Mérida, Septiembre Lunes 07, 2026, 06:47 pm
Vietnam ha emprendido en 2026 su reforma financiera más amplia
en décadas mediante el lanzamiento de dos centros financieros internacionales, uno
en Da Nang y el otro en Ciudad Ho Chi Minh, con el objetivo estratégico de
impulsar la siguiente fase de su desarrollo económico. Esta iniciativa responde
a una necesidad estructural que tiene el país asociada con el acceso a cerca de
600 mil millones de dólares en inversión de infraestructura para 2040, con el
propósito de alcanzar sus objetivos de desarrollo.
En su estado actual, las finanzas públicas y la banca
doméstica son incapaces de cubrir ese monto por sí solas. Financiar inversiones
de largo plazo en infraestructura, energía limpia e industrias avanzadas
demanda, por tanto, mercados de capitales más profundos, servicios financieros
más sofisticados y vínculos más sólidos con fuentes globales de capital.
Los nuevos centros financieros internacionales están
diseñados precisamente para superar estas restricciones estructurales. La
legislación aprobada en junio de 2025 estableció una zona regulatoria especial
de 1.200 hectáreas distribuida entre ambas ciudades. Los inversionistas tendrán
acceso a tribunales comerciales especializados, jueces extranjeros,
procedimientos en idioma inglés, mayor flexibilidad cambiaria y normas más
liberales sobre propiedad extranjera y empleo profesional.
El objetivo de esto no se reduce solo atraer capital de
largo plazo, sino a catalizar reformas de alcance nacional en el sistema
financiero del país. De igual forma, Vietnam busca capturar servicios
financieros que actualmente se realizan offshore. Así, mediante la creación de
instituciones legales internacionalmente reconocidas en territorio propio, los
formuladores de política esperan que una porción creciente de estos servicios
de alto valor agregado se ejecute domésticamente.
Tanto el microentorno como el macroentorno de Vietnam
fortalecen esta apuesta. El país permanece como una de las economías de más
rápido crecimiento en Asia, profundamente integrada en cadenas globales de
manufactura y resilientemente atractiva para la inversión extranjera directa.
Una fuerza laboral joven, alfabetizada digitalmente, y una de las tasas más
altas del mundo en adopción de moneda digital, proporcionan terreno fértil para
la innovación fintech. Ciudad Ho Chi Minh ya se posiciona entre los principales
centros financieros de la ASEAN, mientras Da Nang funge como puerta estratégica
en el Corredor Económico Este-Oeste y se conecta al eje de transporte
norte-sur, facilitando redes comerciales y de suministro que se extienden hacia
el Noreste Asiático. Vietnam se diferencia además mediante innovación
regulatoria e incentivos fiscales competitivos.
Ahora, el principal desafío de esta política pública es
transformar la legislación aprobada en 2025 en un sistema financiero creíble.
Si bien las bases legales para los centros financieros internacionales se
establecieron con celeridad, las reglas operativas detalladas permanecen
incompletas. La estructura de gobernanza multiagencial crea potenciales cuellos
de botella para la ejecución de políticas. Fallas de coordinación, estándares
de licenciamiento fragmentados, infraestructura digital desigual y movilidad
insuficiente de talento podrían convertir la complementariedad de los dos
centros en una competencia costosa.
Esta experiencia vietnamita ofrece lecciones
particularmente valiosas para América Latina, en la medida que evidencia que la
creación de centros financieros internacionales no constituye un fin en sí
mismo, sino un vehículo de construcción institucional gradual. Resalta que la
competencia entre centros financieros dentro de un mismo país o región puede
resultar contraproducente si no existe una división clara de nichos, de allí la
necesidad latinoamericana de evitar replicar la lógica de dispersión y
concentrar recursos en un único polo regulatorio creíble, con especialización
sectorial clara. Y revela que los incentivos tributarios por sí solos son
insuficientes y quedan erosionados por iniciativas globales como el impuesto
mínimo de la OCDE. En este sentido, la ventaja competitiva debe construirse
sobre instituciones legales sólidas, tribunales especializados, flexibilidad
cambiaria y marcos regulatorios para activos digitales, no únicamente sobre
exenciones fiscales.
@ajhurtadob