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El triunfo de Bad Bunny por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



@perezlopresti


es propio de las generaciones que anteceden a las emergentes el pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Idea falaz y fallida, que lejos de generar sana convivencia, se muestra reticente a los cambios inexorables de la existencia y se termina por cultivar un conservadurismo disociado de la naturaleza de las dinámicas sociales. Así vamos oscilando y dando tumbos, en los que se intenta descalificar la existencia y presencia del otro, cuando no de llegar al extravío de hacerlo desaparecer. Uno esperaría que entre generaciones se diese una suerte de pacto consensuado de supervivencia y que de vez en cuando se asomase la idea de que aproximarse a una formación cultural es un elemento imprescindible para poder guiar por buen camino a todo un colectivo.


Otro asunto de interés es esa idea occidental de que con la vejez se pierde poderío y presencia. Nada más falso. Los reflectores incandescentes convierten a las nuevas promesas del sistema en estrellas fugaces. Ser profundamente superficial no es un talento, a lo sumo una forma de exposición efímera.


Las manifestaciones propias de la cultura popular obedecen a un triple juego o a tres actores, si se quiere. 1. El mercader: En su afán de lucro lanza cualquier clase de atractivos para el consumo. Funciona como un pescador inescrupuloso que usa carnadas sin miramientos éticos. Ahí se apuesta a ganar dinero. 2. El consumidor ávido de cosas nuevas. El joven, en su afán de romper con cuanto le precede, está a la espera de novedades. Muchas pasarán por delante de sus ojos y ni siquiera se dará cuenta que existieron. Es un asunto de vinculación con lo que se anhela y no se posee (tampoco se tiene claro qué es). 3. El milagro. Cuando se enlaza aquello que interiormente se desea (romper con las figuras de poder y el orden establecido) y lo que el mercader ofrece. Con apenas 26 años, Bad Bunny es un ícono cultural que muchos jóvenes tratan de imitar, a quien las disqueras exaltan y recibe connotados premios. Las díscolas (atrevidas, vulgares, temerarias, descalificadoras) letras de sus canciones marcan una brecha entre grupos humanos, lográndose el fin último al cual aspiran. Imagino en unas tres décadas a muchas parejas sintiendo nostalgia por nuestro tiempo, emitiendo más de un suspiro cuando escuchen trap latino.






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