un laicado con mayor corresponsabilidad en la evangelizadora, allí donde los clérigos no podían llegar, lo que se le dio el nombre de “Acción Católica”.


Pero no fue sino con la llegada del Concilio Vaticano II en donde se define, y se consolida, la misión de nuestros bautizados en las realidades temporales con la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (GS). Ella expresa la voluntad del Concilio de abrirse a “los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”. La Iglesia los asume como propios. Sin dejar de agradecer la llamada de San Juan Pablo II a una nueva evangelización, que debía ser “nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión”.


Por ello en este aniversario que, además de hacer surgir una sentida acción de gracias en todos los miembros de nuestra Iglesia, debe movernos a un renovado compromiso en ser los primeros en participar en la tarea a la cual el Papa Francisco nos ha convocado: La sinodalidad de la Iglesia, que no es otra cosa sino el caminar juntos en la misma dirección, aportando lo mejor de cada uno, buscando lo que nos une y no aquello que nos separa, para hacer posible el Reino de la justicia, del amor y de la paz en el mundo convulso de hoy.


La iniciativa del padre Cesáreo Gil, con su llegada al país por el año de 1959, con su mirada visionaria de una Iglesia en salida, es la necesidad de siempre contar con laicos que se animen a una vida de oración, de encuentro con Cristo que nos fortalece y unida a la toma de conciencia de una sólida formación que los capacite para dar respuesta un mundo de espaldas a Dios.


El nuevo rol de los bautizados pasa de ser meros espectadores a protagonistas del Evangelio que se encarna, y hace vida, en todas nuestras realidades y ambientes.


A lo largo de 62 fructíferos años damos gracias por tantos hombres y mujeres que, gracias al Cursillo de Cristiandad, son fermento de Evangelio en sus comunidades, como catequistas, celebradores de la Palabra, responsables de la acción caritativa, entre otras tantas funciones que dan un nuevo rostro de parroquias discípulas y misioneras en las periferias de la existencia humana.


En tiempos de pandemia los laicos deben inspirar y hacer efectivo el compromiso social de transformación de los espacios donde vivimos.


En una Venezuela sumida en una profunda crisis de valores es tarea colocar las manos en la masa para que todo quede fermentado de los valores de Cristo: Humanidad, misericordia, justicia, responsabilidad y paz. Es urgente.


Culmino con la invitación del Papa Francisco: “Debemos crear con nuestra fe una `cultura del encuentro´, una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe, que no tienen la misma fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios”.


Mérida, 22 de agosto de 2021






Contenido Relacionado