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Por Edmundo Romero Bermúdez

Apuntes de un melómano

La banda sonora de los adultos mayores (I) por Edmundo Romero Bermúdez



Apuntes de un melómano

La banda sonora de los adultos mayores (I) por Edmundo Romero Bermúdez

Con cierta frecuencia hemos escuchado o leído la expresión metafórica “La banda sonora de nuestras vidas” para referirse a la música que nos ha acompañado en nuestra efímera trayectoria terrenal y que tal vez por condicionamiento establecemos una relación emocional entre lo vivido y el maravilloso arte de las musas, acompañamiento que ha venido reforzándose cada vez más al punto que está a nuestro alcance casi que permanentemente debido al avance tecnológico de los medios de comunicación.

La banda sonora del segmento poblacional denominado “adulto mayor” al cual pertenezco que recorrió su infancia y adolescencia durante las décadas de los 60’ y los 70’, tuvo como parte de su contexto histórico relevantes acontecimientos que influenciaron en las creaciones musicales. A tan sólo 15 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, con la denominada Guerra fría en pleno desarrollo, la guerra de Vietnam, la Revolución cubana, La primavera de Praga, El mayo francés y La matanza de Tlatelolco fueron algunos de los acontecimientos de esa época en la cual la juventud comenzó a expresar su natural rebeldía e inconformidad contra las rígidas estructuras impuestas por los grandes centros de poder y su dialéctica se orientó hacia las libertades humanas y la posibilidad de una realidad donde la paz y el amor fueran los fundamentos de la existencia. La aparición del movimiento hippie aglutinó una parte significativa del acontecer cultural del momento e influenció la dinámica musical; individualidades y agrupaciones musicales juveniles cuyos cabellos largos y vestimentas llamativas para la época reflejaban la rebeldía contra lo establecido por la dinámica social exponían canciones llenas de mensajes de amor y paz, llamados a la espiritualidad y sus referentes, críticas contra la guerra enmarcados musicalmente en híbridas sonoridades melódicas que buscaban cabida armónica con los contenidos de sus letras.

En la escena musical venezolana se conformaron agrupaciones juveniles con diversas propuestas que iban desde versiones literales y adaptaciones a nuestro idioma de producciones del mercado anglosajón hasta creaciones originales en arreglos y contenidos, algunas de estas agrupaciones fueron tan relevantes que posteriormente sus liderazgos se convirtieron en significativos productores, arreglistas, compositores e intérpretes con una magnitud tan grande que figuraron protagónicamente durante décadas posteriores, Edgar Alexander, Rudy Márquez, Trino Mora, Carlos Moreán y Pablo Manavello fueron algunos de ellos. He aquí una muestra de lo que estamos exponiendo:

 

Tiempo para amar (Edgar Alexander) – Azúcar, cacao y leche (1971) https://www.youtube.com/watch?v=HTKnxWNmaWg

Hombre formal – Trino Mora (1972) https://www.youtube.com/watch?v=26VRFxBbK_s

Quiero ser yo – Rudy Márquez (1972) https://www.youtube.com/watch?v=klbaqKStTuY

Dado que la existencia la considero un entramado donde todas y cada una de sus partes se entrelazan, se correlacionan, se complementan y se sustentan entre sí para dar como resultado lo que somos, es lógico asumir que la música a la cual me estoy refiriendo dejó en mi generación una inclinación hacia el amor, la paz y la justicia y por ende cada vez que la escuchamos nos abre las puertas para entrar plácidamente en esa dimensión donde la posibilidad de un mundo mejor siempre está latente.

Hasta una próxima entrega de “Apuntes de un melómano”