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China y la movilidad del capital por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.


La inmovilidad del capital fue considerada en el mundo una práctica ortodoxa de la gestión pública durante las décadas de 1950 y 1960, como estrategia para lograr acumular recursos a nivel nacional y respaldar la actividad económica. Después, durante la década de 1990, atrajo la atención del Fondo Monetario Internacional, debido al interés de la institución multilateral por facilitar la recuperación de las economías afectadas por las crisis financieras de finales de siglo.

En la actualidad, como consecuencia de la pandemia del COVID-19 que ha puesto de manifiesto las debilidades de las economías nacionales y las cadenas globales de valor, los controles sobre los movimientos de capital se hacen cada vez más comunes; su uso a corto plazo demuestra la utilidad de esta estrategia para abordar, con una respuesta de política económica, la volatilidad de los flujos de capital. Pero los controles de capital tienen costos: restringen el acceso al capital extranjero para la inversión, aumentan las tasas de interés reales y requieren de una administración considerable. Y, como en toda medida de política económica, su impacto se deriva de comparar los costos y beneficios que es capaz de generar.  

De allí que resulta fundamental tomar en consideración los resultados obtenidos por los países del mundo que han optado por restringir la movilidad de capital como estrategia para preservar sus ahorros y promover el crecimiento económico. En otras palabras, es importante extraer lecciones del enfoque de largo plazo utilizado por China en esta materia. Al respecto, es clave comprender que el uso de controles de capital por parte de China ha pasado por varias fases distintas.

En la primera fase (1979-1993), se adoptaron controles de capital para implementar un régimen de "entrada fácil y salida difícil" de recursos para evitar una crisis de balanza de pagos. Si bien las restricciones a la inversión extranjera directa (IED) se relajaron gradualmente durante dicho periodo, se aplicaron estrictamente los controles sobre las entradas que no provenían de IED y se prohibieron por completo algunas transacciones. En la segunda fase (1994-2000), China experimentó importantes reformas cambiarias orientadas al mercado. Esto incluyó la abolición de su sistema de retención de divisas, así como permitir que las empresas nacionales compraran y vendieran divisas a través de bancos designados para tal fin. China también reestructuró drásticamente su sistema bancario y reforzó los controles después de la crisis financiera asiática de 1997.

Y en la tercera fase (2001-2012), la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) provocó un aumento repentino de su superávit comercial. Las entradas de capital especulativo aumentaron considerablemente, lo que ejerció una presión alcista sobre el renminbi. Por lo tanto, el enfoque principal de China fue controlar las entradas de capital. A medida que la inversión extranjera de las empresas chinas se restringió menos, se fortaleció simultáneamente el control de las entradas de capital.

Asimismo, desde octubre de 2019, este país asiático introdujo varias medidas para flexibilizar los controles regulatorios sobre la entrada de recursos en divisas con respecto a las transacciones transfronterizas de la cuenta corriente y de capital. Se incentivaron los flujos de cartera que habían sido restringidos, con lo cual China ha establecido un enfoque más equilibrado de su régimen de control de capital. A partir de este enfoque espera recuperar el crecimiento de su economía y lograr la convertibilidad plena del renminbi, sin permitir la movilidad perfecta de los capitales.


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