Mérida, Abril Sábado 18, 2026, 03:26 pm
Se le ha adjudica al
periodismo ciertas manipulaciones de la información, a partir de forma en cómo
se construyen los contenidos de ciertas informaciones, especialmente las que se
refieren a sucesos, sin embargo, este es un mal que sobrepasa la función del
“periodista” y ya es parte de una forma reiterada de “expresión” de muchos
locutores, “influencer”, opinadores y de quienes tienen acceso a medios, y que
además tienen “muchos” seguidores.
Investigando un poco, me llamó
la atención de lo referido por el periodista Alfonso Lopera, quien al referirse
a la “Ética del periodismo y la comunicación”, expone dos elementos bien
interesantes que valdría la pena conocer textualmente.
Atendiendo “al origen histórico de la palabra, amarillismo se
refiere a las técnicas para llamar la atención de los lectores: tamaño de
letra, colores, edición de fotografías, diseño, lenguaje. Fue la aparición de
un dibujo de un peluquero chino, o de alguien con camisa amarilla, lo que
atrajo la atención de los lectores de vespertinos en Nueva York. Desde entonces
se siguieron llamando amarillos los periódicos llamativos y espectaculares”.
Luego de este fenómeno, que se
impuso primeramente en el mundo de los medios impresos, se hizo costumbre
designar a los rotativos que en ejercicio de una conducta “amarillista”, se
convirtieron en tendencia por destacar, especialmente en su primera y última
página, noticias de crímenes y catástrofes exponiendo elementos carentes de
ética.
Por otra parte, Lopera señala
que, “el sensacionalista es quien se
dirige solo a los sentidos o sensaciones de las personas y los estimula,
particularmente el oído y la vista, porque se piensa que eso es lo que atrae a
los receptores de información, que solo quieren ver y oír, pero que no utilizan
su inteligencia ni su sensibilidad social”.
En todo caso, Alfonso Lopera
considera que “el amarillismo puede ser,
por tanto, el aspecto formal del sensacionalismo éste, más que una presentación
espectacular, es un criterio, impuesto por el ánimo de llamar la atención y de
aprovecharse de la noticia. El sensacionalista ve en la noticia lo que causa
sensación, es decir, lo que excita los sentidos, y eso es lo que destaca. Los
demás elementos de la noticia, que son generalmente los esenciales, no tienen
importancia para él porque exigen demasiado al lector”
Ahora
bien, cuando refiero que este fenómeno del “amarillismo” y el “sencionalismo”
no es un recurso exclusivo del periodista, hago énfasis al uso de los medios de
comunicación, especialmente de la radio, donde personas sin formación académica
y sin ninguna credencial que valore sus capacidades para estar frente a un
micrófono, ocurre un problema de carácter ético especialmente, ya que los mensajes
que entregan solamente son partes
sórdidas o triviales de la realidad.
Es
preocupante ver como en Mérida, pseudos locutores, que leen “titulares”, no
tienen el más mínimo criterio para analizar un contenido informativo, se
atreven a imponer corrientes opináticas que solo deforman la realidad, y lo más
lamentable, es ver como instituciones del Estado o de gobierno, hacen parte de
este “circo” que solo empuja a la sociedad a ser “lumpen” social, desde el
punto de vista de la información que consume.
El
fenómeno del “amarillismo” y “sensacionalismo”, están cuestionados por la Ley
de responsabilidad social en radio, televisión y medios electrónicos, pero al
parecer, nadie le pone el cascabel al gato; además, debería ser asunto de
análisis para el Colegio nacional de Periodistas, el observar esta dinámica que
desdice de la ética profesional.
Lcdo. Giovanni Barboza / CNP 6640 / giovannibar@gmail.com