Mérida, Abril Sábado 18, 2026, 10:44 pm

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Por Alfonso Ramírez Medina

Carlos Briceño Vera. Oración fúnebre por Alfonso Ramírez Medina



Carlos Briceño Vera. Oración fúnebre por Alfonso Ramírez Medina

Hoy hablaré de un amigo.

La vida de Carlos estuvo unida a privaciones económicas y afectivas. Esa misma vida llena de amarguras le concedió supremas alegrías: Carlos se fue a vivir a España, allá consiguió trabajo como peón de caballeriza en la Casa Domecq -  y según su testimonio - conoció más de treinta países en esos andares.

 En un fin de semana veraniego, decidió conocer Moscú con sus exiguos recursos económicos. Llegó en tren, y se encontraba cabizbajo en el Metro de Moscú, pensando cómo resolvería su manutención en ese extraño país,  y con ese idioma más extraño aún; y justo en ese momento, sintió una mano posándose sobre su hombro: era J. A. Montilla, su paisano de Tovar, justo en el centro de Moscú. Según me contó, estuvieron parrandeando tres días seguidos. Así era su vida, llena de contrastes.

 Hoy hablaré de un amigo.

Un amigo es quien dice a uno las más rudas verdades, no quien asiente nuestros más crasos errores complacientemente. Siempre critiqué a Carlos y él me criticó a mí: creo que por eso éramos verdaderos amigos.

En un momento plantearon que Tovar arribaría a un supuesto tricentenario. Mi padre, Alfonso Ramírez, se opuso rotundamente a eso, con la inobjetable razón de que Tovar nunca fue fundado, si no, conformado progresivamente. Carlos, El Banderólogo, como le decíamos cariñosamente, arguía que de asumir el tricentenario la ciudad de Tovar recibiría grandes recursos de la administración central.  Mi padre dijo que por conseguir unos pocos cobres, no estaba dispuesto a pasar a la historia como un mentiroso; y afortunadamente triunfó su tesis.

 Hoy hablaré de un amigo.

Tengo que decir que Carlos fue torero, político, músico, poeta, compositor y vexilólogo  - por lo que Juan María Ramírez, con su afiladísima lengua, lo hizo pasar a la historia como El Banderólogo -. Eso sí, todas estas capacidades son insignificantes en comparación a su capacidad principal: la de ser amigo. Siempre que pudo ayudarme lo hizo,  y lo hizo desinteresadamente. Esta es la razón principal por la que estoy hoy frente a ustedes.

Carlos, junto a Luben Petkoff, fue a Cuba a traer ganado Siboney a Venezuela. Para aligerar el cuento, ese ganado era de mala calidad y no prosperó en Venezuela. Luben se volvió rico y Carlos siguió siendo el mismo pobre. Saquen ustedes sus conclusiones.

Parte muy importante de la vida de Carlos, fue la tauromaquia a la usanza española: como novillero, como apoderado, como empresario, como miembro de la comisión taurina y también hay que decirlo: como pesero, porque tuvo una carnicería aquí en la Plaza Bolívar de Tovar.

 Hoy he hablado de un amigo.

Despedimos a Carlos con la satisfacción de haber conocido a un ser humano en cuya alma no cabía la maldad, a pesar de todas las traiciones que sufrió, nunca pensó en vengarse y siempre perdonó.

Adiós amigo.