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CRÓNICAS MEMORABLES

Arístides Bastidas: pionero del periodismo científico por Orlando Oberto Urbina

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Arístides Bastidas: pionero del periodismo científico por Orlando Oberto Urbina


Nuestra historia está llena de un cronicario de lo imposible, y de lo posible. Así fue la vida de este hombre, que logró descifrar la ciencia y hacerla amena como Einstein, quien a los 16 años ya se interrogaba por lo que pudiera pasarle a un hombre que corriera tras un rayo de luz. O como Luis Luksic, poeta, pintor y titiritero, quien estaba seguro que un día iríamos en ferrocarril sobre un rayo luminoso. Entonces, Cronos-Saturno guía este camino a través de esta ciudad de Mérida que ha sido un libro abierto al conocimiento, y en donde nos quema el sol y el frío en temporadas incandescentes de la vida universitaria que se ha ido desvaneciendo como la neblina.

Este precursor del periodismo científico en Venezuela nos unía a los códigos del lenguaje  científico de una ciencia que aprehendiera con gracia nuestra atención para todo lo que escribía, como aquellos enunciados: “La vida comenzó con la despreciable ameba y culminó con el hombre todopoderoso”, “los monos no practican la discriminación racial”, “el verdadero paraíso no fue el de Adán y Eva, sino el que había en el planeta antes que llegara el hombre”, o “los delfines vivieron en tierra, pero vencidos por la nostalgia del mar retornaron a él”. Nunca dejó de hacer periodismo a pesar de sus padecimientos físicos, ni dejó de practicar su inquebrantable amor y entusiasmo por la divulgación científica. La artritis y la soriasis que padecía se sumaron a la pérdida de su visión y su imposibilidad para caminar, luego de un accidente de tránsito que lo dejara en los últimos años de su vida atado a una silla de ruedas.

Arístides Bastidas fue un periodista ejemplar, incisivo, lector voraz, acucioso investigador, autodidacta. Su amigo y compañero de luchas políticas y sociales Francisco José Delgado (Kotepa Delgado), jefe del rotativo Últimas Noticias, lo introdujo en las andanzas del periodismo y lo lanzó a la calle tal y como lo hacen los que nacen en la costa, que lanzan a sus niños al mar, sin salvavidas para que aprendan a nadar. En principio, Aristides era un novato que iba recorriendo calles y barrios, y le asignaron la fuente policial y de información general. Posteriormente, tuvo acceso a la fuente de política nacional y parlamentaria.

Decía que se había dedicado al periodismo, primero por una extraña vocación que no lograba entender muy bien, y luego porque entendió que a través de la comunicación social podía llegar a las raíces profundas del pueblo, con la intención de ayudar a fortalecerlo, enaltecerlo y así convertirse en un ser creador que pudiera transformar la sociedad con responsabilidad.  Así era ese gran periodista Arístides Bastidas, quien nos dejó una gran enseñanza: que quien puede emprender tan noble tarea, lo logra. Su vida se la ganaba primeramente como vendedor de quincalla, luego como vendedor ambulante, repartidor de arepas a domicilio, colector de autobús, secretario de oficina, y después como asistente de enfermería en un hospital psiquiátrico para ayudar con la manutención de la familia. Todo esto lo hizo luego de culminar el primer año de bachillerato en el Liceo Fermín Toro.

Logró hacer un periodismo científico que nunca lo amilanó. Por eso, día tras día, Bastidas producía  esos artículos reveladores de mensajes que cautivaban a los lectores de su columna " La Ciencia Amena”. Además, publicó una cantidad de libros entre los que se destacan: “El átomo y sus intimidades”, “Científicos del Mundo”, “ Ciencia y Tecnología, dos bienes Sociales”, “El Anhelo Constante”, “La Ciencia Amena”, “ Aliados Silenciosos del Progreso”, “La tierra, morada de la vida y del hombre”, y “Los Órganos del Cuerpo   Humano”. Esto fue parte de su producción intelectual al servicio de la sociedad venezolana que tanto lo necesitaba.

Su pasión por el periodismo científico se consolidó en el diario El Nacional en 1953, al escribir la columna “Entérese Usted”, que estuvo a cargo de la periodista Francis Natera. Arístides Bastidas señalaba que “ La ciencia es el petróleo del porvenir, pero con la ventaja de que es meta y no un medio(…) se puede renovar, mientras el otro se agota(..) La ciencia nos servirá algún día para sembrar por siempre la sonrisa en el rosto quebrantado del hombre contemporáneo". En su cubículo en el diario El Nacional, al cual denominaba la “Brujoteca”, ejerció el  periodismo por más de 39 años. En 1971 creó el Círculo de Periodistas Científicos de Venezuela, además de ser miembro fundador del Sindicato Nacional de Trabajadores de la prensa y del Instituto de Previsión Social del Periodista. Fue un militante del Partido Comunista de Venezuela, un fervoroso activista sindical y político, Así lo definía su amigo el antropólogo e historiador Miguel Acosta Saignes: “arriesgado dirigente, perseverante espíritu progresista que nunca ha dejado sus convicciones de lucha por la libertad de prensa; la solidaridad de los oprimidos y por la transformación del País”. 

Este ilustre Venezolano, oriundo de Yaracuy, de la población de San Pablo, llegó al mundo un 12 de Marzo de 1924.

Fue premio nacional de periodismo en dos ocasiones, premio municipal en repetidas ocasiones, y recibió todas las condecoraciones a nivel nacional e internacional: recibió el Premio Latinoamericano de periodismo Científico John Reietemyer, y en 1982 el Premio Kalinga otorgado por la Unesco. Horas antes de su muerte, un 23 de Septiembre de 1992, llegó a saber que había sido premiado por la Universidad de Florencia con el premio “CAPIRE”, premio internacional  por el futuro creativo.





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