Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:15 pm
Con motivo de los actos jubilares por el vigésimo quinto aniversario de episcopado de Monseñor José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y primer vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA) le ha otorgado un Doctorado Honoris causa en Educación para el Desarrollo Humano Integral, igual merito reconoció la Pontificia Universidad Católica Santa Rosa (UCESAR). Vale resaltar la obra del “Obispo Pedagogo”, con el testimonio de su entrega y servicio al servicio de la formación universitaria del país.
En el marco de esta importante celebración, la UNICA ha invitado a nuestro Archivo Arquidiocesano de Mérida (AAM), en mi calidad de Director, para presentar la conferencia “La huella episcopal de la Mérida de Maracaibo”. En compañía de nuestro Arzobispo Metropolitano y director de la Fundación (AAM) Monseñor Helizandro Terán.
Abunda el material, la documentación y la investigación sobre esta fecunda etapa de nuestra historia como Iglesia del occidente venezolano. El periodo de reflexión comprende desde la creación de la Diócesis de la Mérida de Maracaibo (1778) hasta la creación de la Diócesis de Maracaibo (1897). Un total de 119 años en los que diez obispos marcan “la huella Episcopal de la Diócesis de Mérida de Maracaibo”.
El Anuncio del Evangelio resonó de las orillas del lago hasta las cumbres andinas, con sus luces y sombras, pero alentados por un Dios Vivo y encarnado en la vida de nuestros pueblos. Desde nuestra génesis como Iglesia andina y zuliana, un nombre nos ha unido para siempre “Mérida de Maracaibo”. Juntos hemos compartido los avatares de la historia política, educativa, cultural, social y religiosa de una región puntera en desafíos, como la fundación de la República, la génesis de la Iglesia venezolana y la evangelización de la cultura.
Fue para 1765, cuando Don Alonso del Río Gobernador de Maracaibo, se dirige al Consejo de Indias manifestando el estado en el que se encuentran las almas de los naturales de esta lejana Provincia, “huérfanos y privados de los beneficios espirituales de la presencia física episcopal”. Pese a la propuesta de la Sede Bogotana de un obispo auxiliar, la decisión fue la creación de la diócesis de “Mérida de Maracaibo”, el 16 de febrero de 1778, por la Bula Magnitudo Divinae Bonitatis del Papa Pío VI.
La elección de Mérida como capital del nuevo obispado no fue tan simple. Tenía ciertamente la ventaja de encontrarse a medio camino entre Santa Fe y Caracas. Sin embargo, Maracaibo era la capital civil de la gobernación, con una importancia económica indudable por ser puerto y con intereses financieros. Mérida, por el contrario, era de difícil acceso y con menos importancia en lo económico. No obstante, todas estas consideraciones, el rey se decantó por Mérida, desde el centro se puede llegar a todas las comunidades que la conforman.
Fray Juan Ramos de Lora arribaba a Maracaibo el 16 de marzo de 1784, Sevillano de origen, franciscano de corazón. El puerto lacustre de diez mil habitantes, recibía a su primer Obispo. En el A.A.M reposan varios documentos en la sección 25 Diezmos, de Bulas Papales, donde recibió la certificación de “…la creación de nuevo obispado de Maracaibo”. Fue un pastor y maestro civilizador y un padre providente por los pobres y necesitados. Se preocupó por el mal estado del hospital marabino y la ruina en que se presentaban Gibraltar y Perijá, pidió al Rey un buen funcionamiento para el Hospital Santa Ana de la ciudad, escribe: “por los cortos fondos no era posible mantener capellán, médico, botica, sirvientes y demás necesario para la curación de muchos enfermos que, destituidos de socorros temporal, estaban expuestos a las mayores miserias” Después de casi un año en Maracaibo se traslada a Mérida, donde funda el Colegio Seminario, cuna de la Universidad de los Andes.
Otros obispos siguieron la huella del Buen Pastor, por solo nombrar algunos, como Hernández Milanés, con su espíritu de progreso incorporó tres jóvenes indígenas de la Guajira, llevados por su iniciativa al Colegio-Seminario de Mérida, los bautizó dándole a uno el nombre de Santiago Milanés, estudiante de filosofía, Elías Murillo y Gabriel Martínez. Estudiaban latinidad, su misión era instruirlos moralizarlos, ordenarlos y enviarlos a sus respectivas tribus en calidad de misioneros.
El Quinto Obispo, Rafael Lasso de la Vega de realista a consumado patriota, visitó en varias ocasiones a Maracaibo. Llegó a trasladar la Sede Episcopal a Maracaibo en 1815, dadas las terribles consecuencias del terremoto de 1812 que arrasó la sede emeritense. Además de impulsar la creación de tres nuevas parroquias eclesiásticas en Maracaibo: La Cañada, Cabimas y Valera.
El Obispo Juan Hilario Bosset del Castillo, fue el octavo Obispo de la Diócesis de la Mérida de Maracaibo, un personaje representativo en la historia de Venezuela en ese período agitado, que comprende la etapa republicana 1841-1873, con un largo pontificado que duró 32 años. Por temas de salud se estableció en Maracaibo desde donde escribió su inmortal carta sobre el “matrimonio católico”, como respuesta al recién establecido matrimonio civil de Guzmán Blanco, lo que le costó su destierro y muerte.
Monseñor Román Lovera tuvo la proeza de traer a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en 1890 para Maracaibo, Estas Hermanas tuvieron la misión de cuidar leprosos, estableciendo en la Isla de Providencia (Zulia) el primer leprocomio de Venezuela
Por último, el décimo obispo y primer Arzobispo de Mérida, Monseñor Antonio Ramón Silva, destaca su relación con la familia zuliana D’Empaire, con una nutrida y variada correspondencia en la que se da cuenta de la vida comercial, cultural y familiar de su tiempo. Así como su visionaria mirada de asentar las bases para la creación de la Diócesis de Maracaibo 1897.
De Maracaibo también recibimos los merideños la fecunda Administración Apostólica, por enfermedad de Monseñor Pulido Méndez, en 1968. Un año y siete meses duró su pastoreo en Mérida hasta la toma de posesión de Monseñor Ángel Pérez Cisneros. Se le recuerda por su cercanía como misionero incansable del Evangelio y de la cultura de la vida.
El camino recorrido nos ha enseñado que podemos compartir juntos experiencias eclesiales, agentes evangelizadores y bienes recibidos, es el actual llamado del Papa Francisco cuando nos dice: “El camino que Dios está indicando a la Iglesia es precisamente el de vivir de manera más intensa y concreta la comunión, y caminar juntos. Les invito a superar los modos de obrar autónomos o como las vías paralelas del tren, que nunca se encuentran. Compartir la misión acerca a los pastores y a los laicos, les da un propósito común, manifiesta la complementariedad de los diversos carismas y, por eso, suscita en todos el deseo de caminar juntos”.
Mérida, 02 de junio de 2024