Mérida, Abril Miércoles 15, 2026, 12:46 pm
Durante los días 22 y 23 de marzo las
instalaciones de la Universidad Católica Andrés Bello abrieron sus puertas al
Seminario-taller: ESPACIOS SEGUROS EN LA IGLESIA. “Hacia la Cultura del Buen
Trato, Salvaguarda y Prevención”. Entendida ésta
como: atendernos, relacionarnos, cuidarnos y respetarnos como hermanos y, a la
vez, prepararnos y fortalecernos como Iglesia para afrontar y superar cualquier
forma de abuso que desfigure el rostro de la Iglesia de Cristo en Venezuela.
Nos dimos cita un total de doscientas ochenta agentes
de pastoral en el servicio de autoridad y formación en la Iglesia, obispos, vicarios
judiciales y pastorales, rectores de seminarios, la Conferencia Venezolana de
Religiosos y Religiosas, la Asociación Venezolana de Educación Católica, junto
a la Comisión Nacional de Cultura del Buen Trato, Salvaguarda y Prevención, reflexionando
juntos sobre la necesidad de fortalecer espacios seguros en la Iglesia desde la
cultura del buen trato, tal como lo expresó Monseñor Jesús González De Zárate,
presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, “estamos ante el gran
desafío y compromiso de promover un camino largo, donde todos pongamos en alto la
dignidad de la persona humana, especialmente la de los niños, niñas,
adolescentes y personas vulnerables, así como, protegerlos y ofrecerles
espacios seguros para su desarrollo integral, aún nos queda mucho por
recorrer”.
Durante el Seminario – Taller, dimos una mirada
sobre el camino hecho por la Iglesia en materia de prevención de abusos a menores,
desde hace treinta años. San Juan Pablo II, en el 2001, por medio de un motu proprio, agrega el delito de
abuso contra un menor de 18 al elenco de los delicta graviora reservados a la Congregación para la Doctrina
de la Fe. Benedicto XVI hizo que las normas contra la pedofilia contenidas en
el documento fueran aún más estrictas, simplificando los procedimientos. En
mayo de 2011, la Congregación para la Doctrina de la Fe envió una importante
carta circular a todas las conferencias episcopales con el objetivo de
"asistir a las conferencias en el desarrollo de pautas para tratar los
casos de abusos sexuales de menores perpetrados por clérigos".
Hasta llegar a nuestro actual Papa Francisco que ha
continuado con la línea de "tolerancia
cero”, estableciendo reglas más estrictas en materia de abuso,
reuniéndose con víctimas y apartando de la Iglesia a cientos de sacerdotes y
religiosos para que pueda resplandecer la verdad y se haga justicia a las víctimas.
Una de las más importantes tareas pastorales que
debemos asumir es la de la pastoral de la escucha, el dolor de quien ha sufrido
el quiebre de la confianza y el abuso físico, son lámparas encendidas que iluminan
el discernimiento y nos ayudan al acompañamiento de tantos rostros que reclaman
nuestro consuelo y cercanía.
Como invitados especiales y ponentes de este
importante evento, contamos con la grata participación de Monseñor Jordi Bertomeu i Farnós, nacido en la ciudad catalana de Tortosa, estudió Derecho en la
Universidad de Barcelona, además de ser doctor en Derecho Canónico por la
Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. En el año 2012 empezaría a trabajar
como oficial de la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Con su
gran experiencia en esta materia, compartió de cerca sus vivencias y nos invitó
a mover el corazón de cada uno de los miembros de la Iglesia, para ir más allá
de la justicia y vivir la misericordia, reconociendo la presencia del otro como
persona, para actuar en tres grandes frentes: prevención, sanación y
reconciliación.
Junto al sacerdote mexicano Dr. Daniel Portillo Trevizo, fundador y
director del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la
Protección del Menor (Ceprome), actualmente dirige el Consejo Latinoamericano
para la Protección del Menor, profesor de las universidades Pontificias de
México y de la Gregoriana de Roma y miembro de la Pontificia Comisión del Cuidado de
Menores, animó a la Iglesia en Venezuela a caminar hacia una prevención en la perspectiva de
sinodalidad, es decir, asumir juntos el compromiso de responder de manera
conjunta a esta realidad de manera que pueda valorarse desde distintos
enfoques. Ya no solamente es una Iglesia local, una congregación la que padece
el abuso, sino también una Iglesia Católica, una Iglesia que intenta responder
de manera conjunta, con una participación más activa de los laicos en la misión de la
purificación de la Iglesia.
La tarea es de todos, tal como nos dice el Cardenal Sean O’Malley, presidente de la Comisión
Pontificia para la Protección de menores: “decirnos creyentes sería constatar
que nuestra fe se traduce en ser promotores del cuidado, la integridad y la
seguridad de quienes conformamos la comunidad; en mantener la esperanza de
formar en la Iglesia relaciones sanas que dignifiquen, maduren y consoliden la
historia de cada persona que la conforma; en implementar una cultura de
denuncia y de búsqueda de la justicia con lineamientos claros, que no
revictimizan, y con la debida supervisión de que estos terribles delitos son
perseguidos y sentenciados”.
La actuación
responsable de nuestra Conferencia Episcopal ha llevado a implementar en cada
diócesis del país protocolos de prevención y actuación ante los abusos, a las
que se pueden acceder por medio de los enlaces de las páginas web de la CEV en
la que podemos encontrar todo un apartado sobre el compromiso de la Iglesia en
la prevención, así como conocer de cerca la tarea de la comisión nacional del
buen trato, salvaguarda y prevención, junto al contacto en cada Diócesis,
protocolos y códigos de buenas prácticas, documentos y recursos, todo ello con
el propósito firme de que la prevención, como concluyó Monseñor Ángel Caraballo, “no
se puede limitar solo a la implementación de un código de conducta, sino que debe
nacer de una más amplia cultura del cuidado y del buen trato; que nos lleve a
todos a interpelarnos sobre nuestro modo de relacionarnos, de hacer comunidad y
de vivir verdaderamente la sinodalidad”.
Escuchando la invitación del Papa Francisco a
sentirnos “retados a mirar de frente este
conflicto, asumirlo y sufrirlo junto a las víctimas, sus familiares y la comunidad
toda para encontrar caminos que nos hagan decir: nunca más a la cultura del
abuso”.
Mérida, 26 de marzo de 2023