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Carlos Contramaestre, el gran Magma por Orlando Oberto Urbina

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Carlos Contramaestre, el gran Magma por Orlando Oberto Urbina


bajarigua@gmail.com

 

Era irreverente poeta, pintor, escultor, dibujante, humorista, médico, crítico de arte, editor, productor de cine y promotor cultural, venido de la comarca de Tovar, con un prototipo único de la alegría de vivir. Ese ser humano tenía siempre a flor de labios el chiste y la ironía. Otros manifiestan que  Contramaestre nos enseñó a reír, vaso en mano, aparte de ser un hombre sabio.

Contramaestre tuvo como mérito artístico haber sido autor de la célebre exposición Homenaje a la Necrofilia. Así nos cuenta el poeta y artista plástico Juan Calzadilla, quien estuvo siempre en el grupo de creadores más allegados a Contramaestre, así como también Enrique Hernández D´ Jesús, quien le llamó el gran Magma.

Este singular y controvertido poeta, se atrevió en 1967 a realizar la exposición Tumorales a ras del terremoto de Caracas. Sin duda, ese frenesí creativo estaba inspirado en el desgarramiento de las carnes para liberar la blancura de los huesos, de la cual se hacen ecos sus dibujos caligráficos, como señal de la putrefacción que vendría. Contramaestre también era un hombre místico de avanzada que con su rebeldía de pensamiento había atravesado los muros donde se exponían los cuadros viscerales del Homenaje a la Necrofilia. Era  el místico de la muerte que después probó su pasión por la vida con su libro Tanatorio.

Carlos Alberto Contramaestre Salas nació un 24 de Julio de 1933 en Tovar, estado Mérida, hijo de Julio Contramaestre y Maximina Salas. Él era tachirense y ella trujillana. Contramaestre  contaba: “mi mamá había sido abandonada por su esposo anterior, y luego se juntó a vivir con un aventurero llamado Julio Contramaestre, un hombre del Táchira que, evadiendo el ejército, había sido reclutado, y escapó. Al escaparse se fue a vivir a Colombia, donde pasó alrededor de dieciséis años haciendo los más variados oficios y, habiendo aprendido algo que sin duda tiene que haber influido mucho en la vida posterior de nuestra familia, se hizo jugador de dados, contrabandista, y eso que llaman un poco andarín. Eso marcó un poco ese carácter de aventurero, de hombre que en su país no encontraba sosiego; y retorna, camina por Venezuela, hasta que en uno de esos pueblos conoce a un médico de la guerra del 14, un médico francés, y se hace especie de asistente de él (…) en ese momento conoce a mi madre, quien estaba allí en Tovar, lavando ropa para el cuartel y la gente más acaudalada del pueblo. Al ocurrir esto, cambia el destino de mi madre: nazco yo, y los cinco hermanos míos son prácticamente criados por mi padre, pero yo soy el único hijo de Julio Contramaestre”.

También se señala que se estableció la primera pensión familiar en Tovar, la pensión “Táchira”, lugar donde la abigarrada concurrencia de pensionistas alimentó la imaginación creativa de Carlos Contramaestre desde la más tierna edad. Infancia que su eterno amigo Enrique Hernández D¨ Jesús nos relata: “se parece mucho a los recuerdos de Marcel Proust, en la medida en que la relacionaba con las galletas de Don Hermes Osuna, en Tovar, pero no solamente con el sabor de las galletas, con el olor que tenía la tienda, con el crepitar de las galletas tostadas, con el perfume de las vendedoras de galletas… La infancia no sabe “el Magma”, porque lo evoca a la mordida de una pomarrosa; en todo caso, era un intermediario... Lo que recuerda, en verdad, son los ríos en donde se bañaba desnudo con sus compañeros de niñez, pensando que se les podía aparecer el hada madrina, y la que siempre se aparecía era Maximina Salas con un rejo amenazante por haberse jubilado de la escuela…”

En 1946 la familia se traslada de Tovar hasta Valera, donde vuelve a establecerla con el nombre de “Tovar”, nombre que Carlos Contramaestre transformaría en “La Posada del Centauro” en su libro Por decretos y por sueños de Maximina Salas (1968).

 Obtiene la licenciatura en Medicina en la Universidad de Salamanca, España, donde fue Agregado Cultural. Su juventud la vivió en la ciudad de Valera del estado Trujillo, y viajó luego a Mérida para estudiar medicina en la Universidad de los Andes, y continuó en la UCV, para dejar esta universidad por los cierres de los centros universitarios decretados por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Es entonces cuando viaja a España, en donde es recibido junto a otros compatriotas. En ese país, entre nuevos estudios y la vida bohemia en bares y posadas, comienza a darle nacimiento al grupo literario “Techo de la Ballena”, nombre que fue tomado de un texto del escritor argentino Jorge Luis Borges, para ser uno de sus fundadores en Caracas al lado de Caupolicán Ovalles, Orlando Araujo, Edmundo Aray, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre, Víctor Valera Mora, Dámaso Ogaz, entre otros.

Carlos Alberto Contramaestre Salas egresa de la Universidad de Salamanca, y va a ejercer como médico rural en Jajó y Cabimas. Fue uno de los organizadores del Congreso Cultural de Cabimas en 1970, y en una Venezuela más próspera ofrece la célebre exposición Homenaje a la Necrofilia (1962), lo cual va a producir una gran sacudida de manifestación rebelde, y de defensa contra la violencia que se vivía en esos años, dejando una huella indeleble en el arte venezolano contemporáneo. Por aquellos años es un colaborador activo del Grupo “40 Grados a la Sombra” en Maracaibo, en cuya galería presentó de nuevo su comentada exposición.

Entre sus obras literarias se destaca una producción  que tiene que ver con la penetración extranjera de las petroleras, como aquel texto sobre el abandono en que se encontraba Cabimas con el título Cabimas Zamuro (1977). Es a partir de allí que comienza una gran trayectoria -sin dejar de ejercer la medicina- por el camino del arte y la poesía, siendo un activista y promotor cultural, y un sabio y agudo crítico de arte.

Regresa a Mérida para encargarse como Director del Centro Experimental de  Arte, y más tarde como Director de Publicaciones de la ULA.

Regresa a España como agregado cultural de la Embajada de Venezuela en España (1985-1991), donde fue un período recordable por los intercambios culturales que se dieron en ese entonces. En 1991, antes de regresar a Venezuela, participa en un último evento: el Encuentro de Poetas organizado por el Foro Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Su inseparable amigo Enrique Hernández  D´ Jesús afirmó que Carlos Alberto Contramaestre Salas era “versátil creador que conjuga poesía y pintura en espacios convergentes donde el amor, la muerte y la inasible realidad han sido temas recurrentes. Por eso sus libros de poemas iniciales Cabimas Zamuro y Por decreto y por sueños de Maximina Salas, en el primero expresa  en un lenguaje coloquial y pleno de vitalidad la rebeldía ante el despojo nacional; en el segundo, la mirada nostálgica desafía las arenas del tiempo y recrea ámbitos vivenciales de la infancia y la adolescencia”.

 

LA CARNE NO TIENE RUIDO

A Felipe Lázaro

 

 Apenas rastros de la memoria

Tanatorio ardiente dentro de mi cráneo

Pasado vivo en la ceniza de los cielos

que evoca al padre con sus disfraces anudados

 y su poker de ases en los dedos de brandy

UNIVERSO PURO

El amor es un problema de cielo y tierra

espacio de carne imaginativa y dolorosa

sufriente

¿Dónde están los contrarios

que no se encuentran

los extraños que no se extrañan?

Soledades que invocan soledades

 eje de ternura

Universo Puro

 

A partir de La Torre de Babel, una nueva simbología exploratoria se hace presente en su poesía, que se exacerba en Tanatorio, a través de la fugacidad del tiempo, el inalcanzable infinito, la muerte metafísica y sus engañosas máscaras. Además, público los poemarios Armando Reverón el hombre Mono (1969), Por decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Cabimas Zamuro (1977), Como piel de ángel (1980), Metal de soles (1983), La Torre de Babel (1986) y Tanatorio (1993), y los ensayos Salvador Valero (1981), y La mudanza del encanto (1989), así como las presentaciones de sus catálogos de exposiciones.

Es importante señalar que estamos en deuda y principalmente quienes ejercen la cultura, como señala su amigo, también pintor y poeta Juan Calzadilla, por darnos a conocer a salvador Valero, de quien fue biógrafo y puntual mentor; también por haber reivindicado a Rafael Vargas y a Antonio José Fernández, a quien dio el apodo de “El hombre del Anillo”.

Se dice que el hallazgo de Valero fue uno de los hechos más importantes de la plástica venezolana de fines de los años cincuenta. Carlos Alberto Contramaestre Salas dio  un aporte a la importancia de las regiones a través de su investigación y promoción de las artes populares, aparte de ser integrante del movimiento contestarlo de los años sesenta, nunca hizo ostentación de su investigación profunda en el área popular, ni convirtió esto en tarjeta de crédito o patente de corso. Tampoco quiso ganar puntos con otro hallazgo que quizás muchos desconocen: quien descubre realmente a Juan Félix Sánchez es Carlos Contramaestre, quien después de estar en el Tisure regresa conmovido por la imaginería de aquel artista extraordinario, y difunde generosamente su trabajo para que otros, más astutos que otra cosa, ganaran indulgencias con escapulario ajeno.

Era un trabajador silencioso y empecinado. Y el único reconocimiento que se le hizo fue su nombramiento en 1967 como director del Centro Experimental de Arte de la ULA en Mérida, el cual era una escuela con muchos problemas que Carlos Contramaestre pudo hacer reflotar a costa de volver a sacrificar su obra personal a la labor de estímulo al trabajo de otros.

Es necesario, dice Calzadilla, dar a conocer que Contramaestre utilizó una prensa artesanal que el mismo Calzadilla llevó a Mérida desde Maracaibo, y que puso a disposición del CEA. Carlos Alberto Contramaestre Salas se alió a Omar Granados para introducir la litografía en Mérida.

Este ilustre e irreverente hombre de las artes y la poesía, fallece en la ciudad de Caracas un 29 de diciembre de 1996, dejando uno de los legados más importantes de la cultura venezolana contemporánea. 





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