Mérida, Octubre Viernes 23, 2026, 06:27 pm
Podrán decir que estamos muy equivocados, incluso que le hacemos el juego al chavismo. No importa. Al fin y al cabo hay una inmensa mayoría que se alegra de gente responsable con Venezuela, que sinceramente está pensando en el futuro inmediato del país y de la democracia. Son los ciudadanos que admiten, como la única vía posible, legal y constitucionalmente hablando, que buscaría la necesaria y urgente solución al grave problema que enfrentamos los venezolanos: elegir que sea la democracia quien nos gobierne o dejar que se atornille el comunismo. Además, son millones, es decir, la mayoría, que busca decidida, la salida pacífica, la electoral, y no la violenta, que sería la guerra civil.
No faltarán los que se atrevan a calificar a esa mayoría de estar vendida al régimen y, hasta puedan llegar al extremo de aplicarle el calificativo de traidora. Además, no faltarán los tantos enfermizos de la oposición que, en las redes, la acusan de cobarde. Sin duda, lo harán. Y, como no piensan correctamente sobre realidades sino que a la ligera proclaman que la solución es a la fuerza, sin demostrar que ellos tienen alguna para el enfrentamiento que buscan, evidencian ser los disociados. Son, debe decirse, los que en sus casas, y no en la calle, con su ordenador y no su garganta, los que a la hora de gritar abajo la tiranía, se esconden . Lo cual es totalmente cierto.
Lo que sí no pueden negar es que el gobierno sigue en su descarado avance de imponer, a troche y moche, su ideología, la cual cada día profundiza su cometido, mientras los que están en contra del necesario pacifismo, insisten en demostrar que son valientes, pero con la pluma, y nunca se han atrevido a plantear, aunque sea, una sola idea capaz de convertirse en instrumento de lucha, por lo menos, pues son tan falta de lucidez que se caen por sí solas. ¿O acaso su insistencia en que no se debe ir a elecciones, porque el gobierno hará de nuevo trampa, no los retrata como miedosos? Cualquiera tiene derecho a pensar, que son ellos los primeros en abrirle camino al chavismo para que su abanderado siga gobernando. Muy simple: si se les hace caso, y no acuden a votar, pues los rojos si lo harán y se quedarán en el gobierno. Pero si esa gigantesca mayoría sufraga serán millones, nadie lo duda, los que izarán de nuevo la bandera democrática y el gobierno tendrá que arriar para siempre la del Psuv.
No hay otra alternativa: el camino electoral es la vía constitucional y pacífica. Escoger cualquier atajo sería una pésima y mortal decisión. Quienes así piensan e incitan a la abstención, serán culpables de la derrota de la sociedad civil y del triunfo definitivo del comunismo en Venezuela.
Ahora bien, claramente así expuesta la gran disyuntiva que la ciudadanía tiene planteada en estos cruciales momentos, tormentosos, por supuesto; peligrosos, nadie lo niega; muy graves y determinantes, corresponde a cada uno de los venezolanos, -todos obligados a consultarlo con sus conciencias- quién tiene la razón: sí los esquiroles que andan desesperados denunciado fraude antes de tiempo, y llaman a no ir a votar, o la ciudadanía que sí está cada vez más convencida que hacerlo es su obligación con el futuro nacional. Son los ciudadanos que saben, porque piensan en sus hijos, en sus nietos, en el país en suma que es la gran familia venezolana toda, y no los escasos come-candela de biblioteca, opositores con pies de barro y llenos de miedo que claman porque se vaya a la guerra, a la cual ellos no irían, pues se quedarían en sus casas temblando.
El reto está en lograr que los organizadores de la primaria no desmayen frente a la presiones del gobierno; que tengan respuestas más precisas, más enérgicas, más contundentes, porque lo que defienden es un derecho constitucional y no solicitud de favores ni menos dádivas complacientes. En ellos depositó la confianza esa mayoría, que aceptó, valiente y decidida, el llamado y descartó, de plano, la desaforada postura de los empeñados en la abstención.
Con absoluta seguridad, la ciudadanía ganará por mayoría.