Mérida, Julio Martes 21, 2026, 10:16 pm
Venezuela se ha convertido en un campo de minas donde la soberanía, más que un derecho, parece un rehén, los venezolanos nos debatimos por años entre el miedo por ir presos por el lado del gobierno o ser insultados y degradados públicamente por la oposición por el simple hecho de opinar, enjambres de inteligencia vs enjambres de boots en redes.
Lo cierto es que debe terminar, el miedo ya no puede ser parte de la vida del venezolano, la LIBERTAD sea de una forma u otra debe establecerse.
Ante el abismo, surge una propuesta que eriza la piel de cualquier nacionalista pero que seduce al desesperado: ¿Debería Venezuela ser intervenida bajo un esquema similar al de las Islas Marshall? Ni lo defiendo ni lo ataco, solo lo analizom
La comparación es, a todas luces, explosiva, mientras el modelo de Libre Asociación entre Estados Unidos y las Islas Marshall garantizó estabilidad, defensa externa y apoyo económico a cambio de una soberanía limitada, Venezuela enfrenta un escenario de "Estado fallido" donde la soberanía ya es, en la práctica, un término vacío.
*La realidad frente al espejo*
Para entender por qué esta idea toma fuerza, debemos mirar los hechos sin anestesia:
- El vacío de poder legítimo: En las Islas Marshall, el esquema de tutelaje permitió construir una institucionalidad funcional. En Venezuela, las instituciones no están simplemente débiles; están ocupadas por intereses transnacionales y estructuras criminales. ¿Podemos, acaso, recuperar la democracia con las mismas herramientas que la destruyeron?
- La ilusión de la autodeterminación: Muchos sostienen que "los venezolanos deben resolver sus problemas". Sin embargo, esta premisa asume un terreno de juego nivelado. Cuando el Estado ha perdido el monopolio de la fuerza y la economía está dolarizada de facto y sin reglas, la soberanía se ha vuelto una máscara que oculta la anarquía.
- La lección del costo: El modelo Marshall no es gratis. Implica ceder el manejo de la política monetaria y la seguridad a una potencia garante. Es una renuncia dolorosa a la independencia política a cambio de la supervivencia del tejido social.
Un debate de supervivencia, no de política
El problema de proponer un "modelo Marshall" para Venezuela no representa en teoría un desafío técnico, más si psicológico.
El venezolano promedio tiene un sentido de pertenencia y orgullo nacionalista que hace de cualquier sugerencia de "tutela externa" un sacrilegio.
Pero aquí reside mi reflexión más personal: ¿qué es más digno? ¿Un país "soberano" en el papel que se desangra diariamente por hambre, falta de servicios y corrupción sistémica, o un país que acepta una tutela temporal y humillante para refundar sus cimientos y, eventualmente, recuperar su LIBERTAD real?
La trampa del nacionalismo
Estamos atrapados en un círculo vicioso. La insistencia en una transición "puramente venezolana" ha chocado una y otra vez contra la realidad de un régimen que no juega bajo las reglas del tablero democrático.
Si el modelo de las Islas Marshall (o uno similar) se pone sobre la mesa, no debería ser visto como una entrega, sino como una cirugía mayor.
La historia nos enseña que las naciones no se recuperan con declaraciones de principios, sino con orden, capital y garantías.
Si no somos capaces de generar esas garantías internamente, el mundo inevitablemente buscará formas de imponerlas desde afuera, porque el caos venezolano ya no es solo nuestro; se ha vuelto un problema regional de seguridad.
Es momento que cada venezolano deje de ver caras y abra su nevera, mire su cuenta bancaria, mire sus zapatos, su esfuerzo diario traducido en praxticamente nada, es el momento se ver a lo interno y que cada ciudadano piense en lo mejor para sí mismo y su familia.