Mérida, Mayo Jueves 19, 2022, 03:56 am

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Nostalgia por mi Maracaibo por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


Estoy a punto de finalizar una vuelta al sol y también una década de vida, y siento que debo hacerlo dedicándole este artículo a Maracaibo, una ciudad que tanto afecto trae a mi memoria y tantas alegrías nos regaló a mi familia y a mí. Si me preguntaran cuál es mi segunda patria chica no dudaría en afirmar que es Maracaibo, a la que no visito desde hace seis años, y hablaré de ella entonces desde la nostalgia, desde ese cariño anidado en el pecho por una ciudad que nos recibió con los brazos abiertos, que nos dio alegrías, enormes satisfacciones, así como también un puñado de amigos.

Créanme mis estimados lectores que cada vez que cruzábamos el majestuoso puente sobre el Lago, desde donde se puede ver el perfil de esta bella e histórica ciudad, cantábamos a grito tendido la vieja gaita Sentir Zuliano, en la magnífica versión de los Cardenales del Éxito, y sentíamos una emoción gigantesca e indescriptible. En lo particular, y no me da vergüenza afirmarlo, se me nublaba la mente, se me hacía un nudo en la garganta y el corazón se me saltaba casi a punto del llanto, como reza su portentosa letra.
 
A Maracaibo aprendimos a amarla desde varias perspectivas: gente, historia, gastronomía, paisaje e instituciones. La afabilidad y horizontalidad de su gente no las vimos en ninguna otra gran capital, lo que rompía de entrada remilgos y trabas, haciéndonos sentir como en nuestra propia casa. Sonará a lugar común, no me importa, pero creo que la calidez del marabino (maracucho o maracaibero) es representativa de la temperatura de la ciudad, que muchas veces alcanza para este mes de noviembre hasta los treinta y tres grados centígrados. Es más, estuvimos en días en los que el calor elevó los termómetros dos o tres grados de dicho tope bajo la sombra.
 
Como en Venezuela el centralismo en la capital es tan vigoroso, siento que a la historia de Maracaibo no se le ha prestado la debida atención. Es tan extraordinario su devenir a lo largo de los siglos, que no sé en qué nube o planeta vivimos los novelistas, que no hemos visto en los orígenes de Maracaibo una fuente de inspiración para una historia portentosa (si ya se ha escrito presento disculpas, pero no la conozco), llena de aventuras y de amores contrariados, de guerras sobre sus aguas, y de su afanoso empeño por seguir siendo realista a pesar de las circunstancias, todo lo cual embelesaría al mundo de habla hispana (ahí les dejo esta idea) y elevaría de nuevo a nuestras letras a denodadas cimas universales.

Han sido 492 años de historia de una urbe fuera de todo contexto, salpicada por leyendas de piratas y filibusteros, escindida en su seno por la irrupción del petróleo en su propio patio, entre sus profundas e indisolubles raíces lacustres y su acelerado progreso material dado a mediados del siglo XX, que la llevaron a constituirse en la segunda ciudad más importante y poblada de Venezuela. Sin embargo, luego de la crisis, y no se sabe por cuál extraño sortilegio, se convirtió en la entidad más golpeada y sacrificada del país.
 
Lo que posiblemente ignoren muchos, es que la primera fundación de Maracaibo fue por parte de un alemán, Ambrosio Alfinger, y fue con el nombre de Nueva Núremberg, hecho ocurrido el 8 de septiembre de 1529. Aún se puede observar el inmenso peso que sus etnias han tenido en su cultura, lo que se traduce en diversidad de lenguas, artesanías, costumbres, bailes y un entorno signado por lo raigal y por lo telúrico.


Cuando indagamos en la Web hallamos que todavía no hay certeza en cuanto a los orígenes del nombre de la ciudad, aunque algunas fuentes coinciden en afirmar que Ambrosio Alfinger la llamó Maracaibo (o Maracaybo) en honor de un cacique principal de las cercanías del lago. En todo caso, la complejidad de su historia nos dice de lo mucho que queda por investigar, de los acuerdos a los que habrá que llegar para hacer de nuevo de Maracaibo esa ciudad maravillosa, en la que las tradiciones y el presente se dan la mano en una suerte de caleidoscopio o de ingente cosmovisión.


De la gastronomía ni hablar, somos unos enamorados del pescado frito con tostones o yuca que preparan en los sitios más humildes y recónditos (en fogones a la vera del lago), de los deliciosos patacones de plátano verde o maduro que sobrepasan con creces a las hamburguesas venidas del norte, de los huevos chimbos, del chivo en coco y paremos de contar. Somos también unos enamorados de los amaneceres y de los atardeceres de Maracaibo, de las navidades en la avenida Bella Vista, del Parque Vereda del Lago, del Paseo de la Chinita (o Paseo del Rosario) que une a la hermosa Basílica con la Iglesia Santa Bárbara, de los centros comerciales, de sus hoteles, de sus librerías (Europa, sobre todo), de su biblioteca pública (la más grande y completa del país).
 
No puedo dejar de mencionar a la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), en donde me doctoré y obtuve postdoctorado, excelente institución de la que guardo maravillosos recuerdos, y un agradecimiento infinito. Cuando conocí a la URBE me sorprendieron sus magníficas instalaciones, su cultura organizacional, así como su orden y elevadas exigencias académicas.

Un abrazo a mis amigos de Maracaibo. De corazón con ustedes este 18 de noviembre en la Fiesta de La Chinita.


@GilOtaiza

rigilo99@gmail.com





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