Mérida, Enero Martes 20, 2026, 08:38 pm
Nuestra
historia está llena de un cronicario de lo imposible, y de lo posible. Así fue
la vida de este hombre, que logró descifrar la ciencia y hacerla amena como
Einstein, quien a los 16 años ya se interrogaba por lo que pudiera pasarle a un
hombre que corriera tras un rayo de luz. O como Luis Luksic, poeta, pintor y
titiritero, quien estaba seguro que un día iríamos en ferrocarril sobre un rayo
luminoso. Entonces, Cronos-Saturno guía este camino a través de esta ciudad de
Mérida que ha sido un libro abierto al conocimiento, y en donde nos quema el
sol y el frío en temporadas incandescentes de la vida universitaria que se ha
ido desvaneciendo como la neblina.
Este
precursor del periodismo científico en Venezuela nos unía a los códigos del
lenguaje científico de una ciencia que
aprehendiera con gracia nuestra atención para todo lo que escribía, como
aquellos enunciados: “La vida comenzó con la despreciable ameba y culminó con
el hombre todopoderoso”, “los monos no practican la discriminación racial”, “el
verdadero paraíso no fue el de Adán y Eva, sino el que había en el planeta
antes que llegara el hombre”, o “los delfines vivieron en tierra, pero vencidos
por la nostalgia del mar retornaron a él”. Nunca dejó de hacer periodismo a
pesar de sus padecimientos físicos, ni dejó de practicar su inquebrantable amor
y entusiasmo por la divulgación científica. La artritis y la soriasis que
padecía se sumaron a la pérdida de su visión y su imposibilidad para caminar,
luego de un accidente de tránsito que lo dejara en los últimos años de su vida
atado a una silla de ruedas.
Arístides
Bastidas fue un periodista ejemplar, incisivo, lector voraz, acucioso
investigador, autodidacta. Su amigo y compañero de luchas políticas y sociales
Francisco José Delgado (Kotepa Delgado), jefe del rotativo Últimas Noticias, lo
introdujo en las andanzas del periodismo y lo lanzó a la calle tal y como lo
hacen los que nacen en la costa, que lanzan a sus niños al mar, sin salvavidas
para que aprendan a nadar. En principio, Aristides era un novato que iba
recorriendo calles y barrios, y le asignaron la fuente policial y de
información general. Posteriormente, tuvo acceso a la fuente de política
nacional y parlamentaria.
Decía
que se había dedicado al periodismo, primero por una extraña vocación que no
lograba entender muy bien, y luego porque entendió que a través de la
comunicación social podía llegar a las raíces profundas del pueblo, con la
intención de ayudar a fortalecerlo, enaltecerlo y así convertirse en un ser
creador que pudiera transformar la sociedad con responsabilidad. Así era ese gran periodista Arístides Bastidas,
quien nos dejó una gran enseñanza: que quien puede emprender tan noble tarea,
lo logra. Su vida se la ganaba primeramente como vendedor de quincalla, luego
como vendedor ambulante, repartidor de arepas a domicilio, colector de autobús,
secretario de oficina, y después como asistente de enfermería en un hospital
psiquiátrico para ayudar con la manutención de la familia. Todo esto lo hizo
luego de culminar el primer año de bachillerato en el Liceo Fermín Toro.
Logró
hacer un periodismo científico que nunca lo amilanó. Por eso, día tras día, Bastidas
producía esos artículos reveladores de
mensajes que cautivaban a los lectores de su columna " La Ciencia Amena”.
Además, publicó una cantidad de libros entre los que se destacan: “El átomo y
sus intimidades”, “Científicos del Mundo”, “ Ciencia y Tecnología, dos bienes
Sociales”, “El Anhelo Constante”, “La Ciencia Amena”, “ Aliados Silenciosos del
Progreso”, “La tierra, morada de la vida y del hombre”, y “Los Órganos del
Cuerpo Humano”. Esto fue parte de su producción
intelectual al servicio de la sociedad venezolana que tanto lo necesitaba.
Su
pasión por el periodismo científico se consolidó en el diario El Nacional
en 1953, al escribir la columna “Entérese Usted”, que estuvo a cargo de la
periodista Francis Natera. Arístides Bastidas señalaba que “ La ciencia es el
petróleo del porvenir, pero con la ventaja de que es meta y no un medio(…) se
puede renovar, mientras el otro se agota(..) La ciencia nos servirá algún día
para sembrar por siempre la sonrisa en el rosto quebrantado del hombre contemporáneo".
En su cubículo en el diario El Nacional, al cual denominaba la
“Brujoteca”, ejerció el periodismo por
más de 39 años. En 1971 creó el Círculo de Periodistas Científicos de
Venezuela, además de ser miembro fundador del Sindicato Nacional de Trabajadores
de la prensa y del Instituto de Previsión Social del Periodista. Fue un
militante del Partido Comunista de Venezuela, un fervoroso activista sindical y
político, Así lo definía su amigo el antropólogo e historiador Miguel Acosta
Saignes: “arriesgado dirigente, perseverante espíritu progresista que nunca ha
dejado sus convicciones de lucha por la libertad de prensa; la solidaridad de
los oprimidos y por la transformación del País”.
Este
ilustre Venezolano, oriundo de Yaracuy, de la población de San Pablo, llegó al
mundo un 12 de Marzo de 1924.
Fue
premio nacional de periodismo en dos ocasiones, premio municipal en repetidas
ocasiones, y recibió todas las condecoraciones a nivel nacional e
internacional: recibió el Premio Latinoamericano de periodismo Científico John
Reietemyer, y en 1982 el Premio Kalinga otorgado por la Unesco. Horas antes de
su muerte, un 23 de Septiembre de 1992, llegó a saber que había sido premiado
por la Universidad de Florencia con el premio “CAPIRE”, premio internacional por el futuro creativo.