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Indonesia y el nuevo proteccionismo por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.


Indonesia es el productor de aceite de palma más grande del mundo y, en la actualidad, está experimentando una grave escasez de aceite comestible. Esta situación atípica en la economía mundial es resultado del abrupto incremento de los precios de este tipo de aceite desde finales de 2021. El aumento de la demanda mundial de aceite vegetal, la paralización de la producción de dicha mercancía durante la pandemia, y las medidas proteccionistas de muchos gobiernos para asegurarse el correcto abastecimiento de los mercados locales, han incidido en la volatilidad que hoy muestra este mercado.

Pero esta situación no es nueva: el aceite de palma ha escaseado varias veces en el pasado. En 1998, el Gobierno de Indonesia prohibió las exportaciones tras la conflictividad económica y política provocada por el aumento de los precios del aceite comestible, pero más adelante levantó la prohibición tras las protestas, la reducción del ingreso de los hogares vinculados a esta actividad y el aumento del contrabando. La lección que derivó de dicha experiencia previa fue que no era posible solucionar un problema de precios —generado por un exceso de demanda— usando medidas proteccionistas —restricción de las exportaciones–, dado que estas distorsionan los incentivos a la actividad productiva y promueven la conformación de mercados paralelos.

A pesar de dicho aprendizaje, las disposiciones actuales obligan a las fábricas a comprar a precios regulados los racimos de frutas frescas que venden las organizaciones de agricultores locales; el costo de no hacerlo es la posibilidad de perder su permiso comercial si violan la ley. Pero en la realidad, como ocurre con todo control de precios, se evidencia que las empresas y los intermediarios están comprando racimos de frutas frescas a los agricultores a un precio distinto al establecido por el gobierno; ya que los agricultores carecen de poder de negociación sobre las opciones y los precios del mercado. Al respecto, se han creado grandes discrepancias de precios en la actividad productiva.

De nuevo, queda en evidencia que los controles de precio no protegen a quienes dicen proteger. Las distorsiones que generan aumentan la vulnerabilidad de los grupos sociales menos favorecidos en la cadena productiva y acrecientan la desigualdad entre la población. En el caso particular de la industria del aceite de palma en Indonesia, los principales afectados de esta práctica proteccionista son los pequeños agricultores y las empresas individuales responsables de las plantaciones, mientras que salen favorecidos los intermediarios y dueños de las fábricas encargadas de la refinación y exportación del producto.

La solución a este problema, que se acrecienta con las nuevas prácticas proteccionistas popularizadas luego de la pandemia, es levantar la prohibición de exportación teniendo en cuenta su impacto en los agricultores. De igual forma, el gobierno debe promover las fuerzas del mercado que elevarían los precios para los agricultores y favorecería el ingreso de muchos hogares en el país. Es decir, avanzar hacia una economía de libre mercado donde se reducirían los precios del aceite comestible para el consumidor final como consecuencia de la llegada de más competencia.

En la medida que se avecina una crisis alimentaria a nivel mundial —debido a la pandemia, la ruptura de encadenamientos productos, la guerra Rusia-Ucrania—, los gobiernos deberían promover más el aumento de la productividad y la mejora de cada fase de la actividad productiva —incorporando nuevas tecnologías, atrayendo inversiones, entre otros—, para incrementar el nivel de producción y los ingresos de los agricultores.

* @ajhurtadob





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