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“Un curioso Santo” por Padre Edduar Molina Escalona

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“Un curioso Santo” por Padre Edduar Molina Escalona


Cada trece de junio la Iglesia celebra la fiesta de uno de los santos más conocidos y venerados en el mundo, San Antonio de Padua, un curioso Santo, su nombre de pila Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nacido en Portugal en 1195. Con apenas 25 años de edad ingresa en la orden de los Franciscanos y cambio su nombre por Antonio.

Destaca su participación en Asís del Capítulo General de la Orden en 1221, donde fue enviado a predicar en diversas ciudades, obteniendo un gran éxito en la conversión de los herejes por su predicación. Fue proclamado Doctor Evangelicus, “Heraldo del Evangelio” por Pío XII por ser, ante todo, un testigo y un enviado, un profeta. En sus sermones, San Antonio de Padua traza repetidas veces los rasgos del auténtico predicador: “Un simple portavoz, ministro de la Palabra, la cual posee eficacia en sí misma; ha de basarse siempre en la Palabra de Dios, estudiada, meditada, asimilada; el predicador ha de predicarla primero a sí mismo y después a los demás, nunca en nombre propio, sino siempre en nombre de Dios”. En ocasiones predicaba en plazas y mercados, fue en verdad modelo de Iglesia en salida, presente en las periferias de la existencia humana. Treinta años después de su muerte, el sarcófago donde se encontraba su cadáver fue abierto y encontraron que todo su cuerpo estaba ya corrupto con excepción de su lengua. Comenzando así uno de sus más conocidos apodos: “Lengua de oro”.

Otra de sus facetas más relevantes es la der ser conocido como el "Santo de las Causas Perdidas", devoción proveniente de una historia que vivió San Antonio en primera persona. Cuenta su historia que se encontraba en Bolonia como maestro. Un día, uno de sus alumnos le robó su libro de Salmos sin que se enterara. Tanto si lo había perdido, como si se lo habían robado, pensó en la misma solución: Rezar para encontrarlo, finalmente, el joven se lo terminó devolviendo. Desde entonces, los creyentes rezan al Santo de Padua para encontrar objetos perdidos. Hoy más que nunca debemos pedirle al Doctor del Evangelio, nos ayude a encontrar la sensatez, la unión de todos los venezolanos y los derechos y libertades.

El "Pan de San Antonio” es otro signo imborrable del santo de Padua para la Iglesia en todos los tiempos. El nacimiento de esta tradición se remonta pocos años después de la canonización, cuenta una leyenda franciscana que, cerca de Padua, a una madre que estaba trabajando en el campo se le cayó su hijo en una cisterna. Cuando esta lo recobró, estaba muerto, ahogado. La madre fue corriendo ante el altar de San Antonio, y le rogó encarecidamente que devolviera la vida a su hijo prometiendo dar a los pobres una cantidad de trigo igual al peso del niño. Al final de su súplica, el niño fue reanimándose hasta volver a la normalidad. La mujer tomó el trigo, lo amasó y distribuyó el pan entre los pobres. Por eso, al principio, la obra del Pan de San Antonio, se le llamó “Peso de los niños”, después se le llamó Pan de los Pobres y, finalmente, Pan de San Antonio. El Pan de San Antonio es sinónimo de caridad, en medio de una crisis sin precedentes de hambre y pandemia, podamos compartir el pan del consuelo y la esperanza, dar desde nuestra pobreza y ser pan de vida para cada hermano. Sin dejar de recordar que para el Fraile Santo el “Pan de Vida” era su verdadero alimento. Se cuenta que un hombre retó a San Antonio a probar que Jesús estaba en la Eucaristía y dejó sin comer tres días a su mula. Llevó al animal al templo y le mostró pasto fresco, pero la mula prefirió ir con el Santo, que se encontraba al lado con una hostia consagrada, y se arrodilló.

Debemos tener claridad sobre el peligro de la superstición, que muchas veces por ignorancia se comete en su devoción, al colocar su figura de cabeza o ponerle 13 monedas regaladas por alguien más para que San Antonio interceda con el fin de conseguir pareja. Este tipo de prácticas son meras formas que dañan su verdadero ejemplo de santidad y que no tienen que ver con el canon religioso.

Por último, no dejemos de contemplar la devoción de San Antonio al Divino Niño Jesús, quien le concede una gracia especial, en sus retiros al bosque del Castillo del Conde Tisso en Verona (1231). En sus profundos momentos de oración y meditación, se le presenta el Niño Jesús luminoso, sonriente alegrando el corazón del Santo, quien lo tomó dulcemente en sus brazos.

Es necesario también que nosotros pongamos en el centro de nuestra vida a Jesús y no descuidemos la responsabilidad que tenemos de protegerlo, como dijo el Papa Francisco “quiere estar en nuestros brazos, desea ser atendido y poder fijar su mirada en la nuestra”, en cada hermano enfermo, abandonado en las orillas de los caminos de la vida, espera de nosotros nuestra sonrisa y certeza de que somos amados por el Padre Dios.

Aprendamos de esta escuela de misericordia, tal como lo enseña el mismo san Antonio: El estilo de Dios no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar. Él nunca se cansa de perdonar, pero nosotros a veces nos cansamos de pedir perdón… ¡No nos cansemos nunca! Él es un Padre amoroso que perdona siempre, que tiene un corazón de misericordia para todos nosotros. Y también nosotros aprendamos a ser misericordiosos con todos.”


Mérida 13 de junio de 2021






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