Mérida, Abril Miércoles 22, 2026, 12:28 pm
Venezuela necesita más amor que agresividad,
más bondad que radicalismo.
Martiniano Bracho Sierra.
Todo parece una profecía en
Martiniano Bracho Sierra. Uno de sus libros, Cuando las casas hablan, sostiene
una crónica del destino que pudiese parecerse a lo que contemplamos con
tristeza en cualquier ciudad: son casas que han cobijado la memoria del olvido,
que se distinguieron alguna vez, y cuya arquitectura de barro y bahareque está
en total abandono, luciendo ruinas entre miradas de complicidad. Las casas de
Coro, que habían sido declaradas por la UNESCO como patrimonio histórico de la humanidad,
son un penoso ejemplo de ello.
Martiniano Bracho Sierra nació en
Amuay, península de Paraguaná, estado Falcón, el 13 de octubre de 1929. Fue un
escritor y poeta de carrera diplomática.
Para Bracho Sierra, nuestra
patria está signada por el quiebre de la esperanza y de la fe, y su obra nos
traza a un país que busca transitar sus responsabilidades para que no se
desvanezca la esperanza y la fe puestas en el progreso de su gente; porque, si
hay una sociedad satisfecha con sus compromisos y un Estado que haya cumplido
con el mandato del pueblo, la confianza queda restablecida. De lo contrario, al
no ser correspondida la sociedad en sus demandas, la fe y la esperanza se van
perdiendo en su esencia, y es allí donde nuestro poeta nos va a dar una lección
de filosofía en los seres humanos con su poemario Humana Heredad.
Su reflexión nace de la
convicción del poeta de utilizar su obra para la activación política, no
solamente artística, de la sociedad. La poesía social es el compromiso del hombre
a través de la ética, para no convertir el poema en un vulgar panfleto, porque
se pierde la esencia.
Nos va diciendo el poeta y filosofo
Martiniano Bracho Sierra que una realidad histórica sin análisis nos lleva a un
desastre cotidiano. Es el drama de descubrir el cuerpo venezolano, pero
no el alma venezolana. Esa reflexión no es una simple idea, sino
que va más allá de lo que determinamos en el andar de nuestras vidas: es buscar
esa alma, ese corazón sincero de la patria, porque todo aquel que falsea es
enemigo del bienestar social, tal como nos indicaba Karl Popper, cuya
obra argumentaba cómo humanidad había ideado su propia destrucción. Entendiéndose
su diferencia entre una “sociedad cerrada”, que es mágica, tribal y
colectivista, y la “sociedad abierta” como aquella en que los individuos deben
adoptar decisiones personales.
Señalaba Martiniano Bracho Sierra
que la investigación es fundamental para abordar la realidad, y de esta manera
entender un exacto balance de lo que es una sociedad y poder detener los golpes
de un mal destino. Ese es el sentido de un destino perseverante y activo, donde
el poeta y filosofo nos aclara que: “nadie como el artista es más sacrificado,
ni más abnegado, ni tiene tampoco responsabilidad mayor, y ante el señalamiento
que no estamos en la hora de la poesía, sino de la acción”.
Se hace libre de todo vestigio
ideológico, y desde adentro clama el poeta que dice “mi amo soy yo”, al
colocarse por encima de las pasiones y odios. Martiniano fue una expresión viva
de la poesía en sus libros “Profecías del hombre” (1958), “Humana Heredad”
(1964), “Los vientos minerales”, (1964), "La innombrada de la luz" (1970), "Coro, la
bienaventurada de los siglos" (1977), "De luz nos viene el alba"
(1980), "Cuando las casas hablan" (1991), y “Poema inconcluso para
despertar luciérnagas (1997).
El poeta, filósofo, periodista y
diplomático Martiniano Bracho Sierra se desempeñó en el periodismo en
diferentes diarios: El Nacional, El Universal, la Esfera, Últimas Noticias,
2001 y El Mundo. Va a dirigir en 1948 la página literaria del diario Panorama. En
1956 paga prisión en la cárcel Obispo por unos 18 meses y es allí donde va a comenzar
su escritura poética. Tiempo después, comenzó su carrera política y
diplomática.
Aquí dejamos un esbozo de su
poesía.
VII
No se realiza un país ni se reafirma
sin un vivo ideal, sin un destino (…)
Una gran nación no es el retrato
de luminosos palacios
la hacen esas voces que vienen de esas
casas
donde reina el amor y acampa la lealtad
y la Justicia es norma sin atadura alguna.