Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:55 pm
El régimen ya acostumbrado y habituado a
desconocer, violentar y desdibujar los derechos constitucionales, ha permitido
controlada y arbitrariamente la participación de 37 partidos políticos, que
respaldan trece candidatos a la presidencia.
Por supuesto uno de los trece es Maduro, otros 11
son apéndices y a la vista aliados del régimen y atienden a sus estrategias,
intereses y designios.
Todos estos doce candidatos juntos, fueron
postulados y apoyados por 36 de los 37 partidos participantes. Sólo uno, el
postulado por la MUD, anunciado como candidato provisional o tapa, pudiera ser
considerado oposición y representar la salida a la premeditada y hoy ejecutada
asfixia e implosión del proceso electoral presidencial.
Es absurdo, aberrante e inmoral lo que estamos
viendo y viviendo. Eso de construir e imponer doce candidaturas contra una
probable y vulnerable o la desproporcionada participación de 36 partidos sin
consistencia contra uno, es la muestra de la debilidad del régimen y la crisis
severa de la fracasada oposición tradicional, que fue desplazada por otra
oposición de corte pro oficialista que nació prematura, bajo la sombra de la
revolución, con grandes carencias estructurales y llena señalamientos y
dificultades por su dudoso origen y condiciones de funcionamiento, con escasa
militancia y poca presencia y posicionamiento político, evidentemente también
a condenada a morir.
Estás 36 organizaciones forman parte de dos polos
perfectamente direccionados desde Miraflores. El primero es el llamado
Patriótico que tradicionalmente ha acompañado al régimen, que en parte ha sido
forzado por la vía de la judicialización a permanecer bajo el control del PSUV,
principal partido de esa instancia política.
Partidos como el PPT, PCV, MEP, PODEMOS por
contradecir, oponerse y pretender deslindarse de la fallida revolución, fueron
despojados de sus símbolos y tarjetas y puestos en manos de personajes
desconocidos y otros cuestionados pero todos leales al proceso como ellos le
llaman. Amalgamados y cohesionados por la fuerza, el chantaje y las prebendas,
como el control de instituciones, todas en ruinas y algunos espacios bajos y
medios de poder, sin ningún sustento ideológico y menos doctrinario,
absolutamente todos tutelados y controlados postulan al aspirante oficialista a
la reelección.
A este polo patriótico se le adhieren otras nuevas
organizaciones entre ellas una conocida como FUTURO, denominación que había
sido solicitada hace mucho tiempo por Henry Falcón y sorpresivamente y por la
vía express ya acostumbrada, fue legalizado y otorgado a las decadentes fuerzas
revolucionarias que lidera el gobernador oficialista del estado Miranda. Es
otro despojo arbitrario, para poner en práctica otro ensayo para refrescar el
ambiente revolucionario que suple el proyecto fracasado, denominado Somos
Venezuela, que surgió para captar la migración oficialista generada por el
desencanto y los rigores partidistas del PSUV que terminó siendo un generador
más de la burocracia y una fuente de empleo precario para la juventud, carente
de oportunidades y sin estímulo al estudio debido a la creciente e indetenible
crisis económica.
Serían en total 11 organizaciones fantasmales unas,
enclenques y facinerosas otras, las que están postulando directamente al
inquilino actual de Miraflores.
Como podemos observar el polo patriótico original
subordinado y desmoralizado se convirtió en un grupo de tarjetas representadas
por un puñado de dirigentes de segunda, amantes del negociado y la buena vida
todos vivianes del poder. Quedando demostrado que la partidocracia oficialista
pasó a formar parte de la degradación política de todas las tendencias que
engañan, manipulan y persisten en controlar a la sociedad venezolana evidentemente
humillada y empobrecida. Su valoración en la estadística en las principales
encuestadoras del país los ubica como insignificantes, nada determinantes y sin
peso político alguno.
El otro nefasto polo, nutrido y representado por
figuras políticas desleales, oportunistas, apátridas, plagiarios, advenedizos y
tarifados lo configuran el reducto del sector partidista tradicional también
empoderados por la judicialización. AD, COPEI, Voluntad Popular y otra serie de
viejas y nuevas organizaciones, que juntas ascienden a un total de 25 partidos.
La mayoría de ellas desconocidas por el electorado que respaldan a las 11
candidaturas aupadas desde el poder central oficialista, etiquetadas por la
opinión pública nacional de fraudulentas y engañosas concebidas para dividir el
gran esfuerzo de unidad nacional que sigue avanzando y consolidándose en medio
del caos generado por quienes son enemigos del cambio.
Ambos polos se adueñaron en su totalidad del
tarjetón o bandeja electoral para tratar de confundir, dividir y mostrar una
fortaleza inexistente. Sin embargo, el proceso electoral presidencial se
debatirá entre la opción que representa lo que queda del PSUV y la opción de la
unidad nacional que lidera quien no se le permitió postularse, pero que lleva la
voz cantante y el respaldo de la mayoría de los venezolanos, María Corina
Machado.
El manejo doloso del ente rector, la actuación de
los factores políticos de todas las tendencias hoy puestos en evidencia,
vaticinan una derrota aplastante a los dos polos y sus 12 candidatos y el
contundente triunfo de la unidad ciudadana y su representante finalmente
definido, con el respaldo del 90% de los venezolanos.
86% de los venezolanos no quieren saber de los
partidos políticos y se declaran independientes, eso nos conlleva a pensar y
poder calcular que la estrategia oficial de crear este marasmo disfuncional de
partidos vendidos como opositores finalmente no funcionará por razones obvias.
Nadie, ni siquiera los oficialistas están
dispuestos a permitirle 6 años más a la revolución y a su candidato, hoy
inhabilitado por la impopularidad y la pésima gestión e imposibilitado de
alzarse con la victoria con 7% en las encuestas. Solo basta con ver y comparar
las encuestas de los últimos 24 meses, mirar y evaluar las movilizaciones
y concentraciones convocadas por el líder de la revolución, para concluir que
perdieron su base de sustentación que fue en un momento el hoy engañado y
decepcionado pueblo venezolano.