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DESDE MI PARROQUIA

“Los 30 diamantes del Arzobispo Cardenal" por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona



Era un día jueves, aquel glorioso cinco de diciembre de 1991; con apenas unos meses de yo haber ingresado al Seminario Menor, y en plena transición entre el venerable obispo Miguel Antonio Salas y su discípulo nuestro querido Cardenal Baltazar Porras. Recuerdo, con alegría, cuando a los seminaristas menores nos correspondió, en mi mente está vivo el recuerdo de la tarea que nos correspondió a los seminaristas menores, seguir la ceremonia desde las alturas de los balcones de la Catedral, nuestras almas llenas de asombro y alegría al ver por vez primera tantos obispos, sacerdotes y hasta el Presidente de la República, con quien nos sacamos la foto a su entrada. Al finalizar, la Santa Misa, nos correspondió lanzar papelillos y serpentinas como júbilo por la primera bendición solemne que bajó a impartir el joven Arzobispo con tanto amor, por su pueblo, por toda la nave central de nuestra Basílica Menor.


 


Treinta años después resuenan en nuestros corazones las palabras de su homilía de toma de posesión canónica como VI Arzobispo de Mérida, que como la buena semilla creció y dio fruto abundante.


 


En sus palabras se nos presentó como un “hijo de su tiempo”, el Concilio Vaticano II, las experiencias sinodales, la grandeza de los magisterios de cada sucesor de Pedro, sus organizadas y sustanciosas visitas «ad Limina», han sido “su marco de referencia en todo su actuar” en las que nos ha enseñado a cultivar nuestra comunión y participación con toda la Iglesia Universal.


 


Agradecer al Señor su presencia y aporte a la Iglesia de América latina, haciendo camino en las experiencias eclesiales de Medellín y Puebla, promoviendo la nueva evangelización en Santo Domingo, sin dejar de mencionar su protagonismo, junto al Cardenal Bergolio, para mostrar en América el rostro de una verdadera renovación con el llamado a todos los bautizados a vivir como auténticos “discípulos, misioneros del Señor”, han sido su aporte, el «signo de este tiempo».


 


Hoy damos gracias por su “exquisita experiencia colegial” con sus hermanos obispos de Venezuela, de 1999 a 2006 ejerció le correspondió ejercer la presidencia de la Conferencia Episcopal desarrollando tantas iniciativas y proyectos en bien de nuestra gente y en la promoción de lo mejor de nuestra patria.


 


Pero si hay que agradecer en grande es su siembra en nuestra tierra andina. De nacimiento caraqueño, pero de corazón andino, quizá no hay pueblo, aldea, caserío en toda la geografía merideña en la que no se conozca un personaje con su nombre propio, es amigo del humilde sacristán, del anciano que cuenta historias, de la vieja comadrona o del virtuoso maestro. En cada pueblo de nuestra arquidiócesis está la marca Baltazar Porras al acompañar sus luchas, denuncias, promoción y puesta en alza de la dignidad de nuestros pueblos de la montaña.


 


Mérida es patrimonio cultural y religioso, y su celoso guardián es nuestro Arzobispo. En Monseñor Porras hemos aprendido a cuidar las huellas del pasado, a poner por escrito la cotidianidad de las parroquias, para enseñarnos que si no sabemos de dónde venimos, nunca sabremos hacia dónde vamos.


 


Los sacerdotes tenemos una eterna deuda de gratitud al Padre y Pastor, quien se ha esmerado en darnos calidad de formación: Su ejemplo, sus lecciones de sabiduría y experiencia, su preocupación por que estudiemos en el extranjero y vengamos a dar lo mejor de nuestro ministerio, con tantos detalles del Padre que sabe corregir a tiempo, animar y acompañar de cerca nuestro sacerdocio son la insignia de cada día.


 


Termino parafraseando la oración suya de hace treinta años: “Virgen Santísima Inmaculada, bendice su ministerio arzobispal en esta hora de gracia, dale el bálsamo de tu consuelo en medio de las dificultades y tribulaciones, gracias por la fuerza que le has dado para de ser, antes que nada, evangelizador, maestro de la fe y de la oración, catequista y teólogo, iluminador con la luz de la Palabra Divina de todas las situaciones humanas…amén”.


 


Mérida, 5 de diciembre de 2021


 






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