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Primarias con acento democrático por Edgar Márquez C.

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Primarias con acento democrático por Edgar Márquez C.


El domingo veintidós de octubre fueron celebradas las votaciones nacionales para escoger la nominación candidatural de los sectores de oposición (pro democracia) para la contienda presidencial de 2024, proceso previsto en base a las pautas constitucionales vigentes y no derogadas, hasta ahora.
Una avalancha de votos convirtió a la ingeniero María Corina Machado Parisca, caraqueña graduada en la Universidad Católica Andrés Bello, como la aspirante al solio presidencial de Miraflores. Un resultado inobjetable desde todo punto de vista, con una gran ventaja que nos permite decir, en términos deportivos, que no hubo segundo o tercero porque los demás aspirantes quedaron fuera del límite de clasificación.
Hoy quiero, más allá de los números, que, por cierto, fueron mayores que los obtenidos en las primarias de 2012 por Henrique Capriles, referirme a varios aspectos que suelen pasar inadvertidos por analistas y estudiosos de la ciencia política.
El proceso fue autogestionado. Esto quiere decir que no se contó con el favorecimiento de los poderes públicos (que en conjunto buscaron obstruir desde el primer momento) ni con el aporte de los capitales privados, sino que se hizo mediante comisiones de ciudadanos convocados para desempeñarse sus cargos como voluntarios.
Miles de coordinadores y testigos fueron los héroes de la jornada, en cada uno de los centros de votación y mesas, en clara demostración de que se trató de una fiesta democrática, sin recelos, pleitos, impugnaciones y protestas, sin robos de votos, ni triquiñuelas. De tal manera que se impuso la serenidad y disposición clara de volver a las pautas democráticas.
No hubo despliegue de soldados, policías, guardias o funcionarios, y menos tanques de combate o aviones de guerras, con el consiguiente gasto de transporte, combustible, alimentación y comunicaciones, lo cual vino a ser un ejemplo de cómo se pueden hacer elecciones de bajo costo, sin que se produjeran pleitos o desórdenes.
La transmisión de los resultados permitió que en dos días se conocieran los resultados, sin tener que apelar al uso de las máquinas del poder electoral, cuyo uso habría implicado el gasto de millones de dólares.
Familias enteras, con sus hijos pequeños, jóvenes y adolescentes, acudieron a las mesas, permitiendo que esos no votantes vieran y aprendieran cómo se vota y entendieran esta parte del derecho al sufragio. Es decir, hubo enseñanza democrática.
Dos millones y medio de personas ejercieron el derecho. No hubo coacción en ningún momento, ni tampoco celebraciones ruidosas o consumo de alcohol y menos accidentes de tránsito. Asunto importante porque triunfar no implica celebrar para deteriorar la calidad de vida de los vecinos, alterar el orden o provocar incidentes.
Se trató de una fiesta democrática, como deben ser todas las elecciones. Se dio un ejemplo a lo interior y exterior del país, lo cual es motivo de orgullo, complacencia y esperanza. Un resultado positivo y aleccionador. Podemos vivir en democracia sin que debamos invertir millones de dólares en gasto electoral.
Lo malo. Ah. También lo hubo. El régimen socio – comunista inició el descrédito del proceso el mismo domingo, contando con el apoyo del candidato adeco Carlos Prosperi. Por cierto, apoyado en Mérida por el exgobernador Ramón Guevara.




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