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¿Autosuficiencia o encadenamientos? por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



En un mundo donde los conflictos comerciales, la pandemia, las recientes innovaciones tecnologías, los cambios en las posiciones cooperativas de los países, y el incierto inicio de la pospandemia, están a la orden del día, muchos políticos insisten en estrategias que en el pasado dieron resultado en materia electoral. Así, la autosuficiencia se ha convertido en la base de las decisiones gubernamentales. Los políticos populistas se han apoyado en los temores que tiene la población acerca del aumento de la dependencia que se puede crear con el acceso a productos procedentes del extranjero —desde alimentos hasta vacunas contra el COVID-19—, para instar a que la producción se desarrolle localmente. En este sentido, se justifican las barreras al comercio, se promueve el desarrollo endógeno, y se incentiva la autarquía.


 


Esta tendencia se ve con mayor claridad en el sector farmacéutico. Es decir, resultan evidentes los efectos de la mentalidad de autosuficiencia en los planes de protección de la población, desarrollo de vacunas, estrategias de vacunación contra el COVID-19, y distribución de otros insumos médicos. Las restricciones a las exportaciones de vacunas de los Estados Unidos y la Unión Europea han impedido el suministro de estos productos a millones de personas en el mundo, cuya vacunación permitiría mejorar los resultados en la contención del virus. Además, el proteccionismo aplicado a las patentes de vacunas niega a muchos países la protección contra el COVID-19, dejando al mundo vulnerable a la mutación del virus y a los continuos riesgos que esto traerá para la salud mundial.


 


La búsqueda insensata de la autosuficiencia en la producción de vacunas ha retrasado y conducido a un caótico despliegue de vacunas, exacerbado por la premura de conseguir una cura al nuevo virus. Esto ha implicado el uso de ingentes recursos para el desarrollo de programas locales de vacunas y la creación de vacunas inefectivas contra el COVID-19. En este orden, el nuevo esfuerzo por lograr la autosuficiencia ha conducido a resultados inferiores en materia de salud, con altos costos económicos.


 


Por otra parte, tiene sentido producir localmente máscaras, desinfectantes de manos, ventiladores y demás insumos médicos, para acumularlos y sustituir importación durante un escenario de escasez global, situación particular devenida de una pandemia. Pero restringir las exportaciones de estos bienes deja de tener sentido si se han cubierto las necesidades internas. La escasez mundial de cualquier bien no se cubrirá con importaciones si los países continúan restringiendo sus exportaciones. En un escenario como este, ni la hipótesis de dependencia ni el argumento de la paralización de las cadenas globales de valor justifican la vuelta a la autarquía.


 


Debido al uso intensivo de las tecnologías de información y comunicación, los encadenamientos productivos a nivel mundial han permanecido intactos durante la pandemia. El escenario que suponía el fin de las cadenas globales de valor como consecuencia de la crisis generada por el COVID-19, así como la masiva reubicación de la producción mundial desde los países en desarrollo a los países desarrollados, no se cumplió. Las cadenas de valor han demostrado ser resistentes porque son una forma muy eficiente de organización industrial. Las empresas multinacionales aportan principalmente diferentes tipos de propiedad intelectual: patentes, marcas, secretos comerciales, know-how gerencial, entre otros. Y operar a nivel mundial les permite utilizar sus activos en el mercado más grande posible. Por ende, es momento de insistir en los encadenamientos productivos.


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