Mérida, Abril Martes 21, 2026, 05:55 am
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Fotos: Arjona
Como ofrenda se presentó Morante ante el toro. Ante cualquier toro. Porque lo hace absolutamente con todos, echando raíces como los ficus centenarios de los jardines de Murillo. Pero el cuarto, Clandestino de bautismo, no lo perdonó. Y a las ocho acabó la felicidad de los morantistas, que habían abarrotado los tendidos para ver al genio. Herrado con el número 178, de 512 kilos, este castaño -que había salido suelto- se emplazó en los medios, no atendió a su confiado capote y lo arrolló. Con toda su fuerza bruta, el pitón se hundió a la altura del glúteo, donde se llevaba la mano José Antonio, tendido en el albero, con los pisotones de Clandestino. Sobre una camilla de plata y azabache se lo llevaron las cuadrillas a la enfermería. Cuando la tarde se hacía noche, se hizo oficial el parte médico: «Cornada en margen anal posterior, con trayectoria de unos diez centímetros, lesionando parcialmente la musculatura esfinteriana anal y con perforación en la cara posterior de recto de 1,5 centimetros. Lavado de herida y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio posanal y retrorrectal. Pronóstico muy grave». Durísimo tabaco.
Minutos antes, Borja Jiménez era aupado a hombros por la puerta de cuadrillas después de perder por segunda tarde consecutiva una Puerta del Príncipe que lo llamaba. Tuvo un lote para encumbrarse y lo toreó soberbiamente. Qué gran corrida de Matilla, que volvió por todo lo alto a la Maestranza ya sin Ramón Valencia, su mano derecha, como empresario. Difícil será que un conjunto ganadero empate en entrega, clase y bravura a los de García Jiménez. Chapó por el ganadero.
Por la mañana, Juan José Domínguez había rebuscado
las bolitas y solo palpaba dos; la otra se había metido en el forro del
sombrero. Y el sorteo tuvo que empezar de nuevo: «El 37 y el 178», anunció el
subalterno de Morante. Y a ese 37, llamado Pelifino, le cuajó una pieza de
carísimo toreo. En pie se había puesto el público tras el paseíllo para
tributar una ovación al sevillano, preocupado por igualar la histórica jornada
del jueves. Decía a los suyos que no sabía qué más hacer. Pero cada tarde con
Morante es una noche de Reyes, una sorpresa tras otra. Mágica aquella primera
faena, completísima con capote, muleta y espada. De dos orejas inapelables. De
verdad, ¿se puede comparar esa obra de arte con otras de idéntico premio de
días atrás? Qué poca sensibilidad artística, señor presidente. Y con el primer
toro, lo que siempre da un plus más de dificultad y de importancia.
Mientras Morante se echaba el capote a la espalda llegaron ecos del polo de Tobalo. Con la pata p'alante, exponiendo, toreando con compás. Pasándoselo por el lugar donde se muere. Ceñido y despacito. Con esos sones transcurrió la pieza, en la que aprovechó el sostenido temple de Pelifino. A dos manos la apertura -si lo hace en Madrid se cae la plaza-, con uno rodilla en tierra para pintores. Una banderilla le partió las telas y tuvo que cambiarlas. Con las nuevas se abandonó en redondo, fundido con el animal. Morante era entonces el Minotauro de La Puebla del Río. En la mano de la cuchara se centró, vertical y puro, mientras sonaba el pasodoble faraónico de Curro Romero. Todo era bellísimo, una armónica sinfonía de la que no queríamos despertar. El bueno y obediente de Pelifino fue perdiendo empuje, pero nunca nobleza. Respetó al torero, que se le presentaba como una ofrenda: «Tuyo soy, haz conmigo lo que quieras», parecía decirle mientras aguantaba paradas y sentía la respiración por la taleguilla. Intercaló la zocata con el toquecito requerido, pero fueron los naturales últimos, de pecho ofrecido, el oro molido. ¡Qué barbaridad! Cómo aguantó la dormilera del toro. Quieto como un junco. Derecho como una vela ejecutó la suerte suprema. «Ahora va a resultar que también es el que mejor los mata», decía el maestro Curro Vázquez. Hasta la empuñadura la estocada. ¿Alguien tenía dudas de que aquello era de doble trofeo? Sí, uno: el presidente. Allá él.
La alegría acabó en el cuarto, cuando Clandestino lo envió al hule. Tuvo que hacerse cargo del toro Borja Jiménez, sembrado toda la tarde, salvo con la espada... El de Espartinas, que venía de pincharle la gloria a los victorinos, apareció con hambre de poder y redención. Sabía que no podía escapársele la Puerta del Príncipe. Entre ceja y ceja la tenía. Con qué profundidad toreó a Clandestino, que rompió a embestir por abajo en la muleta. Y cómo lo sometió el de Espartinas, con la bamba a rastras, ralentizado. Rotundísimo, pero pinchó -un pitonazo se llevó en el segundo encuentro- y cambió el doble galardón por la vuelta al ruedo en una faena que tuvo el gesto de brindar a Morante. Una oreja había cortado a su extraordinario primero, al que cuajó formidablemente, con aquilatadas series y mucho gusto. De categoría. Le faltaba la bala del sexto (se corrió turno por el percance del cigarrero), colocado de pitones, el más serio, con una transmisora casta a la que había que ir puliendo el punteo. Ansioso por el triunfo, se marchó a la puerta de chiqueros en la bienvenida, pero lo verdaderamente emocionante fue el inmenso ramillete de verónicas de rodillas a un ejemplar con carbón. Sonó la música y ahora sí lo cazó a la primera, aunque por la colocación tardó en caer Sosito, lo opuesto a su nombre. Tuvo que conformarse con una oreja y se lo llevaron a hombros por la puerta de cuadrillas. Solo el acero lo separó de verse reflejado en las aguas del Guadalquivir, que ya traían el olor a pescaíto, a aceite caliente y a manzanilla fría.
Tomás Rufo abandonó solo la plaza a pie. En la
enfermería, el de La Puebla aún sentía el olor a cloroformo... Son las diez y
media. Es de noche ya, mi vecino de localidad está llegando a Jerez y la
chicuelina todavía no ha terminado. Los niños de la Plazuela torean por
Morante. ¿Llegará a la Feria del Caballo el maestro?
FICHA
DEL FESTEJO
Real
Maestranza de Sevilla. Lunes, 20 de abril de 2026. Décima de abono. Cartel de
'No hay billetes'.
Toros de
Hermanos García Jiménez (1º, 2º, 3º y 4º) y Olga Jiménez ( 5º bis -el titular
se partió un pitón- y 6º), de gran juego, la mejor de la feria.
Morante
de la Puebla, de azul rey y oro: estocada traserita tendida (oreja con petición
de otra); cogido en el cuarto, lo mata Jiménez de dos pinchazos y estocada
(petición y vuelta).
Borja
Jiménez, de violeta y oro: estocada trasera desprendida (oreja); estocada
trasera (oreja con fuerte petición de otra). A hombros por la puerta de
cuadrillas.
Tomás
Rufo, de noche y oro: estocada trasera desprendida (silencio); estocada trasera
(silencio).