Mérida, Mayo Viernes 29, 2026, 01:31 pm
«¿Qué es un edificio catalogado? Para que un edificio sea catalogado, debe tener una importancia arquitectónica, histórica o nacional específica. Pueden seleccionarse por diversas razones, como su antigüedad, una estructura interesante o única, o por haber albergado a alguna persona famosa en algún momento de la historia.» Molly-Sue Moore. University of East Anglia
Este sábado 30 de mayo, los venezolanos conmemoramos un nuevo aniversario del natalicio de Carlos Raúl Villanueva, padre indiscutible de la arquitectura moderna en el país.
Nacido de rancia estirpe cojedeña, vio la luz en Londres y se educó en Francia, formándose como arquitecto. Su obra, sin embargo, floreció y maduró en la patria paterna, propulsado desde aquí su celebridad a escala internacional. Puede decirse que Villanueva ubicó a Venezuela en el mapa de la arquitectura mundial.
Una característica notable de su trayectoria es que, a diferencia de la gran mayoría de sus colegas, optó por desplegar su genio en los ámbitos de la educación -consagrándose como el maestro creador de nuestra primera facultad de arquitectura y modelo de innumerables buenos profesionales- y de las obras públicas -dotando a Caracas y a toda la nación de conjuntos y edificaciones de belleza y significación ejemplares.
En Mérida, específicamente, fue construida una de sus obras maestras del período que puede calificarse de internacional: conjunto proyectado en 1943, antes de la espléndida reurbanización de El Silencio en la capital, para la urgente modernización del sistema de salud: el denominado Sanatorio Antituberculoso Venezuela.
Conociéndolo desde mi temprana infancia, dado el hecho de que mis padres se trasladaron a la pequeña ciudad andina para que el sanatorio dispusiera de un cirujano especialista en lo que se llamaba tisiología, disfruté continuamente de su arquitectura y su extraordinaria calidad ambiental. Estoy seguro de que esta experiencia infantil me orientó sin saberlo a escoger mi carrera.
Sin duda, el genial arquitecto estaba familiarizado con la arquitectura sanitaria nórdica, dado el acierto del emplazamiento en el medio natural y la disposición de los volúmenes allí construidos.
Ubicado en lo que se llamaba La Otra Banda, destaca estéticamente, mirado desde el borde de la meseta merideña, aunque hoy esté rodeado de las construcciones que ocupan lo que fuera la antigua hacienda La Liria, y su antiguo acceso se haya visto modificado fuertemente por la importante vialidad surgida en esos precios.
Su lenguaje arquitectónico, magistral incorporación del Estilo Internacional vigente en los años 40 del pasado siglo, recuerda los sanatorios finlandeses a la vez que utiliza un recurso propio de la Bauhaus de Dessau, con el puente habitable que une el sector hospitalario con los servicios y alojamientos para el personal.
Con el Liceo Libertador, monumento histórico nacional, y las facultades en la avenida Tulio Febres, el otrora Sanatorio Venezuela integra el testimonio de la modernización edificada de la ciudad creciente, desarrollado contemporáneamente a la atemporal monumentalidad de la obra de Manuel Mujica Millán.
Pero a diferencia del Liceo, relativamente respetado y valorado, la única obra del maestro ha sido ignorada y maltratada una vez cumplida su noble tarea en la lucha antituberculosa, cuando más bien este conjunto debe, dada su importancia histórica y calidad arquitectónica obtener el reconocimiento de monumento patrimonial, sin que por ello deje de prestar las funciones que noblemente continúa ofreciendo.
Este natalicio de Carlos Raúl Villanueva es propicio para exhortar a que las autoridades regionales y el sector cultural y gremial emeritense, especialmente lo que nos incluye como arquitectos, elevemos juntos la propuesta al gobierno nacional, exigiendo igualmente la restauración y valoración del conjunto que representa el obsequio de aquel a la ciudad.
El antiguo sanatorio y su genial creador lo merecen.