Mérida, Octubre Martes 06, 2026, 11:07 pm
Detrás
de su aparente seriedad se escondía una bondad infinita
“El Padre Ramón Emilio(…)
muy joven, rígido, severo, de mal carácter, pero, con un corazón noble, humano,
sensible y solidario. Le gustaba que todo se hiciera bien. Era enemigo de la
adulancia, de los homenajes y reconocimientos. Era un verdadero Pastor, amante
de su rebaño, el pueblo de a pie, el pueblo campesino, pobre y olvidado”
Así lo
recuerda Absalón Méndez Cegarra, su
monaguillo c.1956
Aunque su sola presencia infundía respeto, su seriedad era más de apariencia que severidad. A pesar que no aceptaba nada en contra de los preceptos de la sana convivencia con y dentro de la iglesia, quien los trasgredía asumía o estaba expuesto a su inmediato reproche, por el contrario los que andaban con rectitud se ganaban su consideración y estima.
Amigo de los jóvenes, con quienes le gustaba compartir y brindarles todas las oportunidades para que se acercaran al Cristo redentor... Gerardo Aldana nos refiere sus aventuras con el padre Pernía, siendo apenas un adolescente de 16 años: “…en su Jepp azul de siempre, corrimos y recorrimos las vías de la parroquia y en esas ocasiones conversaba y nos contaba de sus andanzas de sacerdote joven, haciendo pastoral social en las comunidades, recuerdo que vía a la Aldea de Mariño, teníamos que parar a cada rato por que los mayores de la aldea con solo ver subir el Jepp que reconocían, salían a la carretera a su encuentro con un enorme sentimiento de gratitud por los bienes espirituales y materiales que él les ayudó a obtener, carretera construida a pico y pala con él a la cabeza…” (Artículo inédito que saldrá publicado en la revista con motivo de su centenario) Así mismo ocurría cuando frecuentemente visitaba la aldea de Las Tapias o de La Playita. Fue notable el empeño del padre Pernía en preparar a los jóvenes para que participaran el 15 de abril de 1984 en el Jubileo de los Jóvenes convocado por el papa Juan Pablo II.
Cuenta Absalón Méndez Cegarra, monaguillo c.1956 hoy octogenario, en semblanza inédita; que el padre Pernía al primer año de haber llegado a Bailadores instituyó la celebración de la primera misa de aguinaldos en la aldea Mariño y “El viaje a Mariño era un deleite. ...Lo disfrutábamos mucho y comíamos muy bien. La casa anfitriona del señor Molina, muy cerca de la Capilla de Mariño, nos facilitaban un cuero de vaca seco. Sobre ese cuero nos montábamos el Padre y los monaguillos y nos lanzábamos por una pronunciada colina. Pasábamos por encima de él y, él, por supuesto, por encima de nosotros. Un muchacho más”
Por su parte, Milton Alexander Ramírez Mora nos relata ¡cómo se impresionó el padre Pernía el día que descubrió las bondades de la internet!: “…me dijo que él quería… sobre Exegesis Medieval, cuando introduje ese nombre, automáticamente aparecieron, citas, textos, libros…, del Jesuita francés Henry de Lubac, de Hans von Balthasar un teólogo suizo que profundizo sobre las tesis de Exegesis Medieval, y viendo su asombro en su mirada de hombre enamorado de la lectura, le imprimí varias hojas…” dado el interés del padre acordaron verse fuera de la hora del mediodía para no interrumpir el trabajo y así estando solos en la oficina poder lograr una mejor indagación. Para sorpresa de Milton al otro día llegó puntual “…con todo el material que le había impreso, subrayado y con anotaciones…, en colores rojo y azul, …usaba un lápiz bicolor, donde citaba autores y me pedía que las buscara para tener más información al respecto” Era a tal punto su honestidad que un día le llegó a Milton “…con una resma de papel, para reponer el que se había llevado impreso” y a pesar que le dijo que no se molestara que en la Alcaldía había, seguía insistiendo hasta que le mostró una gaveta con varias resmas. Sólo así accedió.
En una de esas visitas, Milton quiso sorprenderlo con un material impreso previamente y colocado en sobre manila, cuando llego con más datas de búsqueda se lo entregó y le dijo: “…Padre un presente. Frunció el ceño, tomo el sobre, vio el material y sus ojos brillaron, tenía en sus manos un ejemplar del periódico El Observatore Romano, el mismo que el recibía después de semanas de publicado, a través de suscripciones…”, su respuesta no se hizo esperar “…esto es una maravilla, tener como cura de pueblo el periódico publicado por la Santa Sede del día, es genial,…” De esta manera el padre Pernía comprendió que podía enterarse y conocer en tiempo real las Encíclicas, orientaciones y actividades propias del Vaticano… parecido ahora que en plena era de la globalización la mayoría de los sacerdotes malgastan la IA en flayers y salir de paso en sus homilías. Son pocos o contados los que verdaderamente la usan para investigar y profundizar sus conocimientos. Al punto que el papa León XIV exhortó a los sacerdotes de la Diócesis de Roma que “no utilicen la inteligencia artificial (como ChatGPT) para redactar sus homilías o sermones” y ha insistido constantemente en su llamado a “desarmar” la IA y en su defecto “priorizar la dignidad humana, la paz y el discernimiento frente al riesgo de manipulación o pérdida de la reflexión” (Los invito a leer y analizar la primera encíclica del papa León XIV intitulada Magnifica Humanitas, firmada el 15 y publicada el 25 de mayo de 2026, coincidiendo con el 135.º aniversario de la Rerum Novarum. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html) Valga la digresión oportuna y necesaria.
Estas tres referencias o narraciones precedentes de hechos ciertos que pueden ser muchos más, son suficientes por su bondad, pasión como formador o reformador de la juventud, guía espiritual y ávido buscador de conocimientos para calibrar la calidad humana del Pbro. Ramón Emilio Pernía Noguera (1926-2017). Si fuese necesario erigirle una estatua esta tendría que ser modelada con un libro entre sus manos.
El lado humano del padre Pernía tiene muchas miradas que confluyen en una sola: era un ser excepcional, dotado de una humildad sin par, siempre de bajo el perfil como "peregrino y sabio" debido a su profunda intelectualidad combinada con una sencillez extrema para conectar con el pueblo.
Este aspecto de su vida está íntimamente ligado a su origen humilde, es el quinto de seis hermanos, aunque una de sus hermanas murió al poco tiempo de nacer; su mamá se dedicada a los oficios del hogar y a la costura, fue ella quien le enseñó las primeras letras y oraciones; con su padre cultivó su cercanía con los hombres de a pie y del campo. Además, y a pesar que una vez ordenado sacerdote poseía una vasta cultura por sus lecturas de la alta teología, en especial la obra de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) que sintetiza la filosofía de Aristóteles y la fe cristiana, nunca perdió el trato llano y sincero con los feligreses de los pueblos andinos de Santa Cruz de Mora, Canaguá, San Cristóbal de Torondoy, Palmira en los límites del municipio Montecarmelo - Trujillo, Piñango, Arapuey, Bailadores Lagunillas y San Juan, donde ejerció su magisterio durante 46 años, 9 meses y 12 días. Para el padre Pernía, al igual que Santo Tomás de Aquino: “El estudioso es el que lleva a los demás a lo que él ha comprendido: la verdad”
Por otra parte, quienes lo conocieron en su inicio sacerdotal recuerdan que a pesar de su preparación, sentía el mismo temor y temblor de cualquier ser humano al enfrentarse a la inmensidad de guiar a una comunidad en la fe, pero todos coinciden o lo evocan como un hombre de palabra oportuna, testimonio fiel y una generosidad incomparable al momento de trasladarse para acompañar a los enfermos o a los más necesitados.
Son
incontables los episodios del desprendimiento material del padre Pernía. Me contó su sobrino Ciro Pernía que cuando le tocó encajar su biblioteca para
trasladarla a San Juan, encontró entre los libros y en cajas un sinnúmero de
sobres con colaboraciones de la gente que nunca abrió y el profesor Oswaldo Carrero Pérez me confesó que
cuando lo llevó en 1997 a operarse en Puerto la Cruz con el Dr. Rutilio Mora,
al regresar le reintegró al arzobispo de entonces hoy Cardenal Porras Cardozo los
25 mil bolívares -era una fortuna- que le había dado para cubrir gastos de
logística y, a los días estaba acudiendo al vicario parroquial a fin que lo
auxiliara con 10 bolívares para pagar un repuesto del jeep, cuando el profesor le
preguntó porque lo había hecho, le dijo “como usted no me dejó gastar nada, yo se
los devolví porque otro los ha de necesitar” Esa es una lección de
honestidad que sólo es posible en un hombre de una verticalidad absoluta, muy
difícil de tropezar en el tiempo de voracidad y lujos que vivimos.
Cuando escribo conmovido estas líneas no dejo de pensar en la figura del padre Pernía como la de un auténtico adelantado a su tiempo, cuyo estilo pastoral encarna a la perfección en lo que hoy la Iglesia católica promueve bajo el concepto de sinodalidad, que fue relanzado con fuerza por el Papa Francisco como el "caminar juntos" que no es otra cosa que escuchar a las bases, dar protagonismo a los laicos, salir a las periferias y construir comunidad desde la cercanía y no desde el autoritarismo. ¿Acaso eso no era eso lo que hacía el padre Pernía en su día a día? Este será el tema de mi último artículo (9/9), aunque no soy experto en la materia.
Por
las razones expuestas puedo concluir que su legado humano permanece vivo en la
memoria colectiva local y regional como el ejemplo de un pastor que nunca
permitió que la dignidad de su investidura o su intelecto lo distanciaran de la
realidad y el sufrimiento de su gente. La historia recordará al padre Pernía independientemente que
logré o no alcanzar su santidad -ya es santo a los ojos del pueblo-, como un
sacerdote que más allá de dedicarse a administrar los sacramentos fue un pastor
que entendió la Iglesia como un pueblo en marcha,
donde las decisiones y la vida comunitaria se construyen en conjunto. “Hay que hacer un país decente,
si es que creemos en Cristo!”, 1971.
Néstor Abad Sánchez
La Abadía, octubre 5, 2026