Mérida, Mayo Martes 17, 2022, 11:00 pm

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Mérida, la musa literaria por Ricardo Gil Otaiza

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Ricardo Gil Otaiza


No se trata de un poemario sobrevenido, sino de la articulación de piezas escritas en tiempos distintos y distantes, que guardan no obstante una íntima relación, al corresponder todas a experiencias profundas y nítidas vividas por el poeta en Mérida...

A Mérida le han dedicado desde siempre infinidad de páginas, que han buscado exaltar sus encantos y su gentilicio. Cuando leemos las diversas crónicas que viajeros de hace siglos dejaron como testimonio de su paso por estas tierras, no podemos sino conmovernos frente a la visión que se tuvo de ella, exaltada muchas veces por un lirismo preciosista, idílico, pincelado con tintes de arrobo y de pasión. Por supuesto, muchos de aquellos textos se han quedado arrumados, perdidos en viejos baúles, alimentando si se quiere la fiebre de coleccionistas de piezas raras y sublimes, que precisan de encuentros y de exposiciones en donde dejen ver aquellos legados que dan fe de tales ansias confesionales.

Dos de nuestros más reconocidos escritores, como lo son Tulio Febres Cordero y Mariano Picón Salas, no escaparon a esos designios, y hoy nos acercamos a sus páginas con reverencia rayana en emoción, al sentir que con cada página dedicada a su ciudad, no solo eternizaban sus emociones y el sentido de pertenencia al lar nativo, sino que daban cumplimento al viejo anhelo de dejar constancia de la ciudad hundida en neblinas, en la que el vuelo de las campanas y el canto de sus ríos, orquestaban rumores transformados en auténticas epifanías, azuzadoras a su vez de poemas y de espléndidas narrativas.

Sí, la Mérida en la que sus estrechas calles y sus vetustas casas solariegas, eran los sitios ideales para el encuentro entre el quejumbroso pasado y el anhelo de un futuro transformado en progreso y en felicidad. Epicentros a su vez de amores correspondidos y también de pasiones contrariadas, de alegres representaciones teatrales o de ingentes dramas griegos, de rapsodas entregados al arte o a la vida proscrita, de héroes civiles y militares conjuntados por el principio de la libertad y también por las telúricas ansias de mando, de hombres de fe y de ciencia enfrentados en sus púlpitos y en sus cátedras; y de agrestes campesinos que con sus bestias llegaban al centro de la ciudad a vender sus cosechas y sus sueños.

Cayó en mis manos, por la generosidad del autor, D. Horacio Biord Castillo, un extraordinario poemario, titulado Quaderno de Mérida (Academia Venezolana de la Lengua, 2010), que leí con el mismo disfrute de su anterior entrega: Quaderno de Guanajuato (Academia Venezolana de la Lengua, 2018), y que reseñé además en este mismo diario con sumo deleite hace ya varios meses. Acerca del estilo del autor, no me queda otra opción sino recoger un tanto mis pasos, para expresar que en cada poema se amalgaman experiencia, vivencia, gracia y fina escritura, lo que se traduce en inmenso gozo estético.
 
No se trata de un poemario sobrevenido, sino de la articulación de piezas escritas en tiempos distintos y distantes, que guardan no obstante una íntima relación, al corresponder todas a experiencias tan profundas y nítidas vividas por el poeta en Mérida, que podría afirmar que su espíritu impregna cada texto como un torrente, y llega al lector como brisa glaciar que no entumece los sentidos, sino que los insta a perderse en cada recodo, en cada predio, hasta hacerse consustancial con lo leído, y nos convierte en protagonistas.
 
Logra Horacio Biord Castillo un extraordinario compendio de textos poéticos, que no se quedan solo en sensaciones y en sentimientos, como cabría de esperarse (y estaría bien pagado en su denodado empeño), sino que además se interna en una suerte de solipsismo argumental, que va más allá de las palabras, para hacerse esencia de lo contado, como quien destila un licor y en el proceso se consustancia todo hasta perderse los límites entre materia y espíritu. Canta el poeta no solo a la ciudad y a la entidad, sino que además consagra muchas piezas a personajes emblemáticos, y todo confluye en una especie de rueda sinfín que explica y se explica a la vez, y así hasta el final.
 
Hallamos textos dedicados al Cardenal José Humberto Quintero (pintor), a Jacqueline Clarac, a Luis Enrique Cerrada Molina (Machera), a Juan Félix Sánchez, a Mariano Picón Salas, a Mons. Vásquez de Mendizábal, a Julio César Salas, a Tulio Febres Cordero, y a Domingo Peña entre otros tantos. Hallamos también montañas y ríos, aves y flores, cuestas y caminos, ritos, mercados, monasterios, musgos y nubes. Nada escapa a la sensibilidad del autor, quien al internarse en las entrañas de la entidad poetisa lo que sus sentidos capta, pero a la vez se pierde de manera deliberada por los senderos de una suerte de poética de lo etnográfico, que hace de este libro una pieza de gran valor documental y artístico.


Escribe Biord Castillo un poema dedicado a Juan Félix Sánchez, y con fuerza cosmogónica discurre hasta el asombro:
“Grandes piezas de Ches y antiguo encanto / abren la confusa puerta jamás cerrada / y un camino de recuas simula inadvertido la bóveda celeste
Libros como estrellas, dioses como vientos / ídolos como taumaturgos, susurros como palabras / una lluvia fugaz de cometas arropa sueños y saberes
Las cruces el mal ahuyentan / y la plaza saluda como chamán / la luz del día”
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Gracias querido poeta y amigo, Mérida no te olvida. A la espera está de que vuelvas a subir y a bajar sus cuestas y precipicios. Tu Quaderno merecidamente la eternece.


 
rigilo99@gmail.com



Instagram: @RicardoGilOtaiza

 
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