Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:52 pm
La mayoría de los países del mundo enfrentan a una
reducción en los niveles de inversión como consecuencia de la lenta
reactivación de la actividad productiva mundial, la fragmentación del comercio
y la elevada conflictividad geopolítica. Y en este grupo, países con alta inestabilidad
política y elevados desafíos de gobernanza, ven como la llegada de capitales
con fines productivos se vuelve cada vez más complicado. Este es el caso de
Indonesia, país que ha impulsado su economía hacia las exportaciones de recursos
naturales y las manufacturas con bajo valor agregado.
Esto es resultado, entre otras cosas, de las percepciones
culturales sobre el país, la falta de una política integrada que vincule la
educación con las actividades de Innovación y Desarrollo (I+D), además de una
política industrial concentrada en la sustitución de importaciones. De esta
manera, el país ha limitado la capacidad innovadora de la fuerza laboral, ha
reducido su capacidad para utilizar plenamente la tecnología y el conocimiento
aportados por la Inversión Extranjera Directa, y ha quedado rezagado en
términos de desarrollo del capital humano necesario para competir globalmente
en industrias de alta tecnología.
Ante esta realidad, el país asiático ha cambiado sus
prioridades emprendiendo el reto de implementar nuevas políticas de inversión
que modifique la percepción mundial sobre su economía y permita transformar la
actividad productiva local; aspectos que los países latinoamericanos en igual
condición pueden replicar. Esta nueva dirección de la política económica de
Indonesia se caracteriza por: 1) promoción de la producción de bienes amigables
con el medioambiente, y 2) uso de criterios de transferencia de tecnología,
cuotas de empleo local y requisitos de inversión en I+D para los fondos
nacionales y extranjeros que llegan al país.
Esto ha permito que la economía asiática avance en la
industria de los vehículos eléctricos (EV) y las baterías, aprovechando simultáneamente
sus recursos de níquel y el interés de capitales extranjeros en esta actividad
productiva. De igual manera, las autoridades de Indonesia insisten en la
promoción de las inversiones en sectores como las energías renovables y los
semiconductores, con importantes metas asociadas con la sostenibilidad de las
actividades productivas y el cumplimiento de los compromisos multilaterales de
desarrollo sostenible. En este sentido, el Gobierno ratifico a principio de
2024 la New and Renewable Energy Bill, que enfatiza en la
transformación energética nacional, la reducción de la dependencia de los combustibles
fósiles y el necesario desarrollo de fuentes alternativas de energía.
Como productor líder de níquel en el Este de Asia,
Indonesia puede tener un impacto significativo en la cadena de suministro de
baterías. Mientras que es un tema pendiente para sus autoridades, vincular directamente
sus recursos con el creciente sector de semiconductores. El desarrollo de una
industria de semiconductores mejorará las capacidades tecnológicas, hará que la
economía pase de una industria manufacturera de bajo valor agregado a una de
alto valor agregado. Este sector es de importancia superlativa para la economía global y su
desarrollo permitiría: diversificar la economía, atraer inversiones, crear
resiliencia frente a los cambios económicos globales, y definir una posición
estratégica ante el mundo. La dotación de recursos naturales no puede seguir
siendo el único motor de crecimiento económico de los países ni la única fuente
de ganancias de su participación en el comercio internacional, es necesario impulsar
las inversiones, el conocimiento y la creatividad que se necesitan para
consolidar nuevas industrias rentables y cónsonas con crecimiento económico
sostenible.
(*) @ajhurtadob