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Cuando la diplomacia se conjuga con el indigenismo por Ramón Sosa Pérez

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Ramón Sosa Pérez


Los avatares que implican la relación con el hecho cultural y educativo en la ciudad y sus pueblos, nos colocaron de bocas a mano frente a la visita del Embajador de Portugal en Venezuela, Joäo Pedro Fins Do Lago, al Municipio Sucre del Estado Mérida. Acordadas como fueron las pautas de mi tarea de Coordinador de Ceremonial y Protocolo, las tomamos con la mayor formalidad y mesura, toda vez que participábamos, ciertamente, de un hecho histórico sin precedentes en la entidad.

Fins do Lago es un diplomático de carrera, egresado en Derecho de la Universidad Católica Portuguesa, con Certificado en Altos Estudios Administrativos Europeos, titulado por el Colegio de Europa y desde el año 2022 es Embajador en Venezuela luego de haber representado con éxito el Servicio Exterior de la República de Portugal en varios países. Su visita está motivada en la conformación de un Programa de Intercambio para el aprendizaje de la lengua portuguesa más allá de la frontera lusa. 

La primera parada fue en La Alegría Baja, comunidad que avanzó con formas elementales de organización en la medianía del pasado siglo, gracias a la iniciativa de Bernardino Rodrigues Do Quintal, portugués que moró allí, extrañado de su lar nutricio en los éxodos que provocaron los vientos de la guerra europea. Acarrear el agua desde kilómetros de distancia para fundar pueblo, rehaciendo a pico y pala el maltrecho atajo hasta parcelar los lotes y adjudicarlos a los colonos, fue su tarea.

Decirlo es fácil pero el desafío de Rodrigues Do Quintal en aquellos años lo certifican algunos testigos de los primeros que aún viven y una mayoría que es la generación que siguió a los fundadores. En el terraplén equidistante del caserío, el lusitano con propia mano labradora, croquis suyo y devoción intransferible a la Virgen de Fátima, le erigió una modesta ermita que a modo de gratitud inculcó la fe en sus vecinos que a diario elevan preces a la imagen donada por Don Bernardino.

La placa memorativa, concedida por el Colegio Ciudad de Lagunillas, fue develada por el Señor Embajador de Portugal y en la plática franca con los hijos y nietos de Don Bernardino, hubo un emotivo encuentro que el diplomático subrayó en sus palabras, pronunciadas al margen del discurso, dejado ex profeso al lado del mesón mientras apilaba nostalgia por “este compatriota venido de tan lejos a formarse con ustedes y a hacerse con ustedes, gracias en nombre de mi país por el afecto”.

La sencillez se hizo alegría en el epónimo que Bernardino asentó en aquellos años al espacio donde concitó emociones en el legado de caros afectos que dejó a su muerte. La caravana nos condujo al Colegio Ciudad de Lagunillas, donde un acto de estupenda sobriedad recibió al Embajador portugués, en medio del elegante programa cultural y académico bajo la mirada de la profesora Ana Teresa Herrera, Coordinadora, la Directora Marlene Guillén y el Sub Director Douglas Rivera.

Al abreviar la entrega de los equipos electrónicos y pedagógicos del Programa para el Aprendizaje del portugués, las emotivas palabras del Embajador hacían énfasis “en la importancia de nuestra lengua como estrategia que nos hermana y que en pocos años será muy útil en el mundo del conocimiento”. Elogió el trabajo pedagógico del colegio al conocer la lengua portuguesa mientras conversaba en fluido español con los presentes y en prudente portuñol con los jóvenes lagunillenses.

Las Escuelas Deportivas del Municipio entregaron a la Embajada sus potencialidades y acto seguido, el Colegio ofreció un ágape cultural con las manifestaciones artísticas Danzas Venezuela Extrema y la Cofradía Los Locos de San Isidro con rituales de gran expresividad. Nos satisfizo la experiencia en la seguridad que tanto el Programa para el Aprendizaje del Portugués en Venezuela como la expansión de otros programas reforzarán el intercambio, más allá de la relación meramente diplomática.

Al colofón de la jornada diplomática, nos recibió la tribu quinaroe, que al mando de los historiadores Acacio Zerpa y Alexis Valero loan el aporte de las culturas originarias en la lucha por preservar los rasgos idiomáticos ancestrales. Discretamente, el Señor Embajador de la República de Portugal Joäo Pedro Fins Do Lago recalcó la necesidad de tutelar esas expresiones culturales “vivas desde siempre en el corazón de estos pueblos que son orgullo de la humanidad”. 





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