Mérida, Mayo Viernes 22, 2026, 01:27 pm
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Foto: Plaza 1
Estalló la bronca cuando se despidieron los toreros, envueltos en una nube de almohadillas. Los aficionados lanzaban los cojines morados con tremendo mosqueo tras la desastrosa tarde. Nadie quería perderse un festejo de 'No hay billetes', pero eran muchos los que desde la mañana vaticinaban que el sexteto enviado desde el Puerto de la Calderilla se sostendría con alfileres. Y así fue: un desfile de animales de contado poder, aunque alguno con la intención de embestir. Un espejismo: el fondo de casta no los acompañaba. Claro que tampoco se toparon con la terna de mayor ambición del escalafón ni con la que atraviesa su momento más laureado, aunque siempre ilusione ver a Juan Ortega y Pablo Aguado. Lo de José María Manzanares, a estas alturas de su carrera, es ya otra cuestión... Con esos mimbres arrancaba una tarde de reventón y de decepción, que no por previsible dolía menos.
La calidad del primero andaba reñida con la fortaleza, lo que acusó en varas. Ondeaban los pañuelos verdes en el 7, pero Diego Vicente lo sostuvo en la lidia. Necesitaba un doctor en enfermería «Cardilisto» y aquella invalidez solo provocaba un soberano cabreo del sol. Lo mejor que podía hacer el alicantino era darle matarile: hasta la bola la estocada.
Abría el Rosco los brazos de par en par cuando apareció el segundo. «¿Pero esto qué es?». Justo de presencia «Gañanito», más lisardiano. Pero lo peor era que venía con el depósito del poder bajo mínimos. Cuando derrapó a la salida del peto, el palco no se lo pensó dos veces y enseñó el moquero verde. Arremangaba los pitones el estrecho y corretón segundo, que ni había olido la vitamina de la fuerza. Con un soplo se desvanecía un clarísimo candidato a la devolución. Pero el usía no quiso alargar más un encierro del Puerto que se presumía de desfile de cabestros de Florito júnior. Perdía las manos «Oportunista» en un pase sí y en otro, también. De una buena estocada lo cazó Juan Ortega. Protestó la afición, y con razón, con palmas de tango.
Se atascó Pablo Aguado con el descabello y oyó los tres avisos: ¿tendría el toro el famoso callo del que a veces hablan los profesionales? Lamentable aquella imagen, con el toro muerto en vida, hasta que pudieron apuntillarlo desde un burladero. El sevillano pasó así a esa lista de artistas que se han dejado un toro vivo en Madrid y oyó una bronca cuando arrastraron a «Lirio», el mejor de la primera parte. Fue el más pesador -604 kilos- y el que más acometió. Cumplió en varas: hasta tres veces acudió tras partir el palo en el segundo encuentro. Otra vez exhibió su facilidad con los rehiletes Iván García, que va a torear más que San Isidro. Prometedora la faena, prologada con un toreo en redondo con el sello de la naturalidad. Ahí quedó esa trinchera, que las borda. Girando sobre los talones siguió con cadencia, en muletazos cortitos y gráciles que aprovechaban la movilidad de un «Lirio» que se abría. Gustó la caricia en el cambio de mano, pero entonces el mansito se desentendió. Un lienzo en seda dejó al natural, con el gentío ya impacientado: «¡Qué emoción; hay que venir con toros!». Y con el animal afligido tomó la espada tras un sabroso ayudado por bajo. La media precisó del verduguillo y sugeriría el titular de 'Toro al corral'. Apuntillado fue, que ya está escrito. Pero la tarde fue mucho más desastrosa y aguada que el trébol de recados a Pablo...
Desenfundó el pañuelo verde Iñaki Sanjuán cuando el cuarto perdió los remos en un capotazo. Dentro aguardaba uno del Freixo que repitió con celo en el saludo de Manzanares. Había que limar a «Travieso», un toro para estar de otro modo. Protestó mucho en la muleta de un torero al que se le notó tremendamente incómodo.
Un galán era el colorado y bizco quinto, que empujó en el caballo de Óscar Berrnal. Se arrancaba con brío y Miguel Ángel Sánchez tuvo que auxiliar a Jorge Fuentes cuando lo cerraba a punta de capote en el burladero. Descolgaba «Geniecito» en el embroque, pero se quedaba corto y se rebrincaba enseguida. Había que limpiar el muletazo, que no era fácil por esa falta de ritmo. No estuvo a gusto Ortega, certero con el acero, en una feria en blanco.
Echaba las manos por delante el sexto, al que Aguado trazó su propio quite del perdón. Meció el capote a la verónica y cuando vio que amenazaba con desmoronarse tiró por el palo de unas chicuelinas con sabor. Pero la gente que abarrotaba los tendidos andaba a estas alturas contrariada. Lucía buen son y más transmisión el salpicado, sin ser un dechado de nada. Belleza en los ayudados, empañados cuando se arrodilló «Liviano» como un penitente. «Vaya la que nos habéis colado» y tal, se escuchaba. Pero este último tenía opciones y el sevillano, que se llevó el mejor lote (dentro de un orden) le buscó las vueltas sin hallar el lucimiento, con muchos enganchones. Sus intentos desencadenaron los 'oles' de la guasa. «¡Pum-pum!», exclamaron para poner la coda a la crónica de un petardo anunciado.
FICHA
DEL FESTEJO
Monumental
de las Ventas. Jueves, 21 de mayo de 2026. Duodécima corrida. Cartel de 'No hay
billetes'.
Toros de
Puerto de San Lorenzo (1º, blando y con calidad; 2º, devuelto, 3º, se dejó el
rajado mansito), La Ventana del Puerto (4º, devuelto; 5º, humillaba en el
embroque y soltaba la cara enseguida, y 6º, con opciones), José Vázquez (2º
bis, inválido) y El Freixo (4ºbis), desiguales.
José
María Manzanares, de nazareno y oro: estocada (silencio); estocada corta
(silencio).
Juan
Ortega, de pistacho y oro: estocada (silencio); estocada (silencio).
Pablo
Aguado, de espuma de mar y oro: media y diecinueve descabellos (bronca tras
tres avisos); pinchazo y media tendida (silencio).