Mérida, Mayo Viernes 08, 2026, 10:53 am
Los avatares que implican la relación con el hecho
cultural y educativo en la ciudad y sus pueblos, nos colocaron de bocas a mano
frente a la visita del Embajador de Portugal en Venezuela, Joäo Pedro Fins Do
Lago, al Municipio Sucre del Estado Mérida. Acordadas como fueron las pautas de
mi tarea de Coordinador de Ceremonial y Protocolo, las tomamos con la mayor
formalidad y mesura, toda vez que participábamos, ciertamente, de un hecho
histórico sin precedentes en la entidad.
Fins do Lago
es un diplomático de carrera, egresado en Derecho de la Universidad Católica
Portuguesa, con Certificado en Altos Estudios Administrativos Europeos,
titulado por el Colegio de Europa y desde el año 2022 es Embajador en Venezuela
luego de haber representado con éxito el Servicio Exterior de la República de
Portugal en varios países. Su visita está motivada en la conformación de un
Programa de Intercambio para el aprendizaje de la lengua portuguesa más allá de
la frontera lusa.
La primera
parada fue en La Alegría Baja, comunidad que avanzó con formas elementales de
organización en la medianía del pasado siglo, gracias a la iniciativa de
Bernardino Rodrigues Do Quintal, portugués que moró allí, extrañado de su lar
nutricio en los éxodos que provocaron los vientos de la guerra europea.
Acarrear el agua desde kilómetros de distancia para fundar pueblo, rehaciendo a
pico y pala el maltrecho atajo hasta parcelar los lotes y adjudicarlos a los
colonos, fue su tarea.
Decirlo es fácil
pero el desafío de Rodrigues Do Quintal en aquellos años lo certifican algunos
testigos de los primeros que aún viven y una mayoría que es la generación que
siguió a los fundadores. En el terraplén equidistante del caserío, el lusitano
con propia mano labradora, croquis suyo y devoción intransferible a la Virgen
de Fátima, le erigió una modesta ermita que a modo de gratitud inculcó la fe en
sus vecinos que a diario elevan preces a la imagen donada por Don Bernardino.
La placa
memorativa, concedida por el Colegio Ciudad de Lagunillas, fue develada por el Señor
Embajador de Portugal y en la plática franca con los hijos y nietos de Don
Bernardino, hubo un emotivo encuentro que el diplomático subrayó en sus
palabras, pronunciadas al margen del discurso, dejado ex profeso al lado del
mesón mientras apilaba nostalgia por “este compatriota venido de tan lejos a
formarse con ustedes y a hacerse con ustedes, gracias en nombre de mi país por
el afecto”.
La sencillez se
hizo alegría en el epónimo que Bernardino asentó en aquellos años al espacio
donde concitó emociones en el legado de caros afectos que dejó a su muerte. La
caravana nos condujo al Colegio Ciudad de Lagunillas, donde un acto de
estupenda sobriedad recibió al Embajador portugués, en medio del elegante
programa cultural y académico bajo la mirada de la profesora Ana Teresa
Herrera, Coordinadora, la Directora Marlene Guillén y el Sub Director Douglas
Rivera.
Al abreviar la
entrega de los equipos electrónicos y pedagógicos del Programa para el
Aprendizaje del portugués, las emotivas palabras del Embajador hacían énfasis
“en la importancia de nuestra lengua como estrategia que nos hermana y que en
pocos años será muy útil en el mundo del conocimiento”. Elogió el trabajo
pedagógico del colegio al conocer la lengua portuguesa mientras conversaba en
fluido español con los presentes y en prudente portuñol con los jóvenes
lagunillenses.
Las Escuelas
Deportivas del Municipio entregaron a la Embajada sus potencialidades y acto
seguido, el Colegio ofreció un ágape cultural con las manifestaciones
artísticas Danzas Venezuela Extrema y la Cofradía Los Locos de San Isidro con
rituales de gran expresividad. Nos satisfizo la experiencia en la seguridad que
tanto el Programa para el Aprendizaje del Portugués en Venezuela como la
expansión de otros programas reforzarán el intercambio, más allá de la relación
meramente diplomática.
Al colofón de la
jornada diplomática, nos recibió la tribu quinaroe, que al mando de los
historiadores Acacio Zerpa y Alexis Valero loan el aporte de las culturas
originarias en la lucha por preservar los rasgos idiomáticos ancestrales.
Discretamente, el Señor Embajador de la República de Portugal Joäo Pedro Fins Do Lago
recalcó la necesidad de tutelar esas expresiones culturales “vivas desde
siempre en el corazón de estos pueblos que son orgullo de la humanidad”.