Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:03 pm
Si
a ver vamos, ambos compromisos se trocaron en diario afán y los cumplió a
cabalidad porque José Humberto Ocaríz hizo honra del primero en tanto nació en
tierra pastoril y lindante de 2 países que le fueron caros a su pasión. Superadas
las privaciones naturales en su espacio pastoril de La Argelia, fundo medianero
entre Junín y Bolívar del Estado Táchira, viajó a Rubio y más tarde a Caracas
para consolidar sus estudios de bachillerato.
En
el hogar de Don Félix María y Doña Omaira, nació el 1 de octubre de 1919 y ese
crisol de valores y principios se hizo denso hasta aparejar una vocación
enciclopédica que no conocerá tregua en adelante. En el gracejo de su
anecdotario revelaría que de joven no escapó a las chacotas que en Caracas les
arrimaban una vez escuchaban el inocultable siseo que en su caso heredó de los
curas dominicos, guías de sus primeros pasos escolares.
En
Mérida inició carrera de Medicina en la ULA y al retornar a Caracas reanuda la
carrera en la UCV hasta egresar como Doctor en Ciencias Médicas el 6 de agosto
de 1943. Germán Briceño Ferrigni, diría años más tarde: “pronto adquirió fama
de profesional y catedrático, sus alumnos recuerdan las clases magistrales sabias
y disertas, donde la ciencia expuesta se adornaba con la palabra exacta y bien
dicha y, por lo mismo, atractiva y comprensible”.
Antes
de recibirse de Médico, en 1942 fue Secretario del Hospital Los Andes y en
Caracas trabajó de Practicante del Batallón de Ingenieros Francisco Avendaño y
en el Hospital Vargas. De nuevo en Mérida recibió destino como Médico Rural de
La Azulita y fundó el Hospital Tulio Febres Cordero en 1944. Pasados 70 años de
su creación, el Dr. Ocariz visitó La Azulita y se solazó en su obra, mantenida
con imbatible pasión por su gente.
En
los años 50 del pasado siglo viajó a Europa al Curso Médico Quirúrgico de
Patología Digestiva en la Facultad de Medicina en Madrid y luego a Barcelona,
Paris, Londres, París, Kassel, Munich y Berna. Fue Miembro de la Sociedad
Española de Gastroenterología, de su similar en Colombia y de la Sociedad
Española de Endoscopia Digestiva. El Dr. Ocaríz, cuya probidad académica nadie
discute, fue un profesional querido y admirado en Mérida.
Un
fértil catálogo cuenta 7 libros publicados de temas médicos, 27 artículos en
Revistas especializadas, 11 folletos de varios temas, 18 trabajos de cultura en
Revistas, una decena de libros de costumbrismo en prosa y poesía, centenares de
artículos desde 1964 para La Hora, Vanguardia, Diario Católico, La Nación y
Pueblo en Táchira, El Vigilante, Frontera, Los Andes en Mérida, El Informador
en Barquisimeto y El Nacional en Caracas.
En
sus exequias del 9 de marzo de 2016, hace ya 8 años, dije: “el Dr. José
Humberto Ocariz, deja un vacío irreemplazable entre colegas, alumnos y su
legión de amigos que supo cosechar con la fe del carbonero pero que además,
deja a la ciudad en orfandad porque se marchan sus prohombres, parten sus
hacedores, emigran sus favorecedores: esos que la sirvieron con
desprendimiento, lealtad y amor, ventaja, filantropía y dedicación”.
El Dr. Ocaríz, como lo llamó el merideño de a
pie, ese que contestaba su saludo en cualquier esquina, el alumno que se formó
bajo su alero, el músico que compartió sus creaciones, el amigo que supo de sus
cuitas libando una buena copa, el colega que escuchó sus afanes o el pueblo que
apuró su avidez altruista, fue médico de probada capacidad y consagración,
poeta de fino verbo, compositor de vena costumbrista y andino de recia estampa,
hecho a la medida de nuestros paisanos en el apego raigal al lar nutricio. Honrar,
honra.