Mérida, Abril Domingo 12, 2026, 07:12 pm
Una de las consecuencias geoeconómicas de la pandemia
Covid-19 es la fragmentación geoeconómica que indica descenso significativo en
el aprovechamiento de la especialización mediante las ventajas comparativas del
comercio internacional hasta ahora conocido. En particular, muestra el cambio
estructural en el (des) orden internacional de la cuarta mitad del siglo XXI,
en el cual la globalización puede cerrar sus puertas para iniciarse lo que se
conoce como relación bilateral y unilateral en el sistema mundo.
En Davos recientemente se destacó el riesgo de la
mencionada fragmentación como guía y orientación a la geoeconomía mundial. Las
crecientes tensiones son visibles en las realidades macroeconómicas de los
países a nivel del mundo. Los valores a nivel de comercio, inversión y
tecnología dan muestra de estar gestándose algún cambio. Lo alarmante es que
dicha tensión se ha trasladado a los marcos de seguridad nacional en las que
las preocupaciones crean altas cargas de securitización a todo nivel. La
confianza hacia los pares y socios desaparece y se profundizan crisis humanas
por la deficiencia en comercio de energía, alimentos y materias primas.
Por su parte, la fragilidad financiera mundial es latente
con la aparente fuerza del dólar como moneda de reserva de valor global. De
ello, las vulnerabilidades políticas mantienen las alarmas encendidas pues se
siente estar a la espera de una gran turbulencia a nivel financiera, y las
previsiones de liquidez parecen no ser suficientes. En tal sentido, el
equilibrio entre política monetaria y fiscal lucen quebrantadas ante los
resultados de alta inflación mundial y altos costos de alimentos y energéticos.
Si a todo lo señalado se le integra la volatilidad
climática que especialmente está dañando a los países de menores ingresos, se
ve que la fragmentación geoeconómica no es un mito sino una realidad de puertas
abiertas. El riesgo global es una realidad frente a la disminución sostenida de
la oferta de bienes públicos globales y el desacoplamiento tecnológico a nivel
mundial. En 2023 el producto interno bruto mundial destinado al comercio
internacional se estima en un total de 0,2%, cifra que expresa un escenario de
fragmentación limitada con ajuste de bajo costo. Sin embargo, las proyecciones
del FMI el BM y demás organismo multilaterales indican que mencionado valor
alcanzará el 7% cifra porcentual que evidencia un escenario de fragmentación
severa con ajuste de alto costo. De todo los más ricos serán cada vez más ricos
en alrededor 42 billones de dólares, ellos tenderán a agruparse para asegurar
su estabilidad, en momentos recientes del 2023 lo estamos presenciando frente a
las recientes asociaciones contra las nuevas realidades de “amenazas” que
indica la IA para los lideres tecnológicos a nivel global. Por su parte, los
menos ricos solo captaran alrededor del 50% de la nueva riqueza a consecuencia de
la fractura geoeconómica de las que dependen sus inversiones.
En general, se puede pensar que no existe un camino claro
para resguardar la estabilidad de la integración en el mundo. No obstante, un ajuste
necesario podría ser el de inmediata asociación estratégica con quienes disponen
de altas ventajas competitivas a nivel tecnológico y de gestión de riesgos
medio ambientales y financieros mediante las ventajas competitivas de materias
primas y mercancías agroindustriales y agroalimentarias. Además de reconocer
que los síntomas del punto de inflexión denominado fragmentación geoeconómica
pueden indicar posiciones: una la del cambio de paradigma de comportamiento y
herramientas de solución de problemas estructurales o dos la de nuevas
asociaciones y alineación en polos de poder mundiales que profundizaran los liderazgos
ya establecidos a nivel tecnológicos y financiero mundial en la cuarta mitad
del siglo XXI.
*@ajhurtadob