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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

Martiniano Bracho Sierra: cuando hablen las casas por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Martiniano Bracho Sierra: cuando hablen las casas por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicoraaul@gmail.com

 

 Venezuela necesita más amor que agresividad, más bondad que radicalismo.

Martiniano Bracho Sierra.

 

Todo parece una profecía en Martiniano Bracho Sierra. Uno de sus libros, Cuando las casas hablan, sostiene una crónica del destino que pudiese parecerse a lo que contemplamos con tristeza en cualquier ciudad: son casas que han cobijado la memoria del olvido, que se distinguieron alguna vez, y cuya arquitectura de barro y bahareque está en total abandono, luciendo ruinas entre miradas de complicidad. Las casas de Coro, que habían sido declaradas por la UNESCO como patrimonio histórico de la humanidad, son un penoso ejemplo de ello.

Martiniano Bracho Sierra nació en Amuay, península de Paraguaná, estado Falcón, el 13 de octubre de 1929. Fue un escritor y poeta de carrera diplomática.

Para Bracho Sierra, nuestra patria está signada por el quiebre de la esperanza y de la fe, y su obra nos traza a un país que busca transitar sus responsabilidades para que no se desvanezca la esperanza y la fe puestas en el progreso de su gente; porque, si hay una sociedad satisfecha con sus compromisos y un Estado que haya cumplido con el mandato del pueblo, la confianza queda restablecida. De lo contrario, al no ser correspondida la sociedad en sus demandas, la fe y la esperanza se van perdiendo en su esencia, y es allí donde nuestro poeta nos va a dar una lección de filosofía en los seres humanos con su poemario Humana Heredad.

Su reflexión nace de la convicción del poeta de utilizar su obra para la activación política, no solamente artística, de la sociedad. La poesía social es el compromiso del hombre a través de la ética, para no convertir el poema en un vulgar panfleto, porque se pierde la esencia.

Nos va diciendo el poeta y filosofo Martiniano Bracho Sierra que una realidad histórica sin análisis nos lleva a un desastre cotidiano. Es el drama de descubrir el cuerpo venezolano, pero no el alma venezolana. Esa reflexión no es una simple idea, sino que va más allá de lo que determinamos en el andar de nuestras vidas: es buscar esa alma, ese corazón sincero de la patria, porque todo aquel que falsea es enemigo del bienestar social, tal como nos indicaba Karl Popper, cuya obra argumentaba cómo humanidad había ideado su propia destrucción. Entendiéndose su diferencia entre una “sociedad cerrada”, que es mágica, tribal y colectivista, y la “sociedad abierta” como aquella en que los individuos deben adoptar decisiones personales.

Señalaba Martiniano Bracho Sierra que la investigación es fundamental para abordar la realidad, y de esta manera entender un exacto balance de lo que es una sociedad y poder detener los golpes de un mal destino. Ese es el sentido de un destino perseverante y activo, donde el poeta y filosofo nos aclara que: “nadie como el artista es más sacrificado, ni más abnegado, ni tiene tampoco responsabilidad mayor, y ante el señalamiento que no estamos en la hora de la poesía, sino de la acción”.

Se hace libre de todo vestigio ideológico, y desde adentro clama el poeta que dice “mi amo soy yo”, al colocarse por encima de las pasiones y odios. Martiniano fue una expresión viva de la poesía en sus libros “Profecías del hombre” (1958), “Humana Heredad” (1964), “Los vientos minerales”, (1964), "La innombrada de la luz" (1970), "Coro, la bienaventurada de los siglos" (1977), "De luz nos viene el alba" (1980), "Cuando las casas hablan" (1991), y “Poema inconcluso para despertar luciérnagas (1997).

El poeta, filósofo, periodista y diplomático Martiniano Bracho Sierra se desempeñó en el periodismo en diferentes diarios: El Nacional, El Universal, la Esfera, Últimas Noticias, 2001 y El Mundo. Va a dirigir en 1948 la página literaria del diario Panorama. En 1956 paga prisión en la cárcel Obispo por unos 18 meses y es allí donde va a comenzar su escritura poética. Tiempo después, comenzó su carrera política y diplomática.

Aquí dejamos un esbozo de su poesía.

 

VII

No se realiza un país ni se reafirma

sin un vivo ideal, sin un destino (…)

 

Una gran nación no es el retrato

de luminosos palacios

la hacen esas voces que vienen de esas casas

donde reina el amor y acampa la lealtad

y la Justicia es norma sin atadura alguna.