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Por Néstor Abad Sánchez

Matria bailadorense (27)

Carmen Rondón Molina: memorista de San Pablo En su centenario, entre el trabajo y la familia por Néstor Abad Sánchez



Matria bailadorense (27)

Carmen Rondón Molina: memorista de San Pablo En su centenario, entre el trabajo y la familia por Néstor Abad Sánchez

 Opinión,

Dedicado a sus hijos, nietos y bisnietos

 “La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”

 Johan Paul Friedrich Richter (1763 - 1825) Escritor y humorista alemán

Pocas personas tienen el privilegio de llegar a la senectud con la memoria intacta, la moral y la frente en alto, porque su vida es ejemplar, un camino a seguir y un legado para recordar. Además, que sus buenos recuerdos permanecen intactos y son su refugio particular e intransferible, es lo único que nadie puede quitarles, están a salvo en sus mentes y constituyen su máxima identidad. Aunque para otros, si esos recuerdos son malos, pueden constituirse en su prisión de la que tampoco podrán ser expulsados.

En el caso de doña Carmen Rondón Molina (Los Giros, Zea enero 18 de 1926) sus bienhechores recuerdos están signados por la experiencia y una vida dedicada al trabajo, afectos y gratos momentos del pasado, son su refugio al que el tiempo no llega, pareciera que más bien se detuvo a la vez que avanza, como bien dijo Gabriel García Márquez (1927 - 2014): “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado” Si alguien tiene sobradas razones para llamarla memorista y la mujer más longeva de San Pablo, Bailadores es doña Carmen Rondón Molina.

Dicho por el poeta y médico estadounidense Oliver Wendell Holmes (1809 - 1894): “La memoria es como una red: uno la encuentra llena de peces al sacarla del arroyo, pero a través de ella pasaron cientos de kilómetros de agua sin dejar rastro” pero este no el caso de doña Carmen Rondón Molina, quien hoy arriba al centenario de su nacimiento; se los dice alguien que ha pasado toda su vida a compartiendo con personas mayores. La memoria de doña Carmen es única y competitiva por igual entre el pasado y el presente. Recuerda con exactitud sus pininos en Zea, su llegada veinteañera a San Pablo y las últimas hallacas que ayudó a elaborar en diciembre como en sus mejores tiempos.

Esta primera centena de doña Carmen Rondón Molina no ha sido fácil, el trabajar para otros ocupó la mayor parte de su vida. Nacida en Zea, “Tierra de horizontes” bajo la mirada protectora del Santo Niño de la Cuchilla, en el hogar de José del Carmen Rondón y Eladia Molina naturales de Bailadores; su mamá era hermana de don Juan de Dios Molina. Al morir su progenitora, con sus hermanos fueron repartidos, a ella la enviaron a la tierra llana donde murieron dos de sus hermanas de paludismo y como enfermó fue traída a la casa de doña María Teresa Valbuena de Altuve cerca de la plaza en Zea. Luego la señora Oliva la trajo a San Pablo adonde su tía Zoila, terminando así su vida trashumante c.1945 en casa de doña Ana Ramírez de Carrero, donde funcionaba la escuela de primeras letras, siendo Doña Ana la maestra y que terminaría como cuñada al contraer matrimonio con su hermano Alipio Ramírez.

Doña Carmen Rondón Molina es madre de seis hijos: Enrique n. 1949 ya fallecido, Leyda n. 1952, Miguel, Luz María y Otto, morochos 1960; cuenta como anécdota que primero nació la hembra y el médico le dijo: “siga pujando que ahí viene otro” y reflexiona “que iba a saber uno, si en ese tiempo no había sino parteras que lo preparaban a uno -en el caso de San Pablo era doña Delia Durán-, nada de equipos”. Todos nacidos en el viejo Hospital San José de Tovar. Tiene 14 nietos, 16 bisnietos -viene otro en camino- y 6 tataranietos, aspira conocer un trasbisnieto. Lo asombroso es que señala con lujo de detalles los maestros de sus hijos, el orden de nacimiento de sus nietos, 5 hembras y 9 varones, los bisnietos por cada nieto, incluso que su último tataranieto nació el pasado 20 de diciembre, ni sus nietas lo recordaban. Los enumera con sus dedos, sin lugar a equivocaciones. A modo de broma sus nietas le alteran el orden y ella las corrige.

Narra que en San Pablo para finales de los 40 del siglo pasado existían pocas casas y las refiere: la de Ana, hermana de la señorita Josefa. La de doña Petra. La de Jesús María Mora, más allá la de Ovidio Mora y más acá la de Elio Mora papá Rufo, Humberto, Olinto, Elvidio, Elda, Blanca y Omaira que aún viven. Las del lado de arriba de El Puente. Todo de manera fotográfica o como si las estuviese recorriendo. Me habló de cuántos alumnos estudiaban en la escuela privada de doña Ana, hasta recuerda algunos nombres.

Esta conversa con doña Carmen, me trajo muchos recuerdos familiares, tan adeca como mi mamá, me inquirió por mi tía Rosita y de cuándo dio clases en la escuela. Le pregunté por sus pasatiempos y me dijo: “nada de eso”. Lo único que ha hecho en su vida es trabajar. Poco tiempo para las diversiones, aunque “bailar sí”, me acotó. Recuerda que, en la Romería del Santo Niño, le daban comida a la gente. Zurcía a mano. Hablamos de las misiones, “que se casaba mucha gente” y de cuándo en 1972 edificaron la capilla de San Pablo. De la carretera vieja y por donde pasaba, antes de construirse El Puente. Quise saber del padre Pernía y me manifestó “que era muy bravo”, pero que la gente comentaba “ese padre si es santo”.

Para despedirme, antes de compartir un café con paledonia, le pregunté ¿doña Carmen como se siente para sus 100 años? y se rio antes de responderme “bien”, le dije siéntese contenta que van a volver a mandar los adecos y se rio con más ganas. ¿Qué quiere en sus 100 años? y fue tajante “Salud, que más puede uno pedir”. Su mayor deseo se cumplió “que se llevaran a Maduro” y desde ya se prepara para cuando le toque volver a votar, ahí si ve bien “yo siempre he votado” y en la pandemia se negó a vacunarse.

Me fui, no sin antes darle un gran abrazo, tomarme una fotografía y cavilando con su prodigiosa memoria, ya la mía me falla, como envidio la suya. Feliz cumplesiglo doña Carmen, centenaria venerable y memorista de San Pablo, que Dios le de mucha salud, paz y tranquilidad. Sus únicos achaques son su sordera y que le cuesta ver. No toma medicinas. Todavía es la voz cantante en su casa y en la de sus hijas. Quedamos en conversar nuevamente.

 

Néstor Abad Sánchez

Centro de Saberes Tovar, enero 18, 2026

centrodesaberestovar@gmail.com