Mérida, Mayo Lunes 16, 2022, 05:34 am

Inicio

Opinión



Amigos

Álbumes coleccionables por Jim Morantes

Diario Frontera, Frontera Digital,  Jim Morantes, Opinión, ,Álbumes coleccionables por  Jim Morantes
Jim Morantes


Hoy nos  trasladamos a los años 80 y principios de los noventa, época en la cual era muy común que los menores de edad (hoy niños y adolescentes),  coleccionaran álbumes, lógicamente estaban acostumbrados a que sus padres y representantes le compraran cromos o barajitas temáticas, sobresalían los álbumes del Reino Animal, Automóviles, donde esta Javier (acompañado del encarte semanal en gran formato y full color, publicado por el Diario 2001) y por supuesto los famosos Panini del Mundial de Fútbol.

En los 90, llegó a Mérida en el mini centro comercial Las Tejas, ubicado entre calles 29 y 30 por la Av. Don Tulio Febres Cordero, la venta de barajitas de beisbol, franelas originales, cascos a escala de los equipos norteamericanos de la  liga Nacional y Americana, además de los banderines del Dream Team de básquetbol.

 Debido al alto valor del Bolívar, había holgura económica y la cercanía geográfica permitía viajar a Cúcuta  de forma continua, un Bolívar equivalía  10 o más pesos colombianos, lo cual facilitaba ir de compras y de paseo cada 15 días, 1 vez al mes o trimestralmente, de acuerdo a las circunstancias.

En la hermana república los niños además de comer helados, bocadillos, frunas, chupetas bon bon bum y chocolatinas Jet, de manera simultánea coleccionaban las barajitas que venían dentro de cada empaque tradicional color azul, el cromo estaba separado con la tira de color blanca que traía la chocolatina para los álbumes de la Naturaleza y de Billetes, sumamente fáciles adquirir en cualquier kiosco de revista o en los famosos almacenes Ley.

En Venezuela había dos maneras de reclamar premios, el primero consistía en llenar el álbum, de acuerdo a la empresa le devolvían el álbum ganador sellado a objeto de inutilizarlo, luego le  entregaban el premio mayor y en otras ocasiones los cromos salían premiados y se reclamaba lo que indicaba el reverso del mismo (esa ilustración no lo devolvían).

En ambos países las empresas de gaseosas, llámese postobón, pepsi cola, coca cola o 7up (su personaje fido dido), sacaban vasos temáticos de acuerdo a películas o series famosas a modo de ejemplo varias graficas de Indiana Jones o los famosos cooler de frescolita, naranja o chinotto, también las cervecerías venezolanas como la regional tenían vasos de plástico con los cronogramas de los partidos para los mundiales de futbol y así sucesivamente.  

La infancia para ese entonces transcurría entre juegos lúdicos y tradicionales de contacto  físico como la lleva,  tómbola, escondite, la gallinita ciega, póngale la cola al burro, aunado al trompo, metras, yoyo, yanquis, legos, rompecabezas, elevar cometas, montar patinetas, patines (no fui muy diestro con ambos) solo con la bicicleta, sin obviar los juegos mesa básicos, domino, ludo, monopolio, damas chinas, ajedrez, scrabble, barajas,8 loco, posteriormente el inicio de la era digital de forma lineal, me refiero al  Atari y Nintendo, cambió la  percepción habitual de jugar.

En los kioscos de revistas, era común observar un cartón grande con  listado numerado y a cada número le correspondía premios diferentes (anillos plásticos, pelotas de diversos tamaños, yoyos, dados, muñecas, yanquis, perinolas, pitillos rellenos de pepitas azucaradas de colores, etc), por veinticinco céntimos o  un medio, se compraba el rectángulo de cartulina que simulaba la figura del caramelo llamado sorpresa, este venia envuelto en papel seda o cometa de colores.

Al abrirlo salía x o y número, se reclamaba el premio de acuerdo al renglón, la recompensa que más se repetía era el pitillo con lluvias azucaradas, en casos excepcionales no salía ningún número ganador y se perdía el medio, en cierta oportunidad me salió lo roto por lo descocido, compre tantas sorpresas para ganar una pelota de goma grande que después de casi un mes, me la gane y gaste para obtenerla lo equivalente aproximadamente a 3 veces su valor comercial, el premio me lo entregó el señor de lentes canoso que atendía y era dueño del kiosco de revista ubicado al inicio de la Cruz Verde.    

En otra oportunidad procederé a compartir  la retrospectiva de vida, hasta la próxima. Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter, Instagram y YouTube   @JIMMORANTES






Contenido Relacionado