Mérida, Mayo Lunes 11, 2026, 11:04 am
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Fotos: Plaza 1
Y nos dieron las diez como homenaje a Sabina, el cantante y poeta al que le hubiese gustado ser torero. Con toda la noche encima arrastraron al último, que era el octavo de un festejo que se alargó tres horas. No merecía ese final, como tampoco merecía ese principio, la corrida de Conde de Mayalde, de extraordinarias hechuras y buen juego, nobles y con fijeza, con ese cuello que se descolgaba desde que aparecían por chiqueros. Un lujo que se les escapó a las figuras. Así se viene a Madrid, ganadero. A pesar de su interminable metraje, fue una corrida interesantísima, en la que Román cortó la única oreja de un gran toro, pero al conjunto le colgaban más.
Cuando el reloj rondaba las nueve y media, David Galván abandonaba la enfermería para rematar su cita. Lo hizo con un vendaje a modo de fajín que cubría los dolores por la dura cogida en su turno de quites al tercero. Por su percance, se modificó el orden de lidia y el que iba a ser cuarto salió en sexto lugar. O eso pensábamos, porque Boticario andaba sin la vitamina de la fortaleza y asomó el pañuelo verde mientras la mitad del público pegaba la 'espantá'. El frío calaba los huesos y muchos no querían perderse la segunda parte del clásico. Con toda la noche en lo alto, con la bandera anudándose en el tejadillo y los tendidos tapándose la testa con la almohadilla, apareció el segundo sobrero de Bohórquez, un tanque. Meritísimo el gaditano, que sacó todo el fondo que tenía. Incluso más, gracias a su excelente trato. Firme y seria su tarde, de las que puntúan aunque no se refleje en el marcador.
El de San Fernando se había anunciado con la de Mayalde, pero acabó matando dos de Fermín. Con el hocico hacia delante y el cuello descolgado salió el titular Jibelino, de extraordinaria expresión. Se estrelló y giró el cuello contra el burladero de areneros y luego hincó los pitones en el saludo, no solo por falta de poder, sino por esa entrega. Vaya lidia: un tironazo dio paso al moquero verde. Qué pena, con la calidad que tenía el condeso. Del día a la noche se pasó con el sobrero de Bohórquez, un búfalo con cara de viejo, que sorprendentemente embistió. Por alto, bajo el 7, comenzó la faena Galván. Cambió de terrenos hasta el 6 y entre las rayas, en paralelo a las tablas, buscó las vueltas sobre la derecha, aprovechando la obediencia de Noruego. Un milagro su humillación por el izquierdo, repitiendo con transmisión. Serio el toro y seria la labor del gaditano, que expuso y dibujó naturales soberbios con Eolo incomodando. Dos capítulos después, Joyero lo prendió en las chicuelinas del quite. Trató de hacer la croqueta y, sobre la arena, el toro le pegó un pitonazo en la espalda. Las cuadrillas lo trasladaron a la enfermería.
Por el percance, en cuarto lugar apareció el cinqueño Enarbolado, con dos perchas. Román brindó a la Infanta Elena una emocionantísima pieza. El valenciano concedió distancia kilométrica, adelantó las telas y se lo dejó llegar, arrastrando la bamba, llevándolo muy tapado, sin apenas un toque. Se echó la muleta a la izquierda y aguantó la venida del toro sin importarle el viento. Qué meritazo. Vibraba la plaza con el pronto y alegre galope del condeso, con nobleza, fijeza y humillación. Mucho que ver tuvo Román, formidablemente generoso con Enarbolado, luciéndolo en series que calaban hondo en Madrid. Buena faena e inteligente planteamiento, con la mácula de ese final sin limpieza. Sabía el torero que había premio y mató en la suerte de recibir de una estocada en lo alto, algo sueltecita. De ley la oreja y lujosa la ovación en el arrastre al de Mayalde.
La mulilla desbocada
No solo entonces rondó un triunfo mayor, pues antes le tocó la guapeza de Escultor, entregado desde la salida. Vio sus virtudes Román, brindó y en los mismísimos medios citó. De punta a punta, luciendo la arrancada en una primera serie a media altura para cuidar las fuerzas. Lo apretó más en la siguiente, con el chorreado repitiendo. Cuando abrió los espacios, el animal miró las tablas. Y cerca de ellas planteó otra faena, con todo muy a menos. Una desgracia estuvo a punto de ocurrir cuando la mula de mano se desbocó al sentir el tiro, llevándose por delante a uno de los mulilleros.
Volvía Gonzalo Caballero a Las
Ventas y pesaba el aire más que de costumbre. El peso de la ausencia, con un
crespón imaginario. Era un lazo cosido con el hilo invisible de las lágrimas
por María, la niña de la sonrisa eterna. «Va por ti, pequeña», parecía decir en
cada lance, con su nombre en el reverso del capote. Una lección impartiría en
su lote Iván García, en banderillas y en la lidia. Luego la voluntad de
Caballero no bastó, pese a su disposición por agradar.
FICHA DEL FESTEJO
Monumental de las Ventas. Domingo, 10 de mayo de 2026. Tercera corrida. Casi lleno.
Toros de Conde de Mayalde, de extraordinarias hechuras y buen juego, y Fermín Bohórquez (1º bis y 6º bis), dos tanques, con el 1º rompiendo a embestir.
David Galván, de lila y oro:
media delantera y descabello (saludos tras aviso); estocada (saludos).
Román, de grana y oro: cuatro
pinchazos, media atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso); estocada
recibiendo (oreja tras aviso).
Gonzalo Caballero, de rosa y oro:
pinchazo, media tendida y seis descabellos (silencio tras aviso); pinchazo y
estocada caída (silencio tras aviso).