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Reforma universitaria y socialismo por Luis Loaiza

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Reforma universitaria y socialismo por Luis Loaiza


A propósito de la reciente celebración del Día del Estudiante, resulta oportuno observar el papel desempeñado por la juventud estudiosa en la transformación de la realidad latinoamericana y, muy especialmente, algunas de las consecuencias de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918.

 Hay que aclarar antes, que el Día del Estudiante, tiene un origen más cercano, relacionado con la última etapa de la resistencia del pueblo venezolano contra la dictadura del general Pérez Jiménez en 1957. Oficialmente, esta “celebración” se origina en el Decreto 436 de la Junta de Gobierno de la República de Venezuela el 21 de noviembre de 1958, apenas diez meses después del fin de la dictadura, para “enaltecer la lucha del pueblo venezolano por la consolidación de un orden democrático y el establecimiento de un Estado de Derecho”. Los estudiantes universitarios de la época, principalmente los de la Universidad Central de Venezuela, impulsaron una huelga y ayudaron a desencadenar el levantamiento popular contra la dictadura, pese a la dura represión y al encarcelamiento que sufrieron muchos de ellos. Sin embargo, esa rebeldía viene de antes y de muy lejos.

 Aunque hoy algunos piensen que tratar estos temas constituye “un ejercicio arqueológico”, sin conciencia histórica resultará muy difícil comprender el presente y preparase para el futuro.

 La primera vez que la lucha estudiantil repercutió hondamente en la dinámica política y social latinoamericana, se vivía un despertar de las clases medias que buscaban romper los estrictos marcos de una oligarquía conservadora, tradicionalista y antidemocrática. Es así como el reformismo, si bien nació en la universidad, muy pronto se trasladó a la calle con ímpetu revolucionario.

 Corría el año de 1918 y los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, se rebelaron exigiendo autonomía universitaria, cogobierno, extensión universitaria, acceso por concursos y periodicidad de las cátedras, libertad de cátedra, cátedra paralela y cátedra libre, gratuidad y acceso masivo, vinculación de docencia e investigación, solidaridad latinoamericana e internacional y unidad obrero-estudiantil.

 Este movimiento de vocación continental, el “Manifiesto liminar” de los estudiantes reformistas de Córdoba publicado el 21 de junio de 1918 estaba dirigido a los “hombres libres de Sudamérica”, inspiró múltiples reacciones en diferentes países. No obstante, fue en Perú donde terminó gestando el primer gran partido nacional-popular del continente: la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA).

 La tesis política que prevaleció era que los estudiantes universitarios se convirtieran, en un contexto de agitación política y social, en la vanguardia de las clases medias y trabajadoras, dando lugar a un “frente único revolucionario”, policlasistas, de profundo carácter antimperialista, nacional-democrático.

 El principal dirigente de la Federación de Estudiantes del Perú, Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), fue el fundador y principal ideólogo del APRA convencido que el movimiento de Córdoba debía convertirse en una fuerza transformadora, “americanista” y profundamente popular. Para orientar la acción común en el continente, sintetizó los postulados del APRA en cinco puntos: 1. Acción contra el imperialismo yanqui. 2. Unidad política de América Latina. 3. Nacionalización de tierras e industrias. 4. Internacionalización del Canal de Panamá. 5. Solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.

 A diferencia del comunismo, “eurocéntrico”, según Haya de la Torre, el aprismo se ubica en la realidad particular “indoamericana”, un “espacio tiempo” particular que tiene sus propias leyes generales de transformación.

 El Partido Aprista Peruano, como componente nacional del proyecto continental, se terminó convirtiendo en el primer partido de masas fuertemente organizado y centralizado del Perú, lo cual no impidió que, a partir de 1936, tanto el pensamiento de Haya de la Torre, como el accionar político de su partido, se moderaran continuamente.

 A pesar de que el aprismo como movimiento político organizado no superó las fronteras peruanas, el pensamiento de Haya de la Torre influyó poderosamente a grandes movimientos de masas policlasistas en toda Latinoamérica, como al Partido de Liberación Nacional de Costa Rica, Acción Democrática de Venezuela y, en menor medida, al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Bolivia, al “Febrerismo” paraguayo y a los nacionalismos populistas militares de Argentina y Brasil. En Chile el Partido Socialista, desde su fundación en 1932, tuvo simpatizantes apristas.

 Después de la muerte del fundador, el partido acentuó su carácter socialdemócrata, aunque constituya un fenómeno político distinto al de la socialdemocracia europea.

 Está claro que hoy la reforma universitaria tiene que ser distinta a la de 1918 porque, independientemente, de sus consecuencias académicas y políticas, el desafió actual de las casas de estudio y de las sociedades latinoamericanos son otros. Pese a su indudable importancia histórica, hoy los problemas que enfrentamos van más allá de las exigencias reformistas de autonomía, cogobierno y amplitud académica. En este momento se hace necesario actualizar las universidades para enfrentar el reto tecnológico de generar conocimiento científico, humanístico y tecnológico del alto nivel, en el marco de sociedades que enfrentan problemas tanto para desarrollar una ciudadanía activa como para consolidar instituciones democráticas confiables.

 El reto, por tanto, es reinventar la universidad y nuestras sociedades e instituciones, teniendo conciencia histórica de los errores cometidos y de las causas profundas del actual aletargamiento y del cada vez más evidente desfase que enfrentan, las universidades sin universitarios.





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