Mérida, Julio Lunes 27, 2026, 04:55 pm
Todos de algún modo hemos tenido que reinventarnos en
medio de la crisis nacional. Como escritor, acostumbrado a llevarme a casa
todas las novedades literarias que mis ingresos permitían, tuve que dar un giro
sustancial a mis pretensiones librescas, y hacer un hondo ejercicio de
introspección en mi propia biblioteca para redescubrir sus tesoros. Más de
treinta años acumulando libros no es cualquier cosa, sobre todo cuando mi
apetito daba (y sigue en eso, qué duda cabe) inmensos saltos cualitativos, para
ir de uno a otro autor, de uno a otro libro, sin importar género e importancia,
hasta alcanzar un ritmo de lectura trepidante, vertiginoso, que me permitía
acceder a los clásicos y estar al día con los autores contemporáneos. Y sigo en
eso, porque a pesar de no poder comprar los libros que se me antojan (por no
hallarlos en mercado local, y cuando los hallo no los puedo alcanzar por sus
elevados precios), tengo una inmensa reserva bibliográfica que me permite
estrenar volúmenes a un ritmo nada despreciable. En otras palabras: dentro de
la biblioteca tengo todo un arsenal de títulos que me permite paliar mis
desenfrenados apetitos y no caer en la obsolescencia literaria.
Pero, ojo, no todo es estrenar. Creo haber dicho acá
que las circunstancias me han obligado al noble ejercicio de la relectura. Por
cada libro al que le quito gustoso su envoltura de papel celofán, releo dos o
tres títulos a los que tengo que quitarles de encima esa pátina de mugre y
polvo que se acumula con el transcurrir del tiempo. Este ejercicio me priva
(transijo) del antiguo ritual de oler con sumo éxtasis el papel y la tinta (que
dicho sea de paso comparto con cientos de miles de personas en todo el
planeta), pero me lanza a su vez a otro tipo de felicidad: rememorar épocas
idas, disfrutar otra vez de títulos que me han dejado gratos “sabores” en la
memoria, recordar ideas que se habían quedado colgadas en un despreciable limbo
epistémico; o sencillamente consolidar lo que ya tenía como patrimonio propio.
Releer es, ni más ni menos, reencontrarnos con nosotros mismos; es estrechar
lazos con autores y obras que forman parte de nuestra experiencia más íntima.
Resulta interesante sopesar la nueva lectura con las anteriores, ya que las
circunstancias nos marcan hasta el extremo de dejar en nosotros profundas
huellas. La relectura nos permite atar cabos sueltos dejados atrás, amalgamar
un sinfín de variables en la conquista de nuevos horizontes, amén de conjuntar
sensaciones que pasan desde ya a ser parte de nuestras vivencias.
Los libros son importantes en mi existencia, pero ya no en lo cuantitativo como solía pensar, sino por lo que pueda recibir de los muchos o pocos que haya logrado coleccionar en el decurso de una intensa actividad intelectual.
@GilOtaiza
rigilo99@hotmail.com