Mérida, Marzo Domingo 15, 2026, 05:00 pm
Todo parece indicar que el mundo está a las puertas de
una nueva crisis relacionada con el abastecimiento de alimentos. La pandemia
del nuevo coronavirus (COVID-19) paralizó las cadenas de valor
agroalimentarias, la lenta recuperación de la economía mundial retrasa
inversiones en el sector, la guerra Rusia-Ucrania encarece los fertilizantes y
productos finales provistos por estos dos países, la inestabilidad
macroeconómica demora cada día más las decisiones de los agricultores y los
estragos del cambio climático amenaza la producción de alimentos. De esta
manera, esta en riesgo la disponibilidad de alimentos y la posibilidad de que
una parte de la población mundial cubra nuestra necesidad más básica: la
alimentación.
Ante este escenario, la practica gubernamental más
recurrente ha sido la vuelta al proteccionismo. Distintos gobiernos alrededor
del mundo han decidido dejar de exportar bienes agroalimentarios para disminuir
la posibilidad de desabastecimiento nacional, con efectos directos en la
dinamina actual del comercio internacional y en las relaciones entre países.
Así, mientras se asegura el consumo local de alimentos, se incentivan prácticas
proteccionistas por parte de los socios comercial y se entra en una espiral de
más proteccionismo.
Un ejemplo de esto es Indonesia, el mayor productor
mundial de aceite de palma. El Gobierno de Indonesia ordenó, el pasado 28 de
abril de 2022, la prohibición de las exportaciones para hacer frente a la
escasez de aceite de cocina que vive el país, así como para reducir los precios
de los alimentos que está impactando con fuerza a los consumidores. La medida
incluye la prohibición de exportar aceite de palma crudo, aceite de palma rojo,
efluentes de los molinos de aceite de palma, aceite de palma refinado,
blanqueado y desodorizado, y productos de aceite de cocina.
Esta decisión supone un shock para el mercado en medio de
los temores que genera los potenciales efectos de la prohibición: 1) incremento
de la inflación mundial de alimentos, 2) incertidumbre acerca del origen de los
productos que se necesitan para cubrir la demanda mundial, y 3) represarías de
los socios comerciales que pueden aplicar medidas similares para los productos
que Indonesia importa. De igual manera, la gran diferencia entre el precio
nacional y los elevados precios que las empresas pueden recibir de los mercados
internacionales incrementa el costo de oportunidad de esta decisión de prohibir
la exportación de aceite de palma.
Por otra parte, la prohibición de exportar aceite de
palma puede afectar la reputación de Indonesia entre sus socios comerciales y
de inversión, así como entre otras organizaciones internacionales donde
participa este país asiático. Todo esto debido a que la medida tiene el
potencial de provocar una pérdida de confianza en el compromiso de Indonesia
con diversos acuerdos económicos y comerciales, por ser contraria a las
políticas económicas aplicadas en un entorno comercial global donde se promueve
el libre comercio.
En este sentido, dada la gran inestabilidad provocada por
la guerra, el colapso ocasionado por la pandemia y los estragos generados por
el cambio climático, el mundo no necesita que los países productores de
materias primas generen más incertidumbre mediante políticas proteccionistas
que garantizan resultados de corto plazo; en respuesta a perturbaciones en los
mercados locales sin tomar en consideración las implicaciones mundiales que
tienen estas decisiones. En un mundo cada vez más interconectado, la
prohibición de exportaciones no garantiza la solución de los problemas locales
ni libra al país de generar costos a nivel mundial.
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