Mérida, Mayo Viernes 29, 2026, 01:16 pm
“Que este sitio tan sagro/ que sea una cosa admiraba/ que hasta la gente de afuera/ salgan a la Hoja Morada,/ a pagar allí gustosos/ los milagros recibidos/ de esta Salta Cruz Sagrada”
Benjamín Oballos, 9 de enero de 1972
Poema a la parada del Santo Niño Dios en la Capilla de Hoja Morada.
La Hoja Morada se encuentra situada en la margen derecha de la quebrada Las Tapias, en lo alto de la montaña como una atalaya que mira a Bailadores y ha sido testigo mudo de su cotidiano discurrir de años y acontecimientos. Por tradición oral muchos han buscado de manera infructuosa un incalculable tesoro oculto en sus montañas, se dice que después del terremoto de 1812 y ante el asedio de las tropas españolas unos religiosos que iban camino al Reino de la Nueva Granada enterraron dicho tesoro con alhajas de algunas de las iglesias de Mérida, esta leyenda urbana encontró arraigo popular cuando el sitio fue usado para temperar por algunos enfermos de elefantiasis y lepra durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez.

La Hoja Morada es un lugar que incita a la curiosidad con árboles más que centenarios, cargados de barba que han resistido las embestidas del hombre. Entre los viejos infolios del Registro Subalterno Tovar existe una escritura de compra – venta que data del 24 de julio de 1834 donde “María Belandria y Josef Trinidad Molina venden a sus cuñadas María del Rosario y María de los Ángeles Ramírez una cabuya de tierra de sesenta y tres varas en el sitio de Hoja Morada y páramo por 37 pesos y 6 reales” La familia Belandría se había aposentado en el sitio de Las Tapias desde 1750. Otro documento fechado el 2 de marzo de 1867, da fe de como por otra escritura de compra - venta “José de La Cruz Rosales vende a Pedro Nolasco Omaña una posesión en el sitio de Hoja Morada en 70 pesos”

Por su parte, en el Registro Subalterno de Bailadores hay un curioso legajo de 1870 que contiene el deslinde de la Hoja Morada con copia legalizada de una escritura fechada en La Grita el 8 de mayo de 1798. Ahora bien, de ¿dónde o a qué se debe el nombre de Hoja Morada documentado por más de 200 años?, algunos baquianos de la zona aseguran que se debe a la presencia de un árbol cuyo envés de las hojas es morado… acaso se trataba del árbol de “Cascarrilla” otro nombre con que se conoce la Quina (Cinchona officinalis) de cuya corteza rica en alcaloides se extrae la quinina que posee principios astringentes, por su alta concentración de taninos y resulta de gran ayuda en la medicina tradicional para cicatrizar heridas y úlceras, ello explicaría porque los pobladores de Bailadores se iban a temperar allá en los años 20. El árbol de la Quina fue descubierto por La Condamine en 1742 cuando exploraba la zona de Loja en Ecuador, lo que llevó a publicar en 1743 el primer reporte científico sobre la planta y sus propiedades.

Unido a esto en los años 30 del siglo, contaba la señora Encarnación Devia que un día se fueron desde las aguas calientes de Las Tapias, Bailadores montaña arriba y se encontraron con unos piedrones y en eso se vino un palo de agua de más no poder, empezaron a escarbar debajo de una de las piedras y a lo que se puso a lavarla apareció una cruz terciada, se bajaron al pueblo y cuando al tiempo regresaron la cruz había crecido y al escarbar más aparecieron otras cruces, lo cual causo curiosidad y lo consideraron un milagro al punto que uno de los derechantes del terreno Don Eufemiano Oballos construyo una capillita donde llevaron un nacimiento y lo colocaron en el pesebre. De esta manera año tras año la gente subía a ver al Santo Niño de la Hoja Morada y realizar la paradura que se convirtió en tradicional incluyendo la subida del cura párroco de Nuestra Señora de la Candelaria el segundo domingo de enero a dar la Santa Misa. (Ver el libro Estampas de Bailadores de José Gregorio Parada)

En los años 50 ya los terrenos eran de la familia Gutiérrez - Carrero, entre otros y Don Olinto impulso la construcción de una capilla más grande incluso que albergara la totalidad de la piedra tal como se encuentra actualmente.
Olinto del Carmen Gutiérrez Carrero nació en la Otrabanda, Bailadores el 13/7/1931 y murió en Bailadores el 7/8/2012) fue uno de los más entusiastas propulsores de la tradicional Paradura, como promesa o acto de fe la sostuvo a sus expensas hasta su muerte. Desde inicio de diciembre empezaba con los preparativos, tuve la fortuna de acompañarlo del 2006 al 2012 mientras me desempeñaba como director de Cultura y en el 2013 realizarle un sentido homenaje colocando su retrato al óleo pintado por el artista Dioban Márquez Carrillo en la capilla con la siguiente leyenda: “En reconocimiento y como testimonio perenne a su voluntad inquebrantable y dedicación permanente por mantener viva la Tradicional Paradura del Niño de la Hoja Morada. Su legado es digno del conocimiento de las presentes y futuras generaciones”

Legado que han continuado sus hijos: Elda, Tibisay y Carlos, quienes contra viento y marea persisten en no dejar decaer este tradicional acto de fe. Por mi parte, mi más alta estima y reconocimiento. Aunado al llamado a las autoridades de Rivas Dávila y al cura párroco para que en lo inmediato también les den su apoyo constituyendo la Junta Pro celebración de la Paradura de la Hoja Morada. Junto podemos.
Este domingo 14, desde muy tempranas horas de la mañana, todos los caminos conducen al sitio de agua caliente de Las Tapias - Bailadores para desde allí emprender una caminata de aproximadamente una hora hasta lo alto de la montaña, donde está la capilla de la Hoja Morada y tendrá lugar la Paradura del Niño, que previamente se baja al santuario y ese día el cura rector lo lleva de regreso entre sus alforjas. Con fe y esperanza allá nos vemos, con un poco de suerte desenterremos el tesoro para construir el Santuario más grande de peregrinación y pernocta del occidente de los andes venezolanos.
Néstor Abad Sánchez
La Abadía, enero 12, 2024
nestorabadsanchez@gmail.com