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Eudes Navas Soto: “Entre Corianos Te Veas” por Orlando Oberto Urbina

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Eudes Navas Soto: “Entre Corianos Te Veas” por Orlando Oberto Urbina


A sus hijos Eudes, Edmundo, Mario y Lilia

Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com


Es menester escribir sobre un personaje tan querido e importante como el hombre de historia oral, el poeta, el pintor, el músico, el beisbolista. El organizador del festival del papagayo en la ciudad de Coro, en la urbanización Independencia. El maestro, el líder social y promotor cultural y deportivo, el hombre necesario, el ateneísta.

Hablar sobre Eudes Navas, un escritor de crónicas que expresaba cosas sencillas, pero que tenían un valor trascendental. Ése era el poeta con su bolso de cuero terciado al hombro, y que él mismo denominaba el “maricómetro”. También usaba su particular cachucha española.

Era casado con una mujer que también era muy admirada y querida: la maestra Lilia Camacho. Recuerdo haber sido su alumno en el grupo escolar Pestalozzi, ubicado entre el barrio Pantano Abajo y San Nicolás, al frente del cementerio judío de Coro, con un valor histórico increíble por ser el primer camposanto del país.

Hablar de Eudes Nava Soto, ilustre falconiano, tan sencillo y lleno de una gran vocación por el desarrollo del Estado, y preocupado por el patrimonio histórico, arquitectónico y religioso de la ciudad más antigua de Venezuela, llamada tierra de bandera y misa. Eudes Navas Soto, paraguanero de nacimiento y desde niño formado en Coro, era el hombre de la palabra solidaria, y notable su esfuerzo por ayudar a alguien como aquel amigo nuestro, el poeta Cesar Robles El “gato”, a quien Eudes ayudó mucho. 

Nosotros lo acompañamos en esa tarea de que saliera adelante. Eudes para nosotros era el padre, el consejero y muchas veces el que te formaba un lío si no estabas haciendo lo que te había aconsejado. Eudes era todo lo que uno acostumbraba hacer en Coro: las tradiciones, el hombre de palabra, el solidario de la canción necesaria, el camarada amigo de los amigos, el poeta y pintor del Coro hermoso que llevaba siempre impregnado en sus cuadros o en sus dibujos. 

María Gabriela Arévalo describe en su ensayo a Eudes Navas Soto como un hombre que expresaba sentimientos y vivencias a través de sus representaciones en la pintura, los dibujos o en la novela, al igual que en sus crónicas, a través de las cuales devela historias de su querido Coro, porque tal vez Coro nació en el barrio Las Panelas, o en el barrio La Guinea. Eudes en cada una de sus manifestaciones artísticas nos va llevando a una identidad de la Falconianidad. Se trata de ser coriano, así hayamos nacido en algún lugar o pueblo diferente. Sentimos que Coro es una madre que siempre necesita de sus hijos, de sus buenos hijos que no la olvidan, y allí siempre estuvo ese gran hijo Eudes Navas Soto, entre los que tanto hemos amado a esta ciudad.

Hablemos de su escritura, su pintura, sus grabados, sus poemas, sus dibujos, sus cuentos y novelas. Navas Soto va a pertenecer al grupo literario Coro, creado en 1956. Ya en su juventud sentía pasión por las artes y la literatura. Desde muy joven, hubo en él una pasión por comunicar lo que estaba haciendo. El gran poeta Rafael José Álvarez vendrá a calificar la poesía de Eudes Navas Soto como una poesía en movimiento, en la cual van a ser distintas las situaciones que nos trasladan de un espacio a otro, y van tomando forma en cada una de sus obras con una constancia de superación a través de la versatilidad de su verbo que precisa cambios de ánimos y sentimientos, tristeza, y otras expresiones que van a reivindicar lo social.

Mi grito nació trotando

 y echó a correr por los campos

 creció a los pasos del llanto

 pero siguió cabalgando…

Todo poeta venido de la sequía no puede dejar de nombrar la lluvia, ni la tierra que nos abraza en su aridez.

Jamás le tuve miedo a la esperanza

como nunca me escondí de las espinas 

sabía andar y sonreír y jugar con

 cada una de las agujas de agua

 luego quedaba un tranquilo espejo 

para remojar la cara de la tarde

 y el suelo se llenaba de estrellas 

así esperaba la noche para vivir

 en ella

Este poeta falconiano nos va a dar una lectura de compromiso. Muchas de sus obras están repletas de desafíos, ya que muchas veces parecen privarse de él mismo. Todo está en la imaginación de ese conversador o mejor dicho ser humano que proviene de un barrio de gente laboriosa como es Falcón, más buen Coro o las Panelas. Cada personaje de sus obras está dentro de su existencia en retrospectiva, desandando en cada esquina o calles de la ciudad por donde anduvo, y luego recogerlos en vivencia que va a ir completando en una cantera de inquietudes que llena esa tinaja de recuerdos que se van a unir en ese río de conversaciones llenas de muchas nostalgias que lo marcan, porque la indiferencia ha sepultado lo auténtico. 

Lo bello ahora es habitado por la decadencia y lo falso que se acrecienta en una sociedad resquebrajada e injusta que nos imponen.

Eudes Navas Soto será siempre una referencia obligada para las nuevas generaciones que vendrán. 

Nació en Coro el 4 de febrero de 1940, y fallece el 9 de Julio de 2002, a la edad de 62 años de edad, este autor falconiano dejo varias obras escritas entre ellas: “De Silencios a Gritos” (Poesía), “Vértices, Paso 2” (Poesía), “Lumbrada” (Poesía), “Ya la Concha estaba allí” (Relato), “ Gritos “ ( Ensayos), “ La Parranda Coreana” (Ensayo), “De Este Lado de la Orilla”, (Relatos), “Síntesis” (Poesía), “Del Minúsculo Redil”. En el año 2018, la Revista Madriguera, publicó una de las crónicas sobre la vida de los locos en Coro, titulada “Cada Casa Con su Loco” en la que nos narra esa “manía de los corianos o extraña costumbre, pero muy humana, de crear un trato y un ambiente especial para el loco de la familia” y también nos dice que es muy difícil saber el porqué de tener un loco por familia. 

O lo que equivale a decir, que en ciertos extractos de la sociedad coriana, sin precisar tiempo, ni condiciones, podríamos resumir que en muchas casa corianas, hay un lugar peculiar para “el que salió loquito”. Prosigue el poeta Eudes Navas Soto en su brillante crónica llena de historia y de mucha picardía en cuanto a la realidad de una sociedad conservadora, que los apellidos de los adinerados no podían juntarse con apellidos de plebeyos. 

“Es posible que la causa de esta anomalía sean razones de consanguinidad, al no querer ligar la sangre, perseverando el linaje a enfermedades congénitas ocultadas, cuidando de no ver desmejorada la imagen social o de cualquier otro tipo, de la familia o de algunos de sus miembros.”

Allí el escrito aclara que podrían devenir esas consecuencias por la consanguinidad, pero que el origen de ese “fenómeno”, son apenas suposiciones del cronista. Ahora, lo que más se acerca a la realidad es que tiempos no muy lejanos, cualquier familia en Coro tenía su loco y su cuarto para ese familiar. Contaba que cuando muchacho se ponían a jugar una pica de trompos, mientras sacaban una partida de beisbol o pelotica de goma, señalaba que se escuchaban conversaciones como: “el loco de tu casa grita día y noche y anda desnudo y no lo bañan”, y entonces le construían un cuarto con bahareque en el solar para que los vecinos no escucharan los gritos. También suscribía en sus relatos Eudes Navas Soto, que los “loquitos de la casa” parecían llegar de otro planeta o aparecerse de pronto la gente se percataba de sus presencia, nadie hablaba ni preguntaba por ellos. 

Aún pervivía esa costumbre de que esos seres no tenían dolientes, y cuando morían salían directo al cementerio, sin que nadie lo supera, como si hubiese muerto de alguna enfermedad contagiosa.

Señalaba el poeta Navas que en Coro se decía que “ a esos loquitos machos, lo que les faltó en su tiempo fue bollo, y de las hembras casi no hay loquitas porque no son pendejas, cuando deciden darlo, porque sienten la necesidad, se dejan de pendejadas y lo dan, aunque después se les venga el mundo abajo… Pero, ¡ahí tá! Si se vuelven locas, será por otra vaina, o porque tienen la naturaleza alta”. Esa crónica va narrando toda una odisea que se vivió en la antigua ciudad de Coro: una sociedad conservadora donde muchos expresaron ese descontento con su familia. Además, la gente decía: si no sale loco, puede que sea guerrillero o cura seguramente. Sin embargo, el poeta nos señala que esto parece ocurrirle a la gente acomodada que se “la dan de muy señores”… ¡Ay!, pero esos pobres muchachos hijos de mamá y papá, a esos pobres no los sacan ni asolearse, por “el qué dirán”. 

Este poeta también fue un luchador social, una persona que se identificaba con las causas justas de su pueblo, era muy cercano al cantor del pueblo Alí Primera. Estuvimos con Eudes y otros compas en la organización de la Canción Solidaria en homenaje al poeta Servando Garcés. También fue uno de los defensores del barrio San José en Coro, para que no desalojaran a sus habitantes por darle paso a un proyecto privado que iba a llamarse urbanización Paraguaná. 

Esta crónica es para reconocer a ese personaje, maestro y guía de muchos de nosotros en aquellos tiempos. Gracias a estos amigos muchos se enderezaron en el camino y hoy son personas de mucho respeto. Hoy dedico a la memoria de este amigo Eudes Navas Soto.





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