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Por Alberto José Hurtado B.

Vietnam y la construcción de nuevos centros financieros por Alberto José Hurtado B.



Vietnam y la construcción de nuevos centros financieros por Alberto José Hurtado B.

Vietnam ha emprendido en 2026 su reforma financiera más amplia en décadas mediante el lanzamiento de dos centros financieros internacionales, uno en Da Nang y el otro en Ciudad Ho Chi Minh, con el objetivo estratégico de impulsar la siguiente fase de su desarrollo económico. Esta iniciativa responde a una necesidad estructural que tiene el país asociada con el acceso a cerca de 600 mil millones de dólares en inversión de infraestructura para 2040, con el propósito de alcanzar sus objetivos de desarrollo.

En su estado actual, las finanzas públicas y la banca doméstica son incapaces de cubrir ese monto por sí solas. Financiar inversiones de largo plazo en infraestructura, energía limpia e industrias avanzadas demanda, por tanto, mercados de capitales más profundos, servicios financieros más sofisticados y vínculos más sólidos con fuentes globales de capital.

Los nuevos centros financieros internacionales están diseñados precisamente para superar estas restricciones estructurales. La legislación aprobada en junio de 2025 estableció una zona regulatoria especial de 1.200 hectáreas distribuida entre ambas ciudades. Los inversionistas tendrán acceso a tribunales comerciales especializados, jueces extranjeros, procedimientos en idioma inglés, mayor flexibilidad cambiaria y normas más liberales sobre propiedad extranjera y empleo profesional.

El objetivo de esto no se reduce solo atraer capital de largo plazo, sino a catalizar reformas de alcance nacional en el sistema financiero del país. De igual forma, Vietnam busca capturar servicios financieros que actualmente se realizan offshore. Así, mediante la creación de instituciones legales internacionalmente reconocidas en territorio propio, los formuladores de política esperan que una porción creciente de estos servicios de alto valor agregado se ejecute domésticamente.

Tanto el microentorno como el macroentorno de Vietnam fortalecen esta apuesta. El país permanece como una de las economías de más rápido crecimiento en Asia, profundamente integrada en cadenas globales de manufactura y resilientemente atractiva para la inversión extranjera directa. Una fuerza laboral joven, alfabetizada digitalmente, y una de las tasas más altas del mundo en adopción de moneda digital, proporcionan terreno fértil para la innovación fintech. Ciudad Ho Chi Minh ya se posiciona entre los principales centros financieros de la ASEAN, mientras Da Nang funge como puerta estratégica en el Corredor Económico Este-Oeste y se conecta al eje de transporte norte-sur, facilitando redes comerciales y de suministro que se extienden hacia el Noreste Asiático. Vietnam se diferencia además mediante innovación regulatoria e incentivos fiscales competitivos.

Ahora, el principal desafío de esta política pública es transformar la legislación aprobada en 2025 en un sistema financiero creíble. Si bien las bases legales para los centros financieros internacionales se establecieron con celeridad, las reglas operativas detalladas permanecen incompletas. La estructura de gobernanza multiagencial crea potenciales cuellos de botella para la ejecución de políticas. Fallas de coordinación, estándares de licenciamiento fragmentados, infraestructura digital desigual y movilidad insuficiente de talento podrían convertir la complementariedad de los dos centros en una competencia costosa.

Esta experiencia vietnamita ofrece lecciones particularmente valiosas para América Latina, en la medida que evidencia que la creación de centros financieros internacionales no constituye un fin en sí mismo, sino un vehículo de construcción institucional gradual. Resalta que la competencia entre centros financieros dentro de un mismo país o región puede resultar contraproducente si no existe una división clara de nichos, de allí la necesidad latinoamericana de evitar replicar la lógica de dispersión y concentrar recursos en un único polo regulatorio creíble, con especialización sectorial clara. Y revela que los incentivos tributarios por sí solos son insuficientes y quedan erosionados por iniciativas globales como el impuesto mínimo de la OCDE. En este sentido, la ventaja competitiva debe construirse sobre instituciones legales sólidas, tribunales especializados, flexibilidad cambiaria y marcos regulatorios para activos digitales, no únicamente sobre exenciones fiscales.

@ajhurtadob