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Matria tovareña (50)

Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa, Un enviado del Señor que vino de Cordero a reinar en Tovar por Néstor Abad Sánchez

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Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa, Un enviado del Señor que vino de Cordero a reinar en Tovar por Néstor Abad Sánchez


“Ese padrecito revela una inteligencia no común, unos dotes de oratoria de primera línea, un cultivo intelectual de muy elevada categoría”

Don Ramón Ramírez, en confesión ante Monseñor Moreno.

 

Pasarán muchos sacerdotes por Tovar, pocos o ninguno quedarán eternizados en el corazón del pueblo como el Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa, quien al igual que sus antecesores el Pbro. y Dr. Juan Bautista Arias (1860 - 1907), el Pbro. Amable Escalante (1904 - 1918), el Pbro. Eliseo A. Moreno (1919 - 1953) y el Pbro. José Eustorgio Rivas Torres (1959 - 19/5/1968), dejaron obras que fueron y son visibles en lo pastoral y en lo material en pro del pueblo tovareño. De otros llegará el momento de hablar “por sus obras los conoceréis”, pero del padre Ramírez ha llegado la hora de reivindicarlo con motivo de su centenario para honra y prez del clero venezolano. Voy a tratar de referirme brevemente a su vida y de manera especial a su actuación y legado transcendente en Tovar, Zea y Ejido.

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Juan Eduardo Ramírez Roa (n. Cordero - Edo. Táchira 27/05/1924 - m. Ancianato San Pablo de la ciudad de San Cristóbal - Edo. Táchira 22/03/2015), sus padres: Don Rafael María Ramírez y Doña Delia María Roa; aprendió sus pininos en casa de sus progenitores y después continua su formación en la Escuela Federal de Cordero; a los 12 años ingresa en el Seminario de Mérida y a los 16 años se traslada al Seminario Inter diocesano de Caracas. Su destacada actuación como estudiante le vale para que a los 18 años pueda inscribirse en el Seminario de Santiago de Chile y al año siguiente en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile de donde egresó a los 23 años con notas sobresalientes.

En 1947, Regresa a Venezuela con el título de Licenciado en Teología de una de las universidades más prestigiosas del continente y es ordenado sacerdote a los 24 años en la Catedral de Mérida el 25 de enero de 1948, por Monseñor Acacio Chacón Guerra. De inmediato es designado vicario cooperador de Monseñor Moreno en Tovar, coadjutor en Santa Cruz de Mora y en Tostós Edo. Trujillo. Al cumplir 25 años le toca ejercer su apostolado en Zea (1949 - 1953), de allí es trasladado a Mérida el 14 de agosto de 1953, a pesar de la protesta de los zedeños. Le toca asumir la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Montalbán, Ejido y según la acertada expresión del Pbro. Pedro A. Moreno U. fue allí: “…donde enclavó su corazón, convertido en altar, y plasmó su palabra en el timbre de las campanas de una vetusta torre, e hizo realidad la sencillez y la alegría de su vida en el templo y la Cancha Profesional”. A la par trabaja en la Acción Católica, pero el arzobispo le tenía reservado un mejor destino y lo envía a Roma para seguir un curso de post-grado en Sociología. A los 34 años regresa a Tovar donde va a permanecer por 16 años (19 de mayo de 1968 - 20 de septiembre de 1984). De nuevo va Ejido (1984 - 1998). Su última parroquia fue El Llano, Mérida, mientras comparte otros roles en la Arquidiócesis. Los últimos años del apostolado del padre Ramírez estuvieron signados por la soledad desde que su desarraigo de la parroquia El Llano, Mérida, cuando todavía tenía mucho por darle al clero venezolano. El arzobispo quería gente joven y adulante a su alrededor, nadie que le hiciera sombra.

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El padre Ramírez era considerado un “pico de oro” y para muchos es fue “primer orador sagrado de la región”. Además, un hombre muy cercano a Monseñor Pulido Méndez, de quien por cierto pronuncio su oración fúnebre “Renuevo de Olivos”, una pieza de oratoria excepcional, donde afirmo entre otras cosas que: “…la noticia de su muerte rompió como un sol en las primeras horas del amanecer” quizás la suya también el 22 de marzo del 2015, hace 9 años.

En Zea, sus principales realizaciones materiales fueron: el Altar de mármol, que en 1951 significó un esfuerzo titánico; la adquisición de un nuevo viacrucis y el inicio de los trabajos de reconstrucción de la capilla del Santo Niño. En el campo cultural hace llave con Don Ramón Ramírez y promocionan el teatro con las obras: “La enemiga” y “El hijo prodigo”, con justa razón el Dr. Jesús Rondón Nucete lo cataloga como un: “Intelectual por naturaleza, finísimo escritor, orador de singulares dotes, en sus antiguas parroquias organizó actividades literarias y grupos de teatro que cosecharon notables éxitos” Por ello, podemos afirmar que el padre Ramírez fue un adelantado de su tiempo en lo cultural y ductor de la juventud. Como pocos entendió que la cultura y el deporte son dos herramientas fundamentales para hacer sentir hombres a la juventud y acercarlos a Dios. Quizás el padre Juan Eduardo fue un Quijote o un chiflado por la causa de la formación de la juventud. Los zedeños aún recuerdan su esfuerzo por organizar aquellos primeros torneos de voleibol en la vieja cancha de la Escuela O´Leary, en aquellas tardes inolvidables entre los equipos: “Cachorros”, “Talca”, “Travalarios” y “Terecay”, fue tanto el éxito que luego habilito el terreno adyacente a la Parroquia y con los jóvenes deportistas construyó la cancha parroquial que hoy reformada pertenece al Colegio Rita Mora de Barrios. (Evocaciones de Don Ramón Ramírez. Tovar, 19 de enero de 1973)

Su labor sacerdotal en Tovar fue excepcional, ya que logra demostrar al máximo su capacidad, su formación y su experiencia. El Dr. Rondón Nucete la sintetiza de la siguiente manera: “Organizó una moderna Misión para revitalizar espiritualmente su nueva parroquia; reorientó los programas religiosos en la emisora Local; emprendió la remodelación de la bella iglesia parroquial, sin dejar al mismo tiempo de interesarse por todos los aspectos de la vida de la comunidad…” Todas estas aseveraciones están documentalmente sustentadas.

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El 19 de mayo de 1968, recibe de manos del Pbro. José Eustorgio Rivas la parroquia Nuestra Señora de Regla de Tovar y dos meses después de la posesión jurídica, el 25 de julio acompañado del Pbro. Onías Mora fue nombrado Vicario Cooperador de la Parroquia, toma posesión y de inmediato inicia un trabajo apostólico a través del programa radial “Dialogando con mi pueblo” que se trasmitía a las 12.15 p.m., a las 6:00 p.m. el “Momento parroquial” y todos los domingos a las 10 a.m. la santa misa. Todavía hoy a 56 años la gente recuerda sus palabras alentadoras: “¿Quién vive? ¡Cristo! ¡Quién reina? ¡Cristo! ¡Quién impera? ¡Cristo! ¡Viva Cristo Rey! ¡Vivaaaaaaaaaaaaa!”, esta arenga era el postre en cada almuerzo de los tovareños.

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El 15 de setiembre de 1968 estableció y instituyó en costumbre la misa dominical en la capilla de Sabaneta, e inicia también las misas en los campos a partir del sábado 25 de setiembre. El 30 de setiembre trasladan al padre Onias Mora y llega el padre Manuel Álvarez. Ya en su mente está firme el propósito de consolidar el templo parroquial y empieza los trabajos de arreglos de la impermeabilización de los techos, que costo cinco mil doscientos cincuenta bolívares (Bs. 5.250). Conocedor del trabajo que el maestro Arnaldo Giordani había hecho en Bailadores, lo trae a Tovar para la decoración interior. El 7 de setiembre de 1969 efectúa la inauguración de la primera parte de la remodelación, ese mismo día bendijo un equipo de campanas valorado en siete mil bolívares (Bs. 7.000) y por la noche celebró una procesión de antorchas y misa taurina. Al respecto de su puño y letra quedó asentado en el Libro de Gobierno “... Misa Taurina, o sea escenificada con motivos taurinos, en el circo de toros: Teología de la misa de alcance del pueblo, espectáculo electrizante por la ceremonia en si y por lo soberbio del enmarque humano...” (Libro de Gobierno (1959 - 1998), folio 63). Esto lo convierte en gran aficionado taurino y tal como afirma Giovanni Cegarra, fue: “Pastor de nuestra Iglesia Católica, humilde, sincero, aguerrido, de recta y crítica homilía; así conocimos al Pbro. Eduardo Ramírez, taurino como el que más; fue Capellán de la Plaza de Toros Román Eduardo Sandia de Mérida, Estado Mérida; hizo nacer a la Misa Taurina cuyo sermón bordaba como si fuese una descripción de faena taurina e igualmente, del Reencuentro de Hijos y Amigos de Tovar, que este año llega a su Séptima Edición”

En 1970 bajo su organización la Parroquia recibió la visita del Obispo electo de Cabimas Monseñor Marco Tulio Ramírez Roa, quien era su hermano, acompañado de cincuenta y tres (53) seminaristas del Táchira. Después Monseñor Marco Tulio se convertiría en el cuarto obispo de la Diócesis de San Cristóbal. El 3 de mayo, se realiza un Festival Taurino a beneficio del Templo que dejó un saldo positivo de ochocientos bolívares (Bs. 800), que empleo en los trabajos de colocación del piso de granito de la iglesia. El 8 de setiembre con motivo de la Fiesta Patronal realiza la bendición de las modificaciones de la Iglesia en el revestimiento de las columnas y la decoración de las naves laterales.

Los días 25, 26, 27 y 28 de enero de 1973 son de júbilo en Tovar y Zea, pues se celebran las bodas de plata sacerdotales del Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa con una misa concelebrada donde estuvieron presentes los excelentísimos señores Arzobispos de Mérida y Maracaibo, los Obispos de Cabimas y Barinas y cincuenta (50) sacerdotes. En esa oportunidad el Presbítero Juan Eduardo Ramírez fue nombrado Vicario Episcopal de Tovar y tierra Panamericana y por parte del Concejo le fue impuesta la condecoración Orden Ciudad de Tovar, en su Primera Clase.

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En 1974, la Parroquia tomo parte activa en el Reencuentro de los Tovareños, estaban en Tovar los presbíteros Antonio Vielma en la Iglesia El Llano, el padre Calle y Ramírez en la Iglesia Nuestra Señora de Regla. Pero fue el padre Ramírez el motor fundamental de la idea del reencuentro con los hermanos Ricardo y Cheo Ramírez. Al final del año deja el balance como balance de su obra en el Libro de Gobierno: “Remodelación del Templo, piso de granito, decoración del cielo, remodelación y granito de las columnas, mesa de Altar Mayor, puertas, Viacrucis, faroles y dorada de vasos sagrados... mejoras en las Casas Parroquiales, se reconstruyeron dos Capillas del Templo, se construyeron los vestuarios del Teatro Parroquial. Por gestión del Padre Calle se remozó la Capilla de Sabaneta y se adquirieron los bancos para la misma... el Ejecutivo del Estado donó las ventanas principales del templo y remodelo el atrio, se adquiere un juego de campanas” (Libro de Gobierno (1959 - 1998), folio 77). A pesar que aun estaría 10 años más en la parroquia, este recuento es suficiente para considerarlo un gran benefactor de la ciudad, gracias a su empeño el 6 de noviembre de 1978, la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, precidida por el Dr. Rafael Armando Rojas Gil, declaró a la Iglesia de Nuestra Señora de Regla de Tovar Monumento Histórico Nacional.

En 1983, como gran bolivariano organiza por todo lo alto el bicentenario del Natalicio del Padre de la Patria y el 20 de setiembre de 1984 después de dieciséis (16) años es trasladado a Mérida dejando una gran obra social en todo el pueblo tovareño que hoy es motivo del reconocimiento público, siendo su última voluntad ser enterrado en la iglesia que ayudo a edificar espiritual y materialmente, lo cual lo convierte en UN ENVIADO DEL SEÑOR QUE VINO DE CORDERO A REINAR EN TOVAR. Sus restos mortales reposan a un lado de la nave lateral izquierda del Santuario de Regla, que él edifico con buen gusto y tino arquitectónico.

Aunque cualquier homenaje será poco para retribuir su contribución al progreso y bienestar de la ciudad. Siempre quedará una deuda con su memoria y un acto de justicia por realizar, su idea de darle un Museo a Tovar. Por eso, al entregar la parroquia en el inventario quedó para la historia la lista de donaciones que con ese fin había recibido. En esa relación de 1984, que transcribo textualmente del Libro de Gobierno (1959 - 1998) folios 99 recto y 100 vuelto, aparecen las antigüedades donadas al Museo de la Vicaria: “3 Cerámicas donadas por Oswaldo Molina. 1 Maquina de Cocer, 2 Cornetas antiguas y 1 Mosquetón Máuser donado por Luis Hernán Molina. 1 Reloj antiguo donado por Nora de Morales. 1 Alambique grande de cobre donado por la Guardia Nacional. 1 Mesita de joyero donada por Mireya de von Jess. 2 Máquinas de coser, 1 Maquina de cortar cañuela para cuadros, manuscritos, papeles, libros, candados, chapas de puerta y farol donados por Hilda Alarcón. 1 Prensa de imprenta donada por el Licdo. Ramón Emiro Molina. 1 Cepillo de madera donado por Aníbal Moreno. 1 Máquina de hacer cola donada por Don Luis Lupi. 1 Imprenta donada por Elio Zerpa. 1 Cuadro de la familia Méndez Osuna. 1 Cristo, 1 Bajante, 1 Pedestal antiguo, 1 Farol, 1 Maquina para hacer hostias, 1 Atril de bronce y 1 Cristo en lámina de bronce de la Iglesia. 1 Radio antiguo donado por Cira Gil. 1 Medalla del 150 Aniversario del Libertador donada por María de Soto. 1 Cuadro del Libertador de Juan Alí Méndez. 1 Reloj antiguo donado por la familia Rosales. 1 Aguamanil de madera donado por Hilda Alarcón. 2 Cristos en lámina de metal, 1 Cortadora de papel y 1 Maquina para hacer bloques donada por el señor Ovidio del Llano” ¿Qué sucedió después y dónde fueron a parar todas estas antigüedades destinadas al Museo de la Vicaria, es un tema que algún día debemos contar?, ¿Quién o quiénes fueron los (irres)responsables que los desaparecieron mucha gente lo sabe y todos callan por temor o complicidad? Lo importante es que no fue el Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa y este inventario es la mejor prueba de ello, ya que ninguna de esas piezas existe en el siguiente inventario de la Iglesia de 1992.

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La visión de la ciudad como patrimonio plantea un reto interesante, pues obliga a la confrontación de los conceptos e intereses de la conservación con los conceptos e intereses de la transformación, ello implica concientizar a la feligresía sobre el manejo y disfrute de tan valioso patrimonio arquitectónico que constituye el Santuario, además de impulsar la recuperación del casco histórico de la ciudad, logrando que las instituciones del Municipio cumplan con su papel de entes vigilantes de velar por el mantenimiento y sostenimiento de la infraestructura patrimonial. A la par de aún estamos a tiempo de crear el Museo histórico - religioso de la ciudad de Tovar para poder así rescatar y concentrar todas las antigüedades pertenecientes a coleccionistas privados que mediante donación pudieran legarlas a fin de enriquecer el Museo que sería el mejor homenaje al padre Juan Eduardo Ramírez Roa.

El jueves 24 de julio de 1997, fue el orador de orden de la sesión conjunta de la Asamblea Legislativa de Mérida y el Concejo de Campo Elías, Ejido con motivo del cincuentenario de la muerte de Monseñor José Escólastico Duque Moncada (1882 - 1947)

El 24 de enero de 1998, al celebrar jubilosamente sus Bodas de Oro Sacerdotales en la iglesia parroquial de San Buenaventura de Ejido, orgullosamente expresó: “Si 100 veces naciera 100 veces sería sacerdote”

Al caracterizar al padre Ramirez, su amigo del teatro y hermano de la vida Don Ramón Ramírez, zedeño de cepa, señala entre sus virtudes: “Su dinamismo, su espíritu deportivo, su extraordinaria vocación para encauzar a la juventud, su lealtad y generosidad a toda prueba” frase consagratoria que bien podría constituirse en el epitafio sobre su tumba. Y al destacar su Don de gente afirma que “Todo el que se acercaba al Padre palpa su bondad, tiene que quererlo y estimarlo”, ojala muchos de nuestros sacerdotes tomaran estas palabras como suyas para sean más humanos, menos vanidosos y pretenciosos

Esta semblanza quedaría incompleta si pasamos por alto su dedicación y amor al Teatro, como la gran pasión de su vida, siempre y donde quiera que ejerció su magisterio no dejó de hacer y promocionar el teatro como una herramienta de sociabilización y de liberación. Dejemos que sea el mismo Don Ramón Ramírez, quien nos lo recuerde en sus palabras inéditas pronunciadas 4 de enero de 1985, cuando el Concejo de Tovar le rindió un justiciero homenaje. Le tocó hablar después que el padre Ramírez elogió su trayectoria y de manera magistral nos legó una de las mejores páginas o la más completa de la historia del teatro en Tovar, al evocar sus andanzas en las tablas: “Me has hecho vivir los momentos de NOCHE DE VIENTO EN CALMA? con el Dr. Gonzalo Parra, Jesús Montilla y el Dr. Héctor Rodríguez en el magistral papel del diablo; en el HIJO PRODIGO con Marta muriéndose de amor; luego le me he visto celando a mi nieta y con la gran ilusión del primer bisnieto, y veo a Remigio con sus remilgos y su botella, pendiente del pito y del abuelo, ´Remigio, búsqueme el serrucho para cortarle las puntas a estos muebles para que no se me vaya a quedar chato mi bisnieto´… y veo la cara de envidia de muchos cuando consentía a mi bella nieta en EL ABUELO, Liseth Cuevas y van apareciendo Marcos, Marianela, Gary, Lisandro, Julio, Juan,  las Hnas. Zambrano, Hermes, Jairo y Papina; y he visto las momias, el piano de la niña, a Dña. Gervasia a mi adorada Dulce, Lolita, Ricardín, pero con la obsesión que me atormenta LAS MANOS DE EURIDICE; y he revivido junto con Gregoria, Ana Francisca, Rosalba, Zerpa, Julio, Juan, Hermes Morales y Papina con sus interminables besos, arreglando los problemas de mi yerno, nietos e hija en la obra homenaje a nuestros campesinos EL RETORNO DEL ABUELO…” La vida los hizo amigos inseparables y el teatro los convirtió en cómplices para brindarle a Tovar y a Zea horas inolvidables que es justo recordarlas en su centenario.    

 

Hoy al cumplirse 100 años de su nacimiento la figura señera del Pbro. Juan Eduardo Ramírez Roa se acrecienta, mientras su recuerdo aún perdura en el corazón de los tovareños de buena voluntad que nunca lo olvidarán. Lamentablemente la mayoría de las intervenciones del padre Juan Eduardo fueron improvisadas, nadie las grabó y desparecieron aunque su voz retumba todavía en quienes las escucharon.

 

Néstor Abad Sánchez

La Abadía, mayo 27, 2024

nestorabadsanchez@gmail.com





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