Mérida, Abril Sábado 11, 2026, 04:58 am
Era
irreverente poeta, pintor, escultor, dibujante, humorista, médico, crítico de
arte, editor, productor de cine y promotor cultural, venido de la comarca de
Tovar, con un prototipo único de la alegría de vivir. Ese ser humano tenía
siempre a flor de labios el chiste y la ironía. Otros manifiestan que Contramaestre nos enseñó a reír, vaso en mano,
aparte de ser un hombre sabio.
Contramaestre
tuvo como mérito artístico haber sido autor de la célebre exposición Homenaje a la Necrofilia. Así nos cuenta
el poeta y artista plástico Juan Calzadilla, quien estuvo siempre en el grupo
de creadores más allegados a Contramaestre, así como también Enrique Hernández
D´ Jesús, quien le llamó el gran Magma.
Este
singular y controvertido poeta, se atrevió en 1967 a realizar la exposición Tumorales a ras del terremoto de Caracas.
Sin duda, ese frenesí creativo estaba inspirado en el desgarramiento de las
carnes para liberar la blancura de los huesos, de la cual se hacen ecos sus
dibujos caligráficos, como señal de la putrefacción que vendría. Contramaestre
también era un hombre místico de avanzada que con su rebeldía de pensamiento
había atravesado los muros donde se exponían los cuadros viscerales del Homenaje a la Necrofilia. Era el místico de la muerte que después probó su
pasión por la vida con su libro Tanatorio.
Carlos
Alberto Contramaestre Salas nació un 24 de Julio de 1933 en Tovar, estado
Mérida, hijo de Julio Contramaestre y Maximina Salas. Él era tachirense y ella
trujillana. Contramaestre contaba: “mi
mamá había sido abandonada por su esposo anterior, y luego se juntó a vivir con
un aventurero llamado Julio Contramaestre, un hombre del Táchira que, evadiendo
el ejército, había sido reclutado, y escapó. Al escaparse se fue a vivir a
Colombia, donde pasó alrededor de dieciséis años haciendo los más variados
oficios y, habiendo aprendido algo que sin duda tiene que haber influido mucho
en la vida posterior de nuestra familia, se hizo jugador de dados,
contrabandista, y eso que llaman un poco andarín. Eso marcó un poco ese
carácter de aventurero, de hombre que en su país no encontraba sosiego; y
retorna, camina por Venezuela, hasta que en uno de esos pueblos conoce a un
médico de la guerra del 14, un médico francés, y se hace especie de asistente
de él (…) en ese momento conoce a mi madre, quien estaba allí en Tovar, lavando
ropa para el cuartel y la gente más acaudalada del pueblo. Al ocurrir esto,
cambia el destino de mi madre: nazco yo, y los cinco hermanos míos son
prácticamente criados por mi padre, pero yo soy el único hijo de Julio
Contramaestre”.
También
se señala que se estableció la primera pensión familiar en Tovar, la pensión
“Táchira”, lugar donde la abigarrada concurrencia de pensionistas alimentó la
imaginación creativa de Carlos Contramaestre desde la más tierna edad. Infancia
que su eterno amigo Enrique Hernández D¨ Jesús nos relata: “se parece mucho a
los recuerdos de Marcel Proust, en la medida en que la relacionaba con las
galletas de Don Hermes Osuna, en Tovar, pero no solamente con el sabor de las
galletas, con el olor que tenía la tienda, con el crepitar de las galletas
tostadas, con el perfume de las vendedoras de galletas… La infancia no sabe “el
Magma”, porque lo evoca a la mordida de una pomarrosa; en todo caso, era un
intermediario... Lo que recuerda, en verdad, son los ríos en donde se bañaba
desnudo con sus compañeros de niñez, pensando que se les podía aparecer el hada
madrina, y la que siempre se aparecía era Maximina Salas con un rejo amenazante
por haberse jubilado de la escuela…”
En 1946
la familia se traslada de Tovar hasta Valera, donde vuelve a establecerla con
el nombre de “Tovar”, nombre que Carlos Contramaestre transformaría en “La
Posada del Centauro” en su libro Por decretos
y por sueños de Maximina Salas (1968).
Obtiene
la licenciatura en Medicina en la Universidad de Salamanca, España, donde fue
Agregado Cultural. Su juventud la vivió en la ciudad de Valera del estado
Trujillo, y viajó luego a Mérida para estudiar medicina en la Universidad de
los Andes, y continuó en la UCV, para dejar esta universidad por los cierres de
los centros universitarios decretados por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Es entonces cuando viaja a España, en donde es recibido junto a otros
compatriotas. En ese país, entre nuevos estudios y la vida bohemia en bares y
posadas, comienza a darle nacimiento al grupo literario “Techo de la Ballena”,
nombre que fue tomado de un texto del escritor argentino Jorge Luis Borges,
para ser uno de sus fundadores en Caracas al lado de Caupolicán Ovalles,
Orlando Araujo, Edmundo Aray, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre, Víctor
Valera Mora, Dámaso Ogaz, entre otros.
Carlos
Alberto Contramaestre Salas egresa de la Universidad de Salamanca, y va a
ejercer como médico rural en Jajó y Cabimas. Fue uno de los organizadores del
Congreso Cultural de Cabimas en 1970, y en una Venezuela más próspera ofrece la
célebre exposición Homenaje a la
Necrofilia (1962), lo cual va a producir una gran sacudida de manifestación
rebelde, y de defensa contra la violencia que se vivía en esos años, dejando
una huella indeleble en el arte venezolano contemporáneo. Por aquellos años es
un colaborador activo del Grupo “40 Grados a la Sombra” en Maracaibo, en cuya
galería presentó de nuevo su comentada exposición.
Entre
sus obras literarias se destaca una producción
que tiene que ver con la penetración extranjera de las petroleras, como
aquel texto sobre el abandono en que se encontraba Cabimas con el título Cabimas Zamuro (1977). Es a partir de
allí que comienza una gran trayectoria -sin dejar de ejercer la medicina- por
el camino del arte y la poesía, siendo un activista y promotor cultural, y un
sabio y agudo crítico de arte.
Regresa
a Mérida para encargarse como Director del Centro Experimental de Arte, y más tarde como Director de
Publicaciones de la ULA.
Regresa
a España como agregado cultural de la Embajada de Venezuela en España
(1985-1991), donde fue un período recordable por los intercambios culturales
que se dieron en ese entonces. En 1991, antes de regresar a Venezuela,
participa en un último evento: el Encuentro de Poetas organizado por el Foro
Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Su inseparable amigo Enrique
Hernández D´ Jesús afirmó que Carlos Alberto
Contramaestre Salas era “versátil creador que conjuga poesía y pintura en
espacios convergentes donde el amor, la muerte y la inasible realidad han sido
temas recurrentes. Por eso sus libros de poemas iniciales Cabimas Zamuro y Por decreto
y por sueños de Maximina Salas, en el primero expresa en un lenguaje coloquial y pleno de vitalidad
la rebeldía ante el despojo nacional; en el segundo, la mirada nostálgica
desafía las arenas del tiempo y recrea ámbitos vivenciales de la infancia y la adolescencia”.
LA CARNE NO TIENE RUIDO
A
Felipe Lázaro
Apenas rastros de la memoria
Tanatorio
ardiente dentro de mi cráneo
Pasado
vivo en la ceniza de los cielos
que
evoca al padre con sus disfraces anudados
y su poker de ases en los dedos de brandy
UNIVERSO
PURO
El
amor es un problema de cielo y tierra
espacio
de carne imaginativa y dolorosa
sufriente
¿Dónde
están los contrarios
que
no se encuentran
los
extraños que no se extrañan?
Soledades
que invocan soledades
eje de ternura
Universo
Puro
A
partir de La Torre de Babel, una nueva simbología exploratoria se hace
presente en su poesía, que se exacerba en Tanatorio, a través de la fugacidad
del tiempo, el inalcanzable infinito, la muerte metafísica y sus engañosas máscaras.
Además, público los poemarios Armando Reverón el hombre Mono (1969), Por
decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Cabimas Zamuro (1977), Como
piel de ángel (1980), Metal de soles (1983), La
Torre de Babel (1986) y Tanatorio (1993), y los ensayos Salvador Valero (1981), y La mudanza del encanto (1989),
así como las presentaciones de sus catálogos de exposiciones.
Es
importante señalar que estamos en deuda y principalmente quienes ejercen la
cultura, como señala su amigo, también pintor y poeta Juan Calzadilla, por
darnos a conocer a salvador Valero, de quien fue biógrafo y puntual mentor;
también por haber reivindicado a Rafael Vargas y a Antonio José Fernández, a
quien dio el apodo de “El hombre del Anillo”.
Se
dice que el hallazgo de Valero fue uno de los hechos más importantes de la
plástica venezolana de fines de los años cincuenta. Carlos Alberto
Contramaestre Salas dio un aporte a la
importancia de las regiones a través de su investigación y promoción de las
artes populares, aparte de ser integrante del movimiento contestarlo de los
años sesenta, nunca hizo ostentación de su investigación profunda en el área
popular, ni convirtió esto en tarjeta de crédito o patente de corso. Tampoco
quiso ganar puntos con otro hallazgo que quizás muchos desconocen: quien
descubre realmente a Juan Félix Sánchez es Carlos Contramaestre, quien después
de estar en el Tisure regresa conmovido por la imaginería de aquel artista
extraordinario, y difunde generosamente su trabajo para que otros, más astutos
que otra cosa, ganaran indulgencias con escapulario ajeno.
Era
un trabajador silencioso y empecinado. Y el único reconocimiento que se le hizo
fue su nombramiento en 1967 como director del Centro Experimental de Arte de la
ULA en Mérida, el cual era una escuela con muchos problemas que Carlos
Contramaestre pudo hacer reflotar a costa de volver a sacrificar su obra
personal a la labor de estímulo al trabajo de otros.
Es
necesario, dice Calzadilla, dar a conocer que Contramaestre utilizó una prensa
artesanal que el mismo Calzadilla llevó a Mérida desde Maracaibo, y que puso a
disposición del CEA. Carlos Alberto Contramaestre Salas se alió a Omar Granados
para introducir la litografía en Mérida.
Este
ilustre e irreverente hombre de las artes y la poesía, fallece en la ciudad de
Caracas un 29 de diciembre de 1996, dejando uno de los legados más importantes
de la cultura venezolana contemporánea.